No hay mal que por bien no venga.

Nuria, una chica sencilla de hermosa sonrisa, se sentía muy sola. Era una chica que había pasado por muchas penurias y vivía con su abuelo Pepe desde los 4 años. Este era para ella su maestro de vida. Durante un par de días, el abuelo estaba encargándose de unos problemas con el negocio familiar y la había dejado en casa sola, confiando en ella. Una máquina de la fábrica de la familia en la que trabajaba su abuelo, estalló e hirió gravemente a Pepe, muriendo días más tardes. Nuria con 17 años quedó sola, rodeada de 6 mil millones de personas, pero sola como nunca se había sentido. Después de unos meses de verdadera depresión, esta se encontraba leyendo uno de sus libros favoritos cuando de repente, empezó a oír una melodía que le sonaba mucho. Claro de Luna,  la melodía que tantas veces había oído en el piano de su abuelo sonaba ahora y parecia que venía del desván. Siguiendo la música, subió temerosa las escaleras y con una pequeña luz de la ventana, vio un baúl. Parecía cerrado y la curiosidad la movió. Una idea le llamó la atención, su abuelo le había dado un colgante con forma de llave y según él, le abriría nuevos mundos si la llevaba siempre encima.

Bajó a su habitación y cogió el colgante, abrió el baúl y lo único que había dentro era un libro muy grueso y antiguo. El libro tenía unas 1500 páginas las ojeó de prisa pero solo encontró una escrita, en ella había un mapa y unas indicaciones en castellano antiguo; las dedujo rápidamente. Todo era un misterio pues decía que en aquel lugar había algo, pero no el qué. Desde que lo vio, supo que tenía que salir de su casa, solo quería saber que había al final del trayecto, se vistió y se arregló para salir, antes de irse tenía que sacar la llave de la cerradura del baúl, era su amuleto. No sabía que podría depararle el camino, pero le daba igual, con tal de saber cuál era su caldero de oro al final del arco iris, por decirlo de alguna manera. Salió de su casa y clavó su mirada en el libro razonando cada pista que decía emprendiendo el camino para destapar el misterio del libro.

Siguió todas las indicaciones hasta llegar a un lago a las afueras de la ciudad, no lo había visto en su vida. El agua era tan cristalina que se podía ver el fondo perfectamente. Se acercó a la orilla y se quedó estupefacta, el fondo del lago estaba llenó de tortugas gigantes. Quiso nadar con ellas pero dudó si era seguro o no. De repente una fuerza la empujó hacia abajo, hacia el fondo del lago. Nuria nadó y nadó pero la fuerza era superior a cualquier fuerza que hubiese existido jamás, pensó que moría pero seguía respirando. ¡Estaba respirando debajo del agua! ¡Increíble! Siguió descendiendo hasta que llegó a lo más profundo, allí las tortugas gigantes la miraban y sonreían, nadó y nadó con ellas, el tiempo allí abajo no existía.

Cuando terminó todo, cuando las tortugas y Nuria no nadaban mas por culpa del cansancio;  alguna fuerza extraña la empujó hacia el núcleo de la Tierra. La misma fuerza extraña la envió más abajo aún. Cerró fuertemente los ojos, esta vez el pánico inundaba su cuerpo. Sabía que estaba atrapada, que no podría volver viva a la superficie, al menos no en mucho tiempo. Miles de kilómetros la separaban de la corteza terrestre, era casi imposible salir de ahí, por no decir imposible. Pero de pronto, decidió abrir los ojos. No se lo podía creer, aquello no era lo que imaginaba ni por asomo. En aquel lugar había más vegetación de la que existía en la superficie. En aquel lugar había animales, personas… Había vida. Finalmente decidió pasar el resto de su vida ahí, aquellas personas la hacían sentir mucho mejor que las de la superficie, por fin después de muchos años no se sentía sola. Decidió envejecer en esa parte de la tierra que había descubierto o le habían ocultado.

Isabella Cortés, Alba Rodríguez, Raúl Villarraso, Sonia Becerra, Haniel López.

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