Un lunes cualquiera

Me levanté de la cama con desgana. Era lunes. Que horror…

Como de costumbre, nana estaba esperando de pie. Ya tenía mi ropa entre sus brazitos largos metálicos. La cogí, la puse en la cápsula y entré. Cuando salí, ella ya había hecho la cama, y me había dejado el desayuno. La miré, a sus brillantes ojos de cobre, y me dijo: » Prepárate, o llegarás tarde.»

Salí corriendo de casa, con cuidado de no pisar el césped que mi madre había encargado en «O´s.» La guagua estaba al final de la calle, justamente en la parada. Me dirigí hacia ella, y me senté con Lucy. Estaba mirando por la ventana, algo bastante raro en ella.

-Inca, veo que tu madre a pasado al césped ologramico. Lo último que os hace falta es cambiar a VR3.

-No la llames así, y no pienso cambiar a nana por un estúpido olograma.

-Ya, pero… tarde o temprano todo se estropea, y más si está hecho de acero oxidable.

No le contesté. No quería seguir discutiendo, y menos sobre este tema con mi mejor amiga. En ese momento, la guagua arrancó de un tirón. El ruido del motor iba aumentando, y las elices empezaron a moverse. Cuando nos dimos cuenta, ya no estábamos en el suelo. Desde allí todo se veía tan pequeño e insignificante… Ojalá todo fuera tan simple…

-¡Mira! ¡Allí!

-¿Que pasa Lucy? ¿Ocurre algo?

-¡Han vuelto!

Y era cierto. Habían regresado. Siempre iban en grupos grandes, así que era muy difisil no verlos. Los mamuts habían regresado, y eso significaba, que pronto llegaría el invierno…

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