Daily Archives: 30 enero, 2014

La isla travesía.

Playa  voladora

Muchas eran las historias que había oído la pequeña Kitzune a lo largo de su vida. Las que más le gustaban eran las de piratas, siempre recordaba como su abuelo iba a su cuarto y con una barba falsa para meterse en el personaje, se sentaba junto a su cama y le relataba los cuentos hasta que esta se dormía. Hacía mucho que no vivía esa magia, para todos ya era «mayor´´ y su abuelo, el único que la mimaba en ese sentido, vivía lejos.

Ese día estaba muy cansada y decidió irse temprano a dormir. De repente, se dio cuenta que oía el mar. No sabía lo que pasaba y parecía que se movía. También oía voces a lo lejos. Se repetía a si misma que era imposible. Que era demasiado real.

Al percatarse de la situación, vio que estaba en un barco, con gente extraña. ¿Dónde estoy? preguntó, dudando si alguien la oiría. -En la estrella roja, rubo a la isla travesía – Le respondió una voz ronca que aparentaba ser de un joven.

Estaban ya llegando y le sorprendió la belleza del paisaje, era todo verde con una playa enorme. Justo como contaba su abuelo. Aún confundida se quedó pensando un momento, sabía de memoria todos los cuentos que oía de pequeña y ese lugar le sonaba mucho. ¡Era su historia preferida!. Cuando desembarcó, caminó decidida hasta la entrada de un frondoso bosque, si llevaba razón sabía que dentro de ese sitio se encontraba algo muy especial. Sintió una sombra detrás y la voz se le hizo conocida.

-Tienes que tener cuidado con lo que deseas. Si quieres un gran tesoro la avaricia puede acabar contigo.

-No quiero ningún tesoro, ni si quiera se por qué estoy aquí o si me he vuelto loca.

-Puede que esto sea más real de lo que piensas o que sea diferente a lo que creías conocer.

Tras esa pequeña conversación, se sentía rara, notó un movimiento bajo sus pies, la isla se estaba elevando. No se lo podía creer, estaba encima de una playa voladora.

La magia del misterio

20:25 de la noche

Era una cálida noche de verano y como siempre la chica de la mesa 5 estaba a punto de llegar  al restaurante, a las ocho y media. Ni un minuto más ni un minuto menos. Pocos eran los que la conocían,  no solía ir demasiada gente a esa hora. La camarera del turno nocturno llamada Noelia , siempre la miraba con curiosidad, se le parecía a alguien y no sabía a quien.

20:27

La camarera miraba el reloj con una sensación rara en el cuerpo. Algo cambió ese día, tenia un extraño presentimiento hasta que algo sonó en su bolsillo. Le había llegado un correo al móvil. Con curiosidad, decidió leerlo y comprendió lo que le pasaba al momento.

Alta y morena la verás, en un lejano lugar de la sala donde estás. Familiar te parecerá, pronto descubrirás algo que te sorprenderá.

No se lo esperaba, ese correo la había dejado pensando y le hizo recordar. Justo cuando echó un vistazo al reloj, vio  la hora -hoy descubriré la verdad- pensó al oír la puerta abrirse.

20:32

Esperó al ritual de la  chica y se acercó. No era su actitud habitual pero ese día algo le daba fuerzas. Cuando estaba al lado de la chica, le preguntó amablemente si podía sentarse con ella, su respuesta fue una sonrisa silenciosa. Reuniendo algo de valor, pues no estaba acostumbrada a ser tan directa, se sentó en frente.

-¿Tú estuviste en el colegio La Salle?- le preguntó.

-Así es, ¿cómo lo sabes?-le dijo la chica morena sorprendida.

-Bue..bueno, yo era la chica que te escribía las cartas.

