Daily Archives: 23 marzo, 2013

La foto de un desaparecido.

La neblina se apoderaba de las calles, apenas se divisaba lo que había a más de una manzana, las noches en Nickzon eran duras y terribles.
El frío congelaba sus pies desnudos, el viento se colaba entre los agujeros de su ropa rasgadas por el tiempo, un joven niño luchaba por sobrevivir en aquella terrible ciudad. Por suerte para él, vio venir a lo lejos, a un hombre adulto, esbelto y trajeado, que portaba un bastón en su mano derecha, colocándose el sombrero con la otra, no apartaba la mirada de enfrente, caminaba con seguridad, era como si no temiese a nadie. Mas esto no preocupó al joven Ethan, estaba muerto de hambre, no se iba a andar a estas alturas con lamentaciones, tenía que actuar, y pronto, el hombre se acercaba. Ethan aprovechó la neblina y ocultándose en ella caminó sigiloso por detrás de aquel hombre, alzó su brazo rápidamente, metió y sacó la mano del enorme abrigo de aquel chico. Ethan llevaba mucho tiempo viviendo sólo, había aprendido a robar, a ser astuto, ágil y veloz, si le pillaban, estaba condenado, y él lo sabía, pero tenía que arriesgarse, de lo contrario, no sobreviviría. Cuando el hombre estuvo lo suficientemente lejos, Ethan abrió su mano para ver lo que había robado, una piedra, negra como el carbón, pero reluciente, como si la lavara todos los días, a pesar de su pequeño tamaño, la piedra pesaba y mucho. Ethan enfurecido la apretó con todas sus fuerzas, pero antes de que esta se rompiera, alguien alargo su brazo por detrás del joven, y golpeó suavemente el hombro del chico, Ethan no se lo creía, ¿le habían descubierto? La rabia que sentía el joven, se convirtió enseguida en temor, su morena y mugrienta piel, se volvió pálida, sus pupilas se contrajeron, el temblaba, no se atrevía a girarse.

Perdona ¿me devuelves la piedra chico? -dijo aquel hombre-

Ethan se giró suavemente, y con la cabeza baja, alzó su brazo palmeando su mano, dejando ver la piedra.

No me haga daño señor -decía Ethan tembloroso-
No te preocupes -dijo el hombre cogiendo la piedra y metiéndosela nuevamente en el bolsillo de su enorme abrigo- ¿Sabes? Yo también era como tu, un joven ladronzuelo -dijo poniéndose de rodillas- Parece que tienes mucha hambre, acompáñame a cenar, ¿quieres?

Ethan no dijo ni una sola palabra, sin apartar la mirada del suelo, asintió con la cabeza.

Genial.

El hombre se levantó y sin decir una palabra más, se echó a caminar, Ethan le seguía por detrás. Ambos, desaparecieron entre la niebla.
Una vez llegaron al restaurante, aquel hombre abrió la puerta dejó pasar al muchacho, y se quitó el abrigo, colgó su sombrero en un perchero, y apoyó su bastón contra la pared. Hechó a camiar hacia la mesa más alejada de la puerta, con paso firme y sereno no apartaba la vista de enfrente, intuía que ese hombre no era la primera vez que estaba en ese lugar, como si cenara allí todos los días. Ambos se sentaron y cuando aquel hombre se dispuso a hablar, le interrumpieron.
Un señor de apariencia tranquila, pálido como si nunca hubiera dejado de trabajar, de pelo negro tan oscuro como el mismísimo tártano, dijo con voz ronca.

