Mis dos yo.

Mi nueva vida estaba por comenzar. Independientemente de que había dejado atrás familia, amigos, lugares, recuerdos, en resumen, parte de mi vida, el camino que había elegido seguir era el correcto. Estaba acercándome paso a paso a lo que tanto anhelaba ser, a mi sueño. A veces debemos sacrificar cosas para conseguir nuestras metas. Si triunfar fuera algo fácil, el mundo sería muy aburrido. Había conseguido una beca en una universidad rusa de astrofísica que más descubrimientos e investigaciones llevaban a cabo. Mi ruso no era especialmente bueno, pero mis seis meses de práctica me ayudarían al menos a poder comunicarme con la dependienta de un supermercado o con mi casero, ya que las clases se impartían en inglés. Había dejado en manos de mi hermano la búsqueda de un apartamento cercano a mi lugar de estudio, cómodo, y con una potente calefacción. Todavía no me explico que teníamos en la cabeza, yo por encomendarle algo al desastre de James, y él por no atender a ninguno de los requisitos que le pedí, ni si quiera a la palabra “apartamento”. Cuando me bajé del avión y traspasé las puertas del aeropuerto Novokuznetsk Spichenkovo, busqué entre los hombres trajeados que sostenían carteles con el nombre de sus clientes, el mío, sin resultados. De repente, mi atención se desvió hacia una especie de robusto leñador, exactamente como los de cualquier película, alto, barbudo, de fuerte complexión y como no, con una camisa a cuadros. Bajé la mirada y continué la búsqueda de mi nombre. Poco a poco todos los viajeros partían con sus respectivos representantes de su universidad o empresa, con sus familias, amigos, etc. Me senté al lado de leñador gigante y antes de que me diera tiempo a dar rienda suelta a mis lágrimas, aquel hombre pronunció con su grave voz las siguientes palabras: -Tu serrrrrrrr … (ojeó el papel que llevaba en la mano) …. Frrrrranchessca Waltonnnn ? – Siiiiiii soy yo ! , contesté. -Vamoss a camioneta parrra llegarrr a pueblo. (¿¿¿¡¡¡PUEBLO!!!???). Me levanté y mientras nos acercábamos al coche empecé a dudar de las competencias básicas de mi hermano. Tras un largo viaje escuchando como poco a poco el viejo motor del automóvil se rompía, llegué a mi nueva casa, si se podía llamar así. Era una chirriante, maloliente y sombría casa de madera. Cuando me di la vuelta para preguntar si de verdad éste era nuestro destino, el viejo y su coche habían desparecido sin dejar huella. En ese mismo instante decidí que si salía de aquella dejaría mas de una magulladura a mi hermano. Después de que cada uno de los muelles de la cama se clavasen en mi cuello y espalda como si de una batalla se tratase, me levanté, acabé con el último sandwich que me había preparado antes de salir, y salí a descubrir qué vida me esperaba a partir de entonces. Al girar la primera esquina encontré la tienda mas siniestra que había visto en mi vida, y en vez de seguir como cualquier persona normal, me apresuré a entrar empujada por mi causante de problemas e infantil curiosidad. Una mujer vieja, encorvada y vestida como si viviese en un siglo atrás, me saludó con una sonrisa escalofriante diciendo:  FFIENFENIDA !! Como era usual en mi vida, cuando me volví a preguntarle qué era exactamente aquel establecimiento, ya no estaba. Había todo tipo de libros antiguos, cuadros, y hasta candelabros, todo cubierto por una capa de polvo. Una caja salió disparada de una de las estanterías y calló en la mesa situada enfrente de mi. Después de apaciguar los latidos de mi corazón tras aquel susto, abrí la caja, y para mi sorpresa lo único que encontré fue un espejo. Me dispuse a mirarme en él, pero antes de que me diera tiempo la vieja apareció de la nada explicándome qué era aquel objeto en una especie de canción rusa. Si la entendí bien decía: “El alma que se refleja en este mágico cristal, a este poseerá pero solo hasta que su cuerpo abandone. En dos partes se dividirá, el bien, y el mal”. Como si estuviera desesperada por que me marchase, la mujer me metió este objeto entre los brazos, y me empujó hasta la puerta. Cuando ya estaba en la calle me giré y hasta había colocado el cartel que ponía: ЗАКРЫТО (CERRADO). No tenía ganas de más sobresaltos ese día así que me fui directamente a casa. Nunca había creído en ningún tipo de magia, supersticiones, fantasmas ni nada de ese mundo, pero aquella vieja había infundido en mi respeto hacia este objeto. Indecisa lo sostuve entre mis brazos y observé mi reflejo detenidamente. A punto estaba de reírme de lo tonta que había sido al creerme aquella historia, cuando de repente, este se dividió en dos, como si tuviera a mi lado una gemela idéntica a mi. La Franchesca de la derecha comenzó a ponerse rubia, con ojos claros, labios débilmente rosados y sonriente, y la de la izquierda se mantuvo seria, con la piel más oscura y ojos pintados de negro ceniza como su pelo. La última empezó a hablar: -Soy el mal que hay en ti, si sigues mis consejos conseguirás tus deseos mas oscuros, tu vida se resumirá a la famosa frase: el fin justifica los me… -Hola cariño, soy el bien que hay en ti, interrumpió la Franchesca adorable. -Cada vez que te mires aquí te aseguro que tendrás un apoyo y una amiga para superar tus problemas sin hacer el ma… -CÁLLATE ! Tu siempre con tus tonterías, que si la honradez por aquí, que si la verdad por allá…, dijo furiosa el mal. Rápidamente puse el espejo boca abajo sin creerme lo que acaba de presenciar, me senté en lo que se podía definir como escritorio, saqué mi portátil, y mis dedos sin pausa escribieron lo que acababa de pasar. Ahora, ¿qué debo hacer?, ¿me volveré loca si pongo en práctica los consejos de mis dos yo?, ¿debería tirarlo a la basura o sería una herramienta que haría mi vida mas fácil?.

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