Las Guerras del Fin.

-Señor, un explorador del Consorcio se acerca. Si mis cálculos no son incorrectos, se aproxima rápidamente, quizás demasiado rápido si tenemos en cuenta cómo ondea su capa carmesí y cómo atraviesa las dunas.- comentó un joven alférez con aire de suficiencia. Sin duda había cumplido su misión; avisar al coronel de cualquier novedad.

-Ya lo he visto, muchacho, no estoy ciego, sólo viejo.-replicó el coronel.- ¡¿ A qué esperas?! Vamos, trae algo de vino tinto para el explorador y avisa al resto de mandos; tenemos que celebrar una reunión extraoficial.

-Por supuesto, perdone mi falta de reacción, coronel…-El alférez estaba indeciso, era evidente que algo lo incomodaba.

-Hijo, se nota que estás ocultando algo. Diga qué le preocupa tanto, es una orden.

-Señor, el explorador va montado en algo sinuoso y alado… Algo que no debería encontrarse en este continente, un dragón escarlata.

 

Unas horas después, en la tienda de campaña del coronel…

-Mi coronel, el miembro del Consorcio está padeciendo una grave fiebre. Los chamanes tuareg hacen lo que pueden, pero sus primitivas medicinas apenas consiguen aliviar el dolor que sufre.-relató el teniente al mando del poblado.-Sin embargo, los iris se le han desteñido por efecto de sus mejunjes, y ahora el color amarillo es el predominante.-informó.

-En ese caso lo dejaremos descansar. Ya he mandado llamar a dos de los mejores médicos de la provincia, y lamentándonos por su salud no lograremos nada.-Tras una incómoda pausa, el coronel prosiguió la conversación.- ¿Ha dicho algo desde que ha llegado esta mañana?

-No, nada más llegar se derrumbó y empezó a retorcerse de puro dolor.-Comentó el curtido militar.

-Oficial, he escuchado que iba montado en un dragón escarlata. Sé que usted estudió la anatomía y fisiología de esos animales en Siracusa, así que cuénteme lo que sepa sobre ellos.-El coronel parecía preocupado, y no era para menos; un dragón escupefuegos supondría muchos riesgos que quizás no estaría dispuesto a correr.

-Bueno, debo informarle de que no se trata de un dragón escarlata. Es una subespecie desértica denominada dragón dúnico, ya que vive enterrado bajo la ocre roca del desierto. Un dato que…

-Bien, bien, bien.-interrumpió bruscamente otro oficial de alta graduación.- Eso es un alivio, ya que esa especie no es capaz de expulsar fuego; y por lo tanto, de quemar nuestros, ya de por sí, herrumbrosos carros.

-Almirante Longhearth, es un honor recibirlo.-saludó el coronel.-Y aún más teniendo en cuenta que estamos a más de 500 km de la masa de agua más próxima.

-Ya, lo mismo le digo coronel Hierro. Se cuentan numerosas hazañas suyas, a cada cual más increíble que la anterior.-dijo el marino.- Pero vayamos a lo que realmente nos concierne, la guerra contra los seres áureos.

 

Mientras tanto, a más de medio millar de kilómetros, mucho más cerca de la civilización…

-Desde aquí se pueden distinguir las dos figuras en la lejanía, sin embargo, al acercarse es posible comprobar que se trata de cuatro seres; una pareja de jinetes y sus respectivas monturas, milord.- Destacó el pequeño y regordete mayordomo.

-De acuerdo. En ese caso podemos dar por hecho que nuestras defensas en los litorales y nuestras… mascotas marinas no han podido frenarles.-Dijo el duque de Siracusa.- Llama a la guardia de cobalto, tenemos que prepararnos para lo peor.

-Sí, milord.-respondió el intendente.

Sin embargo, se dio la vuelta y preguntó: -Milord, ¿ha llegado el mensajero?

-Eso me temo Sr. Hobson.-Respondió una voz incorpórea desde el otro lado de la amplia sala cubierta por azulejos añiles y blancos.

-Hobson, déjenos a solas, por favor.-ordenó el burócrata.

-Como usted desee, milord. Buena suerte.

 

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