Daily Archives: 19 marzo, 2013

Capítulo 3: Inexplicable.

Como ya he dicho me llamo Melody, y yo era una chica como otra cualquiera. Iba al instituto, sacaba buenas notas, iba a los típicos bailes absurdos de fin de curso, e incluso era animadora. Pero un día todo dio un giro inesperado. Al volver a casa del instituto, mis padres estaban muy raros, estaban serios y callados. Me dijeron que me sentara y yo obediente lo hice. Mamá habló primero, dijo:

– Melody, cariño, van a venir unos hombres ahora, te van a pinchar, pero no tengas miedo. – mamá estaba llorando, ella nunca llora. Esas palabras me atemorizaron, solo pinchaban a la gente para ver si tenían la peste.

– ¿Para qué? – ya sabía la respuesta, pero no podía evitar preguntarlo.

– Esta mañana ha venido Brigitte, la vecina, como todas las mañanas a ayudarme con la casa y… y… – empezó a llorar más alto, me temía lo peor.

– Y ha descubierto que estamos infectados. Ha llamado a los médicos del «Congreso» y llegarán de un momento a otro. – esta vez habló papá, mantenía la compostura como siempre lo había hecho. Siempre decía: no le temas a nada, las cosas pasan por algo bueno. Pero nada de esto era bueno.

– No, no, no. No puede ser. No. No es verdad. – me levanté y salí corriendo a mi habitación. Esto no podía pasarme. No a mí.

Escuché ruidos abajo. Supuse que ya habían llegado los médicos y que estarían haciéndoles las pruebas a mis padres. No podía dejarles solos, no en esto. Bajé un poco cohibida y me encontré frente a frente con tres médicos vestidos todo de blanco, con mascarillas y con los instrumentos necesarios para hacer las pruebas de la peste.

– Hola, ven aquí pequeña. – me dijo un médico bajito con ojos azules extendiendo el brazo derecho en mi dirección. Fui hacia él. Mi familia sin duda estaba infectada, por lo que yo también lo estaría. Me sacaron sangre. Esperé… Esperé… Y esperé… Temiéndome lo peor cerré los ojos e inspiré profundamente. Oí el pitido de la máquina al tener los resultados. Abrí los ojos y sorprendente e inexplicablemente yo no estaba infectada. A partir de ese momento las imágenes se me mezclan. Se llevaron a mis padres para matarlos seguramente. Me sacaron de allí y me dejaron en medio de la nada. Marcaron mi puerta blanca con una cruz pintada en negro. Y yo lo único que pude hacer fue tirarme en el suelo y llorar hasta quedarme dormida.

Capítulo 2: La rebelión.

Vayamos al comienzo de la rebelión, un hombre infectado de peste amenazó al «Congreso» con ir a donde ellos y expandir la plaga, matarlos, destruir hasta el último pelo de sus cuerpos. Claramente el «Congreso» tomó medidas, pero la peste ya se había expandido. La gente comenzó a rebelarse, decían que la culpa era del «Congreso» porque eso era lo que oían de la familia del hombre que lo comenzó todo. El «Congreso» es un grupo de hombres y pocas mujeres que ejercen el poder de toda la humanidad de una forma tiránica. Su nombre es muy poco original, un congreso que se hace llamar el «Congreso», ¿chistoso, no? Podrían haber puesto cualquier nombre pero ¿para qué pensar cuando ya tienes el nombre ahí mismo? No sé, se podrían haber llamado los tiránicos, o los malvados o incluso los injustos, pero para esas cabezas de chorlito pensar era un gran esfuerzo.

Diálogo de «Tres son multitud».

– Cariño, lo siento, yo no quería…
+ ¿Pero tú que te crees? Yo no soy el segundo plato de nadie, ¡YO SOY EL PLATO!, a mí no me puedes cambiar así como así. ¿Te crees que alguien te querrá como yo? Estoy muy dolida. Nunca te perdonaré. Has arruinado mi vida. Has destruido mi felicidad. Yo te quería…
– Lo siento mi amor, te quiero, me arrepiento mucho de lo que he hecho, perdoname, por favor, tú eres mi amor y mi vida y no sé lo que haría sin ti, eres todo lo que me mantiene completo y lo que me hace sentirme realmente lleno. Te amo.
+ Yo a ti también.

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