¿Que desea tomar señor Darren? -dijo el camarero-
Pues lo de siempre Samuel -dijo Darren devolviendo la carta al camarero-
¿Y el joven? -comentó Samuel mirando hacía él-
Sin levantar la mirada Ethan señalo a un plato de la carta y la arrastró por la mesa hacia el camarero, este se colocó las gafas y leyó.
Ternera de pollo asado, perfecto. Y para tomar ¿también lo de siempre? -dijo el camarero mirando a Darren-
-Este asintió- Y para el chico, póngale una jarra de agua, seguro que esta sediento.
A ello voy señor. -pero antes de marcharse, Samuel miro fijamente a Ethan, y gritó- ¡Eres tu bribón!
¿Qué pasa? -preguntó alarmado Darren-
Este chico estuvo aquí hace dos días, y nos robó unas piezas de fruta que teníamos en la despensa -gimoteó Samuel-
Ethan se echó para atrás, pegándose a la pared, con gran temor a que el camarero le pegara.
Jajajajajaja -rompió a reír Darren- ¿Unas piezas de frutas?, ¿nada más? -dijo sonriente- Yo le pagaré esas piezas, y una cesta más que le voy a encargar ahora.
No señor, no se moleste -dijo más calmado Samuel-
No es molestia, y por favor, que la cesta, sea variada.
Vale señor, muchas gracias -dijo Samuel reverenciándose.
No me las de, y ahora, dese prisa, tenemos mucha hambre.

El camarero se fue, y cuando quedaron solos Darren y Ethan, este dijo tembloroso.

Muchas gracias…
De nada muchacho, pero, ¿que te parece si charlamos un poco en lo que llega la comida?

Hubo un silencio entre los dos, Darren, volvió a hablar.

Yo me llamo Darren, tengo veintisiete años, y soy procedente de Londres, ahora, cuéntame un poco sobre tu vida.
Me llamo Ethan, tengo catorce años y nací y me crié, aquí, en Nickzon -contestó el joven con más soltura-
Bien, es un comienzo -dijo Darren apoyándose en el respaldo- Y dime chico, ¿porque andas solo por esta gran ciudad?, ¿que ha sido de tus padres? -pregunto seriamente-
Vivo solo, la calle es mi hogar y los lugareños son lo más parecido a una familia… -dijo el joven Ethan con voz suave y melancólica-
Pues eso va a cambiar Ethan -dijo Darren apoyando sus codos contra la dura mesa de caoba-
Ya está la comida -interrumpió Sámuel- La ternera de pollo asado para el joven ladronzuelo, y su jarra de agua -continuó mientras servía el plato- Y para usted, señor Darren, su guiso caliente y la mejor cerveza de la ciudad -finalizó alegremente- Si necesitan algo más, llámenme -dijo servicial mientras se iba-
Darren retomó la conversación.

Como iba diciendo muchacho, ¿que te parece si te quedas a vivir unos días conmigo?

Ethan bajó nuevamente la cabeza

No vivo solo, conmigo vive Sofia, mi asistenta, es una vieja ama de llaves, entrada en años, pero es fiel y servicial, tiene dos hijos creo -dijo Darren frunciendo el entrecejo-
No se señor… -susurró Ethan-
No me llames señor, no me trates de usted, somo amigos, no tienes de que preocuparte -dijo sonriendo- Y mejor que vivir solo en las calles.
Tiene razón… ¡Digo! Tienes razón -corrigió rápidamente Ethan-
Jajajajaja -echó a reír Darren- Rápido, acábate la comida que tenemos un largo camino hasta casa -dijo con voz tierna-

Y así hizo, pero no solo por la prisa, sino porque Ethan, llevaba ya muchos días sin probar bocado, y hasta la mas mínima miguita de pan, podía ser para el un suculento manjar.

Tranquilo Ethan, te dije rápido, pero no quiero que te ahogues -dijo Darren alegre- Bueno, veo que ya has terminado, ¿vas a querer postre?

Ethan, que aun tenía comida en la boca asintió repetidas veces.

