Monthly Archives: enero 2014

La isla travesía.

Playa  voladora

Muchas eran las historias que había oído la pequeña Kitzune a lo largo de su vida. Las que más le gustaban eran las de piratas, siempre recordaba como su abuelo iba a su cuarto y con una barba falsa para meterse en el personaje, se sentaba junto a su cama y le relataba los cuentos hasta que esta se dormía. Hacía mucho que no vivía esa magia, para todos ya era «mayor´´ y su abuelo, el único que la mimaba en ese sentido, vivía lejos.

Ese día estaba muy cansada y decidió irse temprano a dormir. De repente, se dio cuenta que oía el mar. No sabía lo que pasaba y parecía que se movía. También oía voces a lo lejos. Se repetía a si misma que era imposible. Que era demasiado real.

Al percatarse de la situación, vio que estaba en un barco, con gente extraña. ¿Dónde estoy? preguntó, dudando si alguien la oiría. -En la estrella roja, rubo a la isla travesía – Le respondió una voz ronca que aparentaba ser de un joven.

Estaban ya llegando y le sorprendió la belleza del paisaje, era todo verde con una playa enorme. Justo como contaba su abuelo. Aún confundida se quedó pensando un momento, sabía de memoria todos los cuentos que oía de pequeña y ese lugar le sonaba mucho. ¡Era su historia preferida!. Cuando desembarcó, caminó decidida hasta la entrada de un frondoso bosque, si llevaba razón sabía que dentro de ese sitio se encontraba algo muy especial. Sintió una sombra detrás y la voz se le hizo conocida.

-Tienes que tener cuidado con lo que deseas. Si quieres un gran tesoro la avaricia puede acabar contigo.

-No quiero ningún tesoro, ni si quiera se por qué estoy aquí o si me he vuelto loca.

-Puede que esto sea más real de lo que piensas o que sea diferente a lo que creías conocer.

Tras esa pequeña conversación, se sentía rara, notó un movimiento bajo sus pies, la isla se estaba elevando. No se lo podía creer, estaba encima de una playa voladora.

La magia del misterio

20:25 de la noche

Era una cálida noche de verano y como siempre la chica de la mesa 5 estaba a punto de llegar  al restaurante, a las ocho y media. Ni un minuto más ni un minuto menos. Pocos eran los que la conocían,  no solía ir demasiada gente a esa hora. La camarera del turno nocturno llamada Noelia , siempre la miraba con curiosidad, se le parecía a alguien y no sabía a quien.

20:27

La camarera miraba el reloj con una sensación rara en el cuerpo. Algo cambió ese día, tenia un extraño presentimiento hasta que algo sonó en su bolsillo. Le había llegado un correo al móvil. Con curiosidad, decidió leerlo y comprendió lo que le pasaba al momento.

Alta y morena la verás, en un lejano lugar de la sala donde estás. Familiar te parecerá, pronto descubrirás algo que te sorprenderá.

No se lo esperaba, ese correo la había dejado pensando y le hizo recordar. Justo cuando echó un vistazo al reloj, vio  la hora -hoy descubriré la verdad- pensó al oír la puerta abrirse.

20:32

Esperó al ritual de la  chica y se acercó. No era su actitud habitual pero ese día algo le daba fuerzas. Cuando estaba al lado de la chica, le preguntó amablemente si podía sentarse con ella, su respuesta fue una sonrisa silenciosa. Reuniendo algo de valor, pues no estaba acostumbrada a ser tan directa, se sentó en frente.

-¿Tú estuviste en el colegio La Salle?- le preguntó.

-Así es, ¿cómo lo sabes?-le dijo la chica morena sorprendida.

-Bue..bueno, yo era la chica que te escribía las cartas.

 

