La media naranja.

El aire olía a azahar, y todo  estaba impregnado por ese delicioso aroma que anuncia la llegada de las naranjas. María caminaba despacio por el paseo, dejándose envolver por la brisa perfumada mientras llegaban a su memoria los días de cosecha, y aquellos ceretos cargados de fruta. De pronto, un recuerdo, ya casi centenario, puso brillo en su mirada y la retrajo en el tiempo. Volvió a sentir aquella vertiginosa sensación de pertenencia. Cuando Víctor se desvió del camino, fue hacia ella, descargó la enorme cesta de mimbre y sacó de su bolsillo una preciosa naranja.

La partió por la mitad y se la ofreció:

-Tome, señorita. Es la más dulce del huerto.

Ella la recogió. Y ya no se separaron jamás.

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