Daily Archives: 5 febrero, 2014

Diario de un tripulante.

Día 1.-

Es mi primer día abordo y un extraño rumor persigue este barco. Según dicen la mujer del capitán ha fallecido recientemente y él sin aliento se embarca en está ruta suicida, creyendo que todo está perdido cuando no hemos ni zarpado. Muchos dicen que esto es un mal augurio…Sin embargo, yo pienso que son todos unos ingenuos.

Día 18.-

Tras tantas semanas vagando entre el vaivén del oleaje hemos llegado a una isla cálida y seca. Pese a ser tierra firme no paramos ni un momento y seguimos hacia delante, como si de un espejismo se tratase.

Día 24.-

Avistamos otras dos islas más, ambas con climas completamente diferentes. En una, un paraíso floral. En otra, todo esta pintado por colores ocre, marrones, dorados, hojas flotando por todos partes. Apenas las separan unos kilómetros y son completamente distintas unas de otras.

Día 27.-

Última isla, hace un frío terrible. Pese a llevar tanto tiempo entre las olas el capitán no piensa siquiera en parar en las islas ya avistadas. La tripulación empieza a tener dudas sobre él, aunque cuando toma el timón tiene demasiada seguridad en si mismo, como si supiera donde llegar exactamente… Al contrario, no sé que nos esperará a nosotros.

Día 31.-

Tras toda una travesía, en este barco con un rumbo fijo, alrededor de las cuatro estaciones llegamos a lo que parece ser tierra firme.  Una vez puesta el ancla en tierra, todos bajamos eufóricos por saber que nos esperaba. Por descubrir el enigmático secreto que nos aguardaba…Hasta que vemos como cae el capitán a la arena. Lentamente, como cuando muere el protagonista principal de una de esas pelis tan famosas. Al darle la vuelta descubrimos una daga en su pecho. Y sus últimas palabras fueron:

» Pensé que podría haber vivido una vida normal, pensé que amaba el mar, que el brillo de los rayos del sol sobre las olas me hacia sentir feliz. Me hacia sentir vivo. Pero estaba equivocado. Pensé que la amaba y eso hice, pensé que no había brillo más hermoso que el de su mirada y ese fuego interno que sentía cuando la hacia reír, eso si que lo amaba por encima de todo. Ella era una parte de mí, y sin ella…ya no me siento vivo».

Tras esto, cerró sus párpados y se sumió en un sueño eterno, llevándose con sí el secreto de nuestra ruta.

 

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