La aventura en busca del tesoro

Por los mares perdidos del caribe, navegaba un barco sin rumbo. En el barco había una tripulación de unos veinte piratas, perdidos por los mares. Estaban hambrientos y cansados, y buscaban, con las pocas fuerzas que les quedaba, una isla donde embarcar. Tras siete meses navegando por los mares perdidos del caribe, sus deseos se hicieron realidad, habían encontrado una pequeña isla que se veía a lo lejos. Rápidamente el capitán de la tripulación pirata,  Joe  Brok II, mando a embarcar el barco en una playa de la isla. Cuando los piratas se bajaron del barco, corrieron a las palmeras y al río, en busca de comida. Mientras tanto Joe, miraba fijamente la selva que había tras la playa, y se fijaba en las montañas que habían en medio de la selva. A la tarde, una vez los piratas ya volvían a sentirse con fuerza, buscaron cerca de la playa, algún rastro de alguna persona, pero no encontaron a nadie, aunque a la vuelta, Jack Brok, el hijo del capitán Joe Brok II, encontró enterrado debajo de una piedra, una especie de mapa de un tesoro. Jack pensó que si le enseñaba el mapa a su padre, él se sentiría orgulloso de él, pero sabía que no vería ni una moneda del tesoro. Pero en cambio si no decía nada, se haría rico, pero nunca se perdonaría, no habérselo contado. Por esto decidió decírselo a su padre, ya que para él era más importante la admiración de su padre, que todo el dinero del mundo. Cuando Joe, vio el mapa quedó sorprendido y mando a comenzar la aventura en busca del tesoro. Al atravesar la selva, tuvieron que luchar contra más de treinta serpientes y demás animales. Y cuando por fin llegaron a los montes de Los Dioses, se dirigierón, a la pequeña montaña, donde se encontraba enterrado el tesoro. Al llegar, todos con muchísimas ganas y ilusión, comenzarón a cabar, en el lugar señalado en el mapa y tras tres hoas escabando, encontraron una pequeña caja cubiera de arena. Los piratas le dieron la caja a Joe, que este abrió en unos segundos. En el interior de la caja se encontraba una carta que decía, «No hay mayor tesoro, que haber sido uno de los afrotunados, de haber encontado esta isla». Al leer la carta Joe se enfadó con Jack porque creía que le había hecho perder su tiempo, pero más tarde se dio cuenta del significado de la carta y decidió que esta sería la isla que representaría a su navegación de piratas.

2345 palabras y un corazón.

Hoy, hoy quiero decirte que dueles y que dolerás algún tiempo, pero luego sólo serás un recuerdo, un capítulo más de la historia, un capítulo que llevará tu nombre, en una historia que lleva el mío. Que sí que es cierto, solo te extraño cuando respiro, que estás en mi cabeza dando vueltas todo el día, que no hay día que no sueñe contigo y me despierte a 11 metros bajo tierra con una angustia en el pecho como si me clavaran agujas poco a poco, cada aguja un recuerdo, un momento de los nuestros. Esto, esto no es más que una muestra de una herida abierta del dolor, y no, no estoy sufriendo ni sin ti no vivo, duele porque te quiero y como te quiero sólo quiero que seas feliz conmigo o sin mi, pero joder si que duele; duele saber que nada será como antes, duele echar de menos tus «te quiero». Y mientras dejo que pase el tiempo para curarme, yo estoy aquí en mi cama haciéndole el amor a tu recuerdo con la ayuda de tu olor que se quedó tatuado en mi cuerpo y tu nombre marcado en el corazón. Issa.

Deambulando buscando respuestas

EDWARD HOPPER

 

»Diiiiiiim doooooon» suena el timbre, pero… ¿que horas son estas para que alguien llame a la puerta?. Y es que eran nada más y nada menos que las 12 de la noche justas.¿ El cartero? no creo que sea y no esperamos ninguna visita, desde que nos fuimos de la capital no tenemos una visita de algún amigo o familiar.

Me dispongo a levantarme de mi asiento me pongo bien el traje y me dirijo a la puerta, la abro y observo que no hay nadie, supongo que habrá sido una broma de algún gamberro, pero… ¿qué es eso? ¿qué hay en el suelo? Miro para la izquierda, luego para la derecha y me agacho para recoger aquella carta misteriosa.

Cuando abro el mensaje, me di cuenta de que era la comisaría, mi antiguo trabajo, como lo echaba de menos, sigo leyendo… y veo que esta pidiendo mi ayuda para un nuevo caso, un nuevo misterio, hacia tanto tiempo que no leía un problema, un asesinato… como lo echaba de menos…

Requerían mi ayuda, era una especie de cita mañana a las diez de la mañana en la pequeña cafetería que hay justo en frente de mi casa pero… lo que no me explico muy bien, es ¿cómo me han encontrado? ¿cómo han sabido mi dirección? Creo que todas esas preguntas tendrían respuesta mañana, me acotaré y me plantearé mi duda de volver o no volver a mi antiguo trabajo.

Después de una noche de reflexión al fin suena la alarma, me levanto de la cama, me estiro, una ducha rápida y me dispongo a salir a esa cafetería.

