El secreto.

En una tarde de verano, en la cual el sol irradiaba luz como nunca antes, me encontraba tumbada en la arena de la playa más hermosa de la isla. Parecía un día normal, hasta que al levantar la vista de la pantalla de mi móvil después de bastante tiempo, en frente a mi se encontraba una ciudad flotando encima del mar. Me acerqué lentamente a observarla de cerca y me percaté de que se podía observar como caían las raíces de los árboles en el aire y también se podían observar algunos ataúdes debajo de la tierra, la verdad es que no me explicaba cómo habría llegado esa ciudad ahí, que aparentaba ser arrancada de algún lugar. Al final decidí intentar escalar para explorarla más de cerca, la curiosidad pudo con mi miedo. Comencé a escalar por las raíces de los árboles, cuánto más escalaba más lejos me encontraba de la ciudad, después de unas dos horas escalando el cansancio se apoderó de mi y me quedé dormida, así que inconscientemente me solté de las raíces y caí. Cuando desperté, me encontraba sorprendentemente en la ciudad en la que se podían presenciar miles de colores, algunos desconocidos para mí hasta entonces y un anciano de pelo blanco como la nieve y de tez pálida permanecía sentado a mi lado.
– Bienvenida, Sol.
+ Ehh… ¿ Y usted quién es ?
– Me llamo Oriol, soy el dueño del lugar en donde vives. Nosotros los de aquí arriba, somos los que le damos color a tu hogar, La Tierra. Un grupo de los que viven aquí se dedican a pintar el césped, las hojas de los árboles, los arbustos y demás de color verde. Otros se encargan de lo que es rojo, otros de lo azul y así con todos los colores. Y yo soy el que les dice cómo hacerlo
+ ¿ De verdad ? ¿ Y cómo es que nadie lo sabe ?
– Lo intentamos mantener en secreto, nos gusta que allí abajo nadie pueda sospecharlo, pero ahora lo sabes tu.
+ Yo no voy a decir nada, lo juro. Podéis confiar en mi.
– La verdad es que no nos fiamos Sol, tienes dos opciones. Puedes quedarte aquí para siempre o puedes permitirnos borrarte de la memoria todo lo que ha pasado.
+ Me quedo aquí, no tengo nada mejor allá abajo.
– Pues que así sea.

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