Vale -dijo Darren- Pero nos lo llevaremos a casa -comentó girándose- ¡Samuel! -gritó-
Voy señor, ¿que desea?
Por favor, tráiganos el mejor postre de la casa, si puede ser para llevar -dijo Darren-
Por supuesto señor.
¡Ah! Y no se olvide de la pieza de frutas -añadió-
Claro que no -dijo el camarero marchándose-
Levanta chico -dijo Darren-

Ethan y Darren se levantaron, caminaron hacia la puerta y una vez allí, Samuel le dio el postre, metido en una bolsa de tela, y la cesta de frutas. Mientras Darren se ponía su abrigo, se colocaba el sombrero, y cogía el basto, el chico no dejaba de mirar con estupor a la bolsa de tela.

Gracias, hasta otro día -dijo Darren-
¿Hasta otro día? -añadió preocupado el camarero-
Si -Darren se acercó a su oído- Estaré muy ocupado durante unos meses -le susurró-
Entiendo… Pues hasta otro día señor -Samuel bajó la cabeza y dijo- Y tu ladronzuelo, espero que no vuelvas a las andadas.
No señor, perdone señor -dijo Ethan avergonzado-
No pasa nada muchacho.

Ambos, Ethan y Darren, salieron del restaurante y se perdieron junto a la neblina.

Que tipo más extraño es el señor Darren -le dijo Samuel a su jefe-
Si, pero cuidará bien del chico -añadió este-

La niebla no cesaba y las gotas de agua caían raudas desde el cielo, los truenos sonaban con fuerza, la noche, iba a ser muy dura.

¡Corre muchacho!, ¡corre! -gritaba Darren sin parar-
Voy todo lo más rápido que puedo señor -dijo agotado Ethan-
Es aquí, rápido, llama a la puerta -le ordenó Darren el muchacho-

Toc-toc-toc, toc-toc-toc

¡Vooooy! -gritaba una voz dulce y cálida desde dentro de la casa-
Rápido chico, entra.

Ethan entró en la casa, y la miró con asombro y determinación. Mientras Darren colgaba su sombrero y su abrigo, Sofia, su asistenta, miraba con asombro al joven Ethan.

¿Pasa algo Sofia? -preguntó Darren quitándose la camisa-
Este chico… -dijo temblorosa sin apartar la mirada del muchacho-
¿Qué le pasa Sofia? -dijo Darren acercándose al chico-
Usted no sabe quien es ¿verdad?
No me alarme -comentó Darren asustado-

En ese momento, Ethan intentó huir, mas en su vano intento, chocó contra el perchero que calló encima suya.
Tras dos horas recobró el sentido, abrió poco a poco los ojos y vio a Darren mirándole.

Sofia me lo ha contado todo -dijo-

Ethan se sentó rápidamente y se pegó a la pared.

¿Porqué no me lo habías contado? -preguntó Darren extrañado-
Por que no quiero que me entreguen, no quiero morir -dijo Ethan-
¿Cuándo te enteraste de que eras su hijo?
Hace unos días escuché por la ventana de una casa que Ethan Treid, era hijo del rey de Londres, que estaba en busca y captura. Yo no me lo creía, pero, a la mañana siguiente, al rededor de las seis, vi un innumerable números de carteles con mi foto y con la orden: capturar a Ethan Treid, sus majestades les ofrecen una gran recompensa. Yo, rápido fui quitando todos los carteles de la ciudad, para, no ser descubierto… -contó Ethan-
No te preocupes, no dejaré que te encuentren -finalizó Darren-

Siempre pensé que no había nadie bueno en este mundo, aprendí a desconfiar hasta de mi propia sombra, nadie era de fiar, por eso me volví arisco, astuto e inteligente, aprendí a sobrevivir en las calles, mas todo esto había terminado, una buena noche conocía a Darren, este me salvó, me ayudó, fue como un padre, el me enseñó a no juzgar un libro por su portada, gracias a el, conseguí hacerme un hueco en la sociedad, y no solo por ser hijo del rey de Londres, sino por ser el héroe que salvó a la gran Inglaterra.
Me llamo Ethan Treid, príncipe de Londres, y esta, es mi historia.

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