 

La aventura en busca del tesoro

Por los mares perdidos del caribe, navegaba un barco sin rumbo. En el barco había una tripulación de unos veinte piratas, perdidos por los mares. Estaban hambrientos y cansados, y buscaban, con las pocas fuerzas que les quedaba, una isla donde embarcar. Tras siete meses navegando por los mares perdidos del caribe, sus deseos se hicieron realidad, habían encontrado una pequeña isla que se veía a lo lejos. Rápidamente el capitán de la tripulación pirata,  Joe  Brok II, mando a embarcar el barco en una playa de la isla. Cuando los piratas se bajaron del barco, corrieron a las palmeras y al río, en busca de comida. Mientras tanto Joe, miraba fijamente la selva que había tras la playa, y se fijaba en las montañas que habían en medio de la selva. A la tarde, una vez los piratas ya volvían a sentirse con fuerza, buscaron cerca de la playa, algún rastro de alguna persona, pero no encontaron a nadie, aunque a la vuelta, Jack Brok, el hijo del capitán Joe Brok II, encontró enterrado debajo de una piedra, una especie de mapa de un tesoro. Jack pensó que si le enseñaba el mapa a su padre, él se sentiría orgulloso de él, pero sabía que no vería ni una moneda del tesoro. Pero en cambio si no decía nada, se haría rico, pero nunca se perdonaría, no habérselo contado. Por esto decidió decírselo a su padre, ya que para él era más importante la admiración de su padre, que todo el dinero del mundo. Cuando Joe, vio el mapa quedó sorprendido y mando a comenzar la aventura en busca del tesoro. Al atravesar la selva, tuvieron que luchar contra más de treinta serpientes y demás animales. Y cuando por fin llegaron a los montes de Los Dioses, se dirigierón, a la pequeña montaña, donde se encontraba enterrado el tesoro. Al llegar, todos con muchísimas ganas y ilusión, comenzarón a cabar, en el lugar señalado en el mapa y tras tres hoas escabando, encontraron una pequeña caja cubiera de arena. Los piratas le dieron la caja a Joe, que este abrió en unos segundos. En el interior de la caja se encontraba una carta que decía, «No hay mayor tesoro, que haber sido uno de los afrotunados, de haber encontado esta isla». Al leer la carta Joe se enfadó con Jack porque creía que le había hecho perder su tiempo, pero más tarde se dio cuenta del significado de la carta y decidió que esta sería la isla que representaría a su navegación de piratas.

2345 palabras y un corazón.

Hoy, hoy quiero decirte que dueles y que dolerás algún tiempo, pero luego sólo serás un recuerdo, un capítulo más de la historia, un capítulo que llevará tu nombre, en una historia que lleva el mío. Que sí que es cierto, solo te extraño cuando respiro, que estás en mi cabeza dando vueltas todo el día, que no hay día que no sueñe contigo y me despierte a 11 metros bajo tierra con una angustia en el pecho como si me clavaran agujas poco a poco, cada aguja un recuerdo, un momento de los nuestros. Esto, esto no es más que una muestra de una herida abierta del dolor, y no, no estoy sufriendo ni sin ti no vivo, duele porque te quiero y como te quiero sólo quiero que seas feliz conmigo o sin mi, pero joder si que duele; duele saber que nada será como antes, duele echar de menos tus «te quiero». Y mientras dejo que pase el tiempo para curarme, yo estoy aquí en mi cama haciéndole el amor a tu recuerdo con la ayuda de tu olor que se quedó tatuado en mi cuerpo y tu nombre marcado en el corazón. Issa.

Deambulando buscando respuestas

EDWARD HOPPER

 

»Diiiiiiim doooooon» suena el timbre, pero… ¿que horas son estas para que alguien llame a la puerta?. Y es que eran nada más y nada menos que las 12 de la noche justas.¿ El cartero? no creo que sea y no esperamos ninguna visita, desde que nos fuimos de la capital no tenemos una visita de algún amigo o familiar.

Me dispongo a levantarme de mi asiento me pongo bien el traje y me dirijo a la puerta, la abro y observo que no hay nadie, supongo que habrá sido una broma de algún gamberro, pero… ¿qué es eso? ¿qué hay en el suelo? Miro para la izquierda, luego para la derecha y me agacho para recoger aquella carta misteriosa.

Cuando abro el mensaje, me di cuenta de que era la comisaría, mi antiguo trabajo, como lo echaba de menos, sigo leyendo… y veo que esta pidiendo mi ayuda para un nuevo caso, un nuevo misterio, hacia tanto tiempo que no leía un problema, un asesinato… como lo echaba de menos…

Requerían mi ayuda, era una especie de cita mañana a las diez de la mañana en la pequeña cafetería que hay justo en frente de mi casa pero… lo que no me explico muy bien, es ¿cómo me han encontrado? ¿cómo han sabido mi dirección? Creo que todas esas preguntas tendrían respuesta mañana, me acotaré y me plantearé mi duda de volver o no volver a mi antiguo trabajo.

