Descubriendo mi vida dentro de La Historia

Una mañana se me ocurrió la idea de bajar al desván de mi casa, al que nunca íbamos ya que no había muchas cosas interesantes.   

Cuando llegué allí, después de bajar y bajar escalones, vi todo tipo de objetos. Estaba hasta el osito de peluche de mi hermana, al cual yo no le tenía mucho aprecio porque le faltaba un ojo.

En una esquina del desván había un baúl muy grande con muchos detalles. Al abrirlo, el polvo que tenía, me hizo estornudar durante mucho rato. Allí dentro había muchos recuerdos de mi familia: el joyero, las gafas, el reloj de mi abuela, etcétera. Pero no había nada de mi abuelo, del que yo no sabía ni como se llamaba. Empecé a rebuscar con la esperanza de encontrar algo sobre él.

Al fondo del baúl había una cámara de fotografía muy antigua, de esas que la fotografía salía al instante. Y debajo de la cámara, estaban las fotos, en las que no salía nadie de mi familia. En una de ellas aparecían unos hombres vestidos con unos uniformes a rayas, y en el lado izquierdo de su vestimenta, todos tenían un número. Sucios y con la ropa destrozada, comían sentados en un banco. La comida era muy escasa, un trozo de pan y un pequeño vaso de agua. Miraban a la cámara con una mirada muy triste. Al lado de ellos había un hombre, que supuse que era un militar por su uniforme y también porque iba armado. Me podía imaginar que se trataba esa foto, pero no entendía que hacía dentro de un baúl donde estaban los recuerdos de mi familia. Así, que decidí coger la foto y preguntar a mi madre.

Al día siguiente, en el desayuno, le enseñé la imagen a mi  madre y me dijo que no sabía que hacia eso en el baúl. Y después de decirme eso me echó la bronca por haber bajado al desván sin su permiso. Yo no creía que esa foto estuviera allí por mera casualidad, así que decidí recurrir a mi último recurso, mi abuela.

Fui a su casa sin pensármelo dos veces. Lo primero que hice al llegar fue enseñarle la foto. Nada más que ver la expresión de su cara, supe que lo que me había dicho mi madre no era la verdad. Mi abuela me dijo:              

-Andrew, siempre he estado evitando contarte esta historia. No me resulta agradable. Esta foto está hecha en un campo de concentración nazi y está hecha por mí. Yo trabajaba para los militares alemanes, quienes me encargaron hace fotografías a los prisioneros para mandarlas a otros países y tapar la realidad que allí se vivía. ¿Ves ese hombre de ahí? –señalando al militar de la fotografía-. Concretamente él fue quien me encargo ese trabajo. Él es tu abuelo, Josef Menguele, un militar nazi al que terminaron matando al final de la Segunda Guerra Mundial. Esta foto es parte de la historia de la familia, desafortunadamente o no, tiene que estar en ese baúl.

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