Salgo de mi casa, y observo que a mi móvil llega un mensaje de »párate ahora», estaba en un paso de cebras cuando me llegó, miro para la derecha e izquierda y cuando miro otra vez a la derecha veo una luz que me cegó la vista, ni siquiera reaccioné solo me dio tiempo a cerrar los ojos y sentir un gran golpeo en mí. Eso fue lo que pasó esa mañana de diciembre, un coche me atropelló justo cuando me insistieron volver a mi trabajo, si no hubiese echo caso a esa carta no estaría aquí siendo un fantasma buscando un culpable de aquel »atropello», estoy seguro que no fue una casualidad, alguien me hizo esto, mi atropello fue intencionado. Seguro no, Segurísimo.

El misterio de la isla.

Tras haber sufrido unos terribles días de tormenta en pleno mar abierto, el capitán y su tripulación llegaron a una isla el día 15 de Marzo de 1689. Una isla desconocida para todos ellos. No sabían si era peligrosa, no sabían qué les deparaba pero al fin y al cabo si no fuera por ella no habrían sobrevivido. Debido a la tormenta y las olas, que eran gigantes, todas las provisiones se habían caído por la borda, junto a dos o tres hombres. Aunque quizás fueron diez…

Cuando bajaron del barco, repartieron las armas y la munición que quedaba. Un par de ametralladoras M42, unas dos granadas por pirata, una espada para cada uno y algunas bombas de gas y explosivos aparte de muchas otras cosas. Enseguida se dispusieron a explorar la isla, debían encontrar comida para poder volver al barco y continuar con su viaje. Álex sacó un radar que detectaba el movimiento para saber en todo momento si estábamos seguros. Aunque dudábamos seriamente que existiera vida en aquella isla. No se escuchaba sino el ruido de las olas al romper en la orilla y el de las hojas de los árboles y las palmeras moviéndose al son del viento.

Explorando la isla, nos percatamos de que esta era como una mezcla de bosque y selva. Además, toda la flora tenía un color llamativo, de tonos rosas, verdes y turquesas. Todo nos resultaba tan siniestro y a la vez tan sosegado… Era extraño. Cuantos más kilómetros caminábamos, más raro nos parecía. Y finalmente llegamos a la conclusión de que nada era normal allí. Se hizo de noche, y aún no habíamos encontrado nada para comer. Así que decidimos buscar un sitio para descansar, tras doce horas de caminata sin descanso, sin comida ni ron. El sucio del capitán se había acabado todo el ron él solito la noche que recibió un Whatsapp de su mujer diciéndole que se había ido con otro. Bah.

Al despertar, de los diez hombres que éramos solo quedábamos cuatro. Seis habían desaparecido, como desaparece el humo. Por esa razón todos nos alertamos, eso significaba que nosotros podríamos ser los siguientes, significaba que no estábamos solos. Alterados, empezamos a caminar otra vez, a pesar de lo débiles que estábamos. Veinticuatro horas llevábamos sin comida ni ron ya ¿Cuánto más aguantaríamos así? De repente, oí un ruido y miré para atrás. Mis otros compañeros ya no estaban.
Ya no se encontraban allí conmigo. Estaba yo solo, con un 1% de posibilidades de sobrevivir. Parpadeé esperando que esa imagen hubiera sido fruto de mi imaginación. Pero seguía estando solo. Parpadeé otra vez. Esta vez miré a mi alrededor, ya no había árboles ni palmeras, ni flores, ni arbustos. Me encontraba en una especie de habitación blanca gigante, tenía puesto un traje de fuerza que me impedía mover los brazos. Detrás de un cristal, unos hombres con bata blanca y libretas me observaban mientras escribían cosas. Incrédulo y desorientado me di la vuelta y volví a observar la habitación. Detrás de mi había una pared llena de dibujos, dibujos de la isla y de mi barco. Miles de dibujos iguales hechos con mis uñas, hechos de arañazos ¿Qué había pasado con la isla? ¿Donde estaban mis compañeros y mi capitán? Y lo más importante ¿Dónde me encontraba yo ahora?

