El paraíso

Los rayos de sol ardían más que nunca e iban acompañados de una ligera brisa marina. Las olas, que formaban una blanquecina espuma, iban y venían con un ritmo paulatino y constante. Parecía el paraíso. Tumbada en la hamaca era como si se parara el tiempo. No tenía preocupación ninguna, solo quería disfrutar del momento y de la mejor playa de toda la isla en la que me encontraba. Pero alguien interrumpió mi momento de gloria posicionándose delante del ardiente sol y haciéndome sombra así. Giré la cabeza, abrí los ojos y le miré. Era un chico alto, musculoso y con unos rasgos muy curiosos. Llevaba el torso al descubierto y un simple mandil de rayas negras y blancas. En su mano derecha cargaba una bandeja con una gran copa de Martini.

–          Aquí tiene su bebida señorita.

+         Muchas gracias.

–          ¿Desea alguna otra cosa más?

+         No, gracias. La verdad es que esto parece el paraíso, se está perfectamente.

–          Tiene usted razón, el sol radia como nunca. Mi jornada empezó hace solo media hora y ya estoy rojo como un tomate.

+         Sí, la verdad es que le aconsejo que se ponga algo más de protección solar o se vaya a refrescar al mar para que no se queme más aún.

–          Si quiere cuando termine de trabajar, me puede acompañar y después de bañarnos, le invito a comer.

En ese momento no supe que responder pues no lo conocía de nada pero algo en aquel lugar me decía que no desaprovechase esa oportunidad.

Gracias a haber aceptado esa propuesta, hoy me encuentro vestida con un larguísimo vestido blanco como la nieve para contraer matrimonio con el apuesto camarero de mandil a rayas.

One Response to El paraíso
  1. Julio

    Qué pena que no lo hubieras escrito antes porque… hubiera quedado fantástico en el libro. Es un relato que tiene sencillez pero al mismo tiempo, no sé, me despierta sensaciones.

    En los diálogos no se pone el signo +, siempre guión: -.

    Lo demás, fantástico.

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