Quien sea que esté ahi.

Mucha gente piensa, que su vida está demasiado repleta de quehaceres como para sentarse a pensar un segundo en lo más simple, y a la vez lo más complejo: nuestros sentimientos.

Puede que yo sea una de esas personas; a lo mejor no me paro mucho a meditar sobre ello, pero cuando lo hago me gusta hacerlo bien, y además escribiéndolo.

A veces sale una historia, otras un poema, pero siempre que me siento a escribir delante de mi portátil salen sentimientos, incluso aquellos de los que ni siquiera me había percatado.

Escribir es algo mágico, que no solo me hace sentir bien, sino otra persona, cualquier persona que sea capaz de imaginar. Además me siento querida por las palabras que salen a borbotones cuando estoy inspirada. Es también una manera de relajarme cuando estoy agobiada y lo que necesito es paz interior, y eso es lo que me da escribir.

No me gusta hacerlo presionada, porque entonces no me sale ni lo más simple. Este taller precisamente me parece una buena ocasión para aprender a no quedarme en blanco delante de una página, que es lo que más me frustra.

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