Después de una noche de reflexión al fin suena la alarma, me levanto de la cama, me estiro, una ducha rápida y me dispongo a salir a esa cafetería.

Salgo de mi casa, y observo que a mi móvil llega un mensaje de »párate ahora», estaba en un paso de cebras cuando me llegó, miro para la derecha e izquierda y cuando miro otra vez a la derecha veo una luz que me cegó la vista, ni siquiera reaccioné solo me dio tiempo a cerrar los ojos y sentir un gran golpeo en mí. Eso fue lo que pasó esa mañana de diciembre, un coche me atropelló justo cuando me insistieron volver a mi trabajo, si no hubiese echo caso a esa carta no estaría aquí siendo un fantasma buscando un culpable de aquel »atropello», estoy seguro que no fue una casualidad, alguien me hizo esto, mi atropello fue intencionado. Seguro no, Segurísimo.

El misterio de la isla.

Tras haber sufrido unos terribles días de tormenta en pleno mar abierto, el capitán y su tripulación llegaron a una isla el día 15 de Marzo de 1689. Una isla desconocida para todos ellos. No sabían si era peligrosa, no sabían qué les deparaba pero al fin y al cabo si no fuera por ella no habrían sobrevivido. Debido a la tormenta y las olas, que eran gigantes, todas las provisiones se habían caído por la borda, junto a dos o tres hombres. Aunque quizás fueron diez…

Cuando bajaron del barco, repartieron las armas y la munición que quedaba. Un par de ametralladoras M42, unas dos granadas por pirata, una espada para cada uno y algunas bombas de gas y explosivos aparte de muchas otras cosas. Enseguida se dispusieron a explorar la isla, debían encontrar comida para poder volver al barco y continuar con su viaje. Álex sacó un radar que detectaba el movimiento para saber en todo momento si estábamos seguros. Aunque dudábamos seriamente que existiera vida en aquella isla. No se escuchaba sino el ruido de las olas al romper en la orilla y el de las hojas de los árboles y las palmeras moviéndose al son del viento.

Explorando la isla, nos percatamos de que esta era como una mezcla de bosque y selva. Además, toda la flora tenía un color llamativo, de tonos rosas, verdes y turquesas. Todo nos resultaba tan siniestro y a la vez tan sosegado… Era extraño. Cuantos más kilómetros caminábamos, más raro nos parecía. Y finalmente llegamos a la conclusión de que nada era normal allí. Se hizo de noche, y aún no habíamos encontrado nada para comer. Así que decidimos buscar un sitio para descansar, tras doce horas de caminata sin descanso, sin comida ni ron. El sucio del capitán se había acabado todo el ron él solito la noche que recibió un Whatsapp de su mujer diciéndole que se había ido con otro. Bah.

Al despertar, de los diez hombres que éramos solo quedábamos cuatro. Seis habían desaparecido, como desaparece el humo. Por esa razón todos nos alertamos, eso significaba que nosotros podríamos ser los siguientes, significaba que no estábamos solos. Alterados, empezamos a caminar otra vez, a pesar de lo débiles que estábamos. Veinticuatro horas llevábamos sin comida ni ron ya ¿Cuánto más aguantaríamos así? De repente, oí un ruido y miré para atrás. Mis otros compañeros ya no estaban.
Ya no se encontraban allí conmigo. Estaba yo solo, con un 1% de posibilidades de sobrevivir. Parpadeé esperando que esa imagen hubiera sido fruto de mi imaginación. Pero seguía estando solo. Parpadeé otra vez. Esta vez miré a mi alrededor, ya no había árboles ni palmeras, ni flores, ni arbustos. Me encontraba en una especie de habitación blanca gigante, tenía puesto un traje de fuerza que me impedía mover los brazos. Detrás de un cristal, unos hombres con bata blanca y libretas me observaban mientras escribían cosas. Incrédulo y desorientado me di la vuelta y volví a observar la habitación. Detrás de mi había una pared llena de dibujos, dibujos de la isla y de mi barco. Miles de dibujos iguales hechos con mis uñas, hechos de arañazos ¿Qué había pasado con la isla? ¿Donde estaban mis compañeros y mi capitán? Y lo más importante ¿Dónde me encontraba yo ahora?

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