No eres quien te crees que eres.

Era un día de verano cualquiera. Pero para mí no era cualquier día. Ese día iba a ir al campamento Brooks. Había estado preparándome para el campamento toda mi vida, bueno puede que exagere un poco. Pero mi ilusión ha ido aumentando desde la semana pasada. Cuando Lili, la prima de mi mejor amigo Tom, me contó que en la cabaña nº 23 había un espejo en el que se reflejaba el diablo. Desde ese momento no he parado de pensar en ello y lo emocionante que sería visitarla. A Tom no le gustaban esas historias, según él una vez vio al espíritu de su abuela.

En fín; Lili; Tom; Raúl, un amigo; Camila, la hermana de Tom; y yo fuimos juntos al campamento. Mientras el sol estaba en lo alto del cielo, nos dirigimos en coche al campamento. Allí mis padres, que se ofrecieron a llevarnos a todos, nos ayudaron a llevar las maletas a la cabaña. Desgraciadamente no es la 23, sino la 15. Tom dio un suspiro de alivio y se puso a discutir con Lili y Camila de que es cierto que una vez vio a la abuela.

Nos despedimos de mis padres y nos dispusimos a ir a averiguar la cabaña nº 23. Por el camino vimos que llegaban muchos niños. Cuando llegamos donde se suponía que debería estar la cabaña 23, la última era la 22. No había ni rastro de la cabaña. Me sentí tan decepcionado, no podía creer que todo era mentira. Pero de pronto apareció una monitora, Gloria se llamaba según su placa. Nos dijo que en 5 minutos fuéramos a la casa principal para almorzar y conocernos todos. Le preguntamos sobre la cabaña nº 23 y esta nos dijo que no nos acercaremos a ella. Esto nos dio esperanzas de que existía.

Después de comer y decirnos de que teníamos el día libre y que mañana empezarían las actividades, decidimos explorar el bosque en busca de la cabaña. Al cabo de una hora llegamos a un sendero que conducía a un río. Fue difícil pero lo cruzamos y por el camino nos encontramos un cartel de prohibido el paso. Tom se asustó, pero entre todos lo consolamos.

Al final llegamos a una pequeña casa, la rodeamos y efectivamente,era la cabaña nº 23. Ya era oscuro, por lo que entramos. Como no había luz encendimos nuestras linternas, Raúl se había olvidado de su linterna, por lo que compartimos la mía. Tardé unos segundo en acostumbrarme en la luz cuando vi una gran sábana blanca. Entre todos la quitamos y nos encontramos como un espejo, pero ni rastro del diablo.

Empezó a llover fuera y Camila propuso quedarnos a dormir en la cabaña. Yo acepté encantado, pero Tom no paraba de temblar.

Nos comimos una barritas de chocolate y nos dormimos rápidamente por el cansancio de la caminata.

De repente cayó un rayo que iluminó la habitación. Miré el reloj, eran las 00:37 a.m. Encendí la linterna y en ese momento me arrepentí de haber venido al campamento. Mis amigos estaban muertos. Empecé a llorar y gritar, pero sentí mis manos húmedas. Las tenía llenas de sangre. Me levanté y de repente me vi reflejado en el espejo.

Yo era el diablo.

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