Daily Archives: 10 febrero, 2014

808 latidos por segundo.

Voy por los pasillos, de clase en clase, los profesores se dan por satisfechos con su materia, aunque sin embargo yo no. Todo es ruido. Gente a mi alrededor todo el rato a todas horas. Agobio. Deberes. Un sin fin de estupideces. La cabeza me da vueltas como si de una noria se tratase. No aguanto ni un segundo mas, voy a explotar…Un momento. Le he visto, sí, le he visto. Me centro él como el eje de mi mundo y doy vueltas en mi noria imaginaria al igual que el planeta gira, ya no me puedo concentrar en nada mas. Dejo de oír ruido. Dejo de pensar. Dejo que mi mente se disperse imaginando las mil formas en las que nos pudiéramos besar. Tengo clase, debería moverme, pero mi cuerpo no reacciona. Mi corazón va a 808 latidos por segundo y solo has pasado a mi lado. Tiemblo tan solo con la sensación de tu movimiento cuando caminas sin más al lado mío. Eres sexy chico.
Ya te has ido, y contigo se va mi mirada. Me doy cuenta de donde estoy. Mi ataque al corazón ya ha parado, y tu has pasado y ni me has mirado. Soy tan idiota. Me gustas mucho demasiado. Vuelvo a la realidad y me doy cuenta de que llegó tarde. Otra vez he vuelto a perder el tiempo pensando en un posible nosotros sin ser nada. Me pasa a menudo, ya es costumbre en mí… Da igual, es mejor amar que no sentir.

La compleja simplicidad de la mente

Es muy habitual oír decir esa típica frase de «la mente del ser humano es muy complicada´´ y también es común poder demostrar todo lo contrario. Si, es cierto que aún no se tiene todo el conocimiento necesario de la mente,  que nos permite cosas tan esenciales como pensar pero ¿es totalmente real que somos tan complicados?  o ¿es nuestra mente, capaz de ser manipulada de una manera sencilla, complicamos  las cosas más fáciles? . Este podría ser un tema de especial interés para algunos y de aburrimiento para otros. Planteándolo, a primera vista, se puede creer que el cerebro, base de nuestro conocimiento y del saber, es poderoso y a la vez inmutable. Es ahí donde reside la barrera imaginaria entre lo que se puede llegar a creer que es y lo que, analizando, se descubre. Por un lado, es cierto que este complejo órgano, de gran importancia, es la base de todo, nos permite crear obras de arte,  dar rienda suelta a la imaginación, hacer experimentos,  preguntas sobre el mundo, avances científicos…y por otro lado, es el propiciador de locuras, miedos e incluso de lo que llegamos a creer sentir.  Lo más curioso es que procesos como la hipnosis, demuestra la simpleza de la mente, este proceso en el que un hipnotizador hace que el sujeto se quede en un estado inconsciente, hace ver como es muy fácil dejarnos llevar y lo permitimos porque, a pesar de lo que se llegue a creer, en la hipnosis no se hace nada que no queramos. No sólo con el proceso de hipnotismo, la publicidad, los discursos que muchas veces oímos antes de unas elecciones, algunas canciones o incluso los programas que están haciendo fama que juegan con el cerebro…todo es propicio para cambiar en un momento lo que creemos saber. Ya lo decían los grandes pensadores, no hay mayor ignorante que el que ignora que ignora. Con estas breves palabras, en una época más actual, es esa línea de pensamiento la que se plantea, ¿eres consciente de todo lo que puede influirte y lo aceptas o crees por el contrario que estás por encima de esos pequeños estímulos y no llegan a tu cerebro?,  mejor no me lo digas a mí, sigue la cadena de la compleja simplicidad y plantealo a quien quieras.

Color esperanza.

Frente al lago como siempre,  tú y yo,  fieles compañeros del silencio. El juego de las miradas también nos acompaña, en un día tan azul como tus ojos. Con un ligero cosquilleo en el estómago y la ilusión puesta en el momento, me acerco a tu oído para susurrarte un par de versos. Entre palabras,  te sorprendo con un lazo azul claro. -¿Qué es esto? – me preguntaste algo curiosa -el lazo que nos une- te respondí con ternura.

Tan bonita como el mar en verano me sonreíste, era lo que buscaba y lo encontré. La esperanza de tu sonrisa me decía que valía la pena estar ahí contigo. Con ganas de parar el tiempo me detuve un momento más a admirar el cielo en tu mirada, no me había equivocado, el amor también se encuentra a primera vista.

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