Reflexión sobre la escritura

Yo en verdad no sabría decir si me gusta o no escribir, más bien depende del día, de mi estado de ánimo o simplemente, si escribo porque quiero y me apetece, o por obligación. Parece un poco irónico que una persona, a la que quizás no le guste mucho escribir, se apunte a un taller de escritura, pero quién sabe, si esta es la forma de darme cuenta de lo mucho que me gusta escribir o lo que lo detesto, aunque creo que más bien voy por el camino de la primera opción. Pero si hay algo que sé con seguridad, es que la escritura, es la forma insconsciente de expresar tus sentimientos, que quedan reflejados en el papel e  interpretados por los personajes de la historia, que tu mente, con ayuda de tu imaginación, acaba de inventar. A veces escribir parece la cosa más difícil del mundo, pero para nada lo es, simplemente se basa en escribir lo que realmente quieres y sientes, y no por lo que creas que más va a gustar, porque además escribir de esa forma, es un poco estúpido y una gran pérdida de tiempo, ya que cada persona tiene sus gustos, y tus historias le gustaran a muchas personas, al igual que otras las detestarán. Por todo esto, que creo que más que un relato o comentario parece una reflexión que me atrevo a acabar, escribiendo lo mucho que me gusta escribir.

Аппетит приходит во время еды

Edward-Hopper

Eran las 6 de la tarde y Sophie como siempre estaba tomando un café en el Petit Champignon de París, de repente mientras estaba inmersa en sus pensamientos el  sonido del tritono de su iPhone la desconcentró. 1 mensaje nuevo. Abrió el mensaje sin remitente y lo leyó, sólo había una frase: sal corriendo ahora mismo de ahí. Pagó la cuenta con disimulo y salió, cruzó la calle con el rostro fruncido; no tenía miedo, estaba acostumbrada a esto pues era espía, pero no tenía ni idea de quien le había enviado el mensaje ni qué estaba pasando. Cogió el metro hasta su casa, allí llamó a Jaime, su novio y compañero de trabajo, es decir, su amante espía; le dijo que viniese lo antes posible. Jaime como siempre en menos de lo esperado estaba allí, cuando llegó Sophie le explicó lo ocurrido, para su sorpresa Jaime le contestó: ya lo sabía. Sophie se quedó estupefacta, cuando le pidió una explicación Jaime le dijo porque fui yo quien te envió ese mensaje, no aguantaba más tiempo sin ti, quiero que dejemos esto y tengamos una vida estable llena de esos niños que tanto soñamos tener, ¿quieres casarte conmigo?. Antes de que Sophie pudiese responder algo, se despertó encima del portátil, Sophie no era espía, era escritora que ahora gracias a un sueño podría continuar su historia.

 

Quien sea que esté ahi.

Mucha gente piensa, que su vida está demasiado repleta de quehaceres como para sentarse a pensar un segundo en lo más simple, y a la vez lo más complejo: nuestros sentimientos.

Puede que yo sea una de esas personas; a lo mejor no me paro mucho a meditar sobre ello, pero cuando lo hago me gusta hacerlo bien, y además escribiéndolo.

A veces sale una historia, otras un poema, pero siempre que me siento a escribir delante de mi portátil salen sentimientos, incluso aquellos de los que ni siquiera me había percatado.

Escribir es algo mágico, que no solo me hace sentir bien, sino otra persona, cualquier persona que sea capaz de imaginar. Además me siento querida por las palabras que salen a borbotones cuando estoy inspirada. Es también una manera de relajarme cuando estoy agobiada y lo que necesito es paz interior, y eso es lo que me da escribir.

No me gusta hacerlo presionada, porque entonces no me sale ni lo más simple. Este taller precisamente me parece una buena ocasión para aprender a no quedarme en blanco delante de una página, que es lo que más me frustra.

Querido lector anónimo

Querido lector anónimo:

Si tu ahora me preguntaras eso de: ‘’¿Por qué escribo?’’ estoy por seguro que te contestaría con un simple ‘’no sé’’, te lo aseguro que ese ‘’no sé’’es una respuesta muy típica en mí, quizás porque tengo esa reacción siempre, por vergüenza o porque son tantos los motivos que tengo que no sabría por donde empezar.

En este caso me esforzaré y pensaré  otra cosa aparte de ese estúpido ‘’no sé’’

Quizás escribo porque a veces es mucho mejor un lápiz y un bolígrafo que dos oídos sordos, sinceramente para mi es, un desahogo emocional donde mis sentimientos salen solos sin pensar si esta bien o si esta mal, solo escribo por que me gusta y ya esta, no me importa si a los demás les gusta o no, por que todos esos relatos, historias, cartas… que escribo se reduce a esos miles ‘’no sé’’ que digo.

Y esta carta se va a reducir en decirte que no te puedo explicar exactamente porque escribo solo que mis sentimientos lo suelo expresar en eso, en un papel.

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