La vida de una pequeña naranja

Había una vez una naranja a la que todos veían de color naranja, exceptuando a los daltónicos que la veían de otro color, que había nacido de una flor. Ella había crecido entre otras naranjas, sus hermanas naranjas.

Meses después ,cuando maduró ella y sus hermanas , fueron llevadas lejos de su hogar, y más tarde, fueron encerradas dentro de una caja. Entre ellas se daban ánimos, aunque, en realidad todas estaban preocupadas por lo que pasaría con ellas.

Después ,tras un largo tiempo de espera, unos hombres abrieron la caja en la que se encontraban, las sacaron de allí, y empezaron a colocarlas en otra especie de caja, aunque esta vez no era una caja cerrada.

Allí,  expuestas ante todas la personas ,se sentían intimidadas. Nuestra pequeña naranja veía con horror como se llevaban a algunas de sus hermanas, lo que no sabía es que ya nunca las volvería a ver. Por cada minuto que pasaba, nuestra naranja se preguntaba: ¿a dónde la llevarían? ¿La separarían de todas sus hermanas?¿ Qué sucedería con ella?… Eran preguntas en las que no podía evitar pensar. Y en una de estas reflexiones, una mujer la escogió a ella y algunas de sus hermanas. ¿Y ahora qué?

Tras ser colocada en una bolsa junto a sus hermanas y otras frutas, verduras y hortalizas, decidió que ponerse nerviosa no la ayudaría, que lo mejor que podía hacer era tranquilizarse. Una vez consiguió relajarse se dio cuenta que ella no era la única asustada. Sus otras compañeras de bolsa, al igual que ella, estaban inquietas.

Más tarde fueron llevadas a una casa donde fueron situadas en una mesa del comedor. Nuestra pequeña naranja pensó que no había por qué preocuparse, eso creyó ella , hasta que vió con gran asombro como se comían a una de sus hermanas. Temerosa decidió trazar un plan para salvarse, rodó y rodó por toda la mesa con la pequeña esperanza de que no la hubieran visto, pero se equivocó.

La mujer que presenció como el viento hizo rodar a la naranja (o eso creía ella que había sucedido) fue a recogerla del suelo y como tenía hambre decidió comerse aquella naranja, y tal como hizo con la otra naranja, cogió un cuchillo y cuando estaba dispuesta a partirla por la mitad se fijó en que aún esa naranja no estaba del todo madura, por lo que no se la comió.

La naranja se sintió aliviada, aunque sabía que tarde o temprano, cuando madurase, iba a ser comida, y en ese momento se sintió desgraciada. En el recipiente de las frutas, la naranja que aún no había madurado se quejaba de que iba a ser comida cualquier día, y en una de estas lamentaciones una manzana que estaba al lado suyo la escuchó lamentarse, por lo que le preguntó :

-¿Por qué te lamentas?

-Porque tarde o temprano tendré que madurar, y cuando eso ocurra, me comerán.

-¿Y qué tiene eso de malo?

-¿ Qué tiene de bueno?

– Que o te comen y disfrutan de tu sabor o te vas pudriendo y te tiran a la basura y de nada habrás servido.

Con esta respuesta la naranja se acabó dando cuenta de que era ridículo sufrir por saber que iba a ser comida, que eso no era algo malo, sino que al contrario, era algo bueno.

Unos días más tarde, cuando la naranja había madurado, la mujer fue hasta el comedor, se fijó en la naranja y decidió comersela. Mientras la mujer se comía la naranja, esta, aún sabiendo que era su fin, estaba feliz, y su último pensamiento fue un gran agradecimiento a la manzana que le ayudó a darse cuenta que es inútil ahogarse en un vaso de agua y que hay que ver el lado positivo de las cosas que suceden.

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