Daily Archives: 16 febrero, 2014

Todavía no se ha descubierto la brújula para navegar en la alta mar del matrimonio.

Érase una vez un barco llamado Casito, el cual perdió el rumbo y a bordo iba una pareja. Después de varias horas sin saber dónde estaban el barco llegó a una isla desierta. En la isla no había nadie, pero no era una isla virgen pues en ella habían restos de estancia humana. Carlos y María empezaron a investigar los restos y encontraron un mapa de la isla en el cual había marcada con rojo una cruz. Estaban perdidos a saber en donde así que decidieron ir de aventura en busca de lo que fuese que indicase esa cruz roja.

Primero tuvieron que atravesar una serie de montañas abruptas, después siguieron el curso de un río marrón por las turbulencias de la arena del fondo, y al final llegaron a un bosque. Lo atravesaron corriendo intentando huir del ruido áspero de las ramas y del canto amargo de los pájaros. Finalmente llegaron al punto que indicaba la cruz roja pero no había nada, ningún tesoro ni otra indicación, nada, absolutamente nada, solo tierra.

Estaban exhaustos y se sentaron bajo la sombra de un gran árbol al lado de un pequeño charco. Sin darse cuenta, se quedaron dormidos. Al cabo de un tiempo, los despertó el ruido mas espantoso que habían oído nunca, miraron hacia arriba y vieron a dos tucanes gigantes con picos del tamaño de una puerta y miradas asesinas. Huir, solo pensaban en huir y eso hicieron, corrieron, corrieron y corrieron hasta llegar al Casito, habían conseguido despistar a los tucanes y ahí estarían a salvo. Todavía tenían combustible así que partieron rumbo a lo desconocido, en la travesía encontraron un yate que les indicó el camino de vuelta a casa, la pareja se hizo amiga del dueño del yate, un hombre tan gordo, tan gordo, tan gordo como rico, que necesitaba dos sillas para sentarse y otra para poner su dinero. Cuando llegaron a la costa de la que habían zarpado, le contaron a otros navegantes lo que les había ocurrido y estos les dijeron que la cruz del mapa indicaba un lugar llamado: las narices del Diablo, por los extensos picos de los tucanes. Carlos y María nunca olvidarán su aventura en aquella isla, habían visto cosas inimaginables y se habían jugado la vida. Pensaron que esa experiencia mejoraría su relación, uniendolos más, pero no, todo lo contrario, empezaron a echarse la culpa de su extravío en alta mar. Carlos dejó a María y conoció a otra chica encantadora, la misma que haría que Carlos navegase por primera vez en su vida en el mar del amor, cosa que ni aun teniendo barco había logrado nunca con ninguna chica.

Maldito Bob.

Nada más sentarme me vibró el móvil. Un mensaje de un desconocido. En él solo venía adjunta una imagen. La abrí.
Edward-Hopper-4
Alguien estaba fuera espiándome… Me volví para ver si podía ver algo, pero como me temía no pude visualizar nada. Después de un minuto volvió a vibrarme el móvil. Esta vez era un mensaje de texto que decía «Solo queremos una cosa, tranquilo. Queremos matarte». Por más que quise impedirlo, mi corazón empezó a latir rápidamente. Sabía que no debía de haber hecho caso a Bob. Maldito Bob. Ahora iban a por mi. Dejé un billete de 50 encima de la barra, cogí mi chaqueta, me puse el sombrero y me fui. Solo había consumido un café pero me daba igual, no tenía tiempo para esperar el cambio. Fui corriendo hasta mi coche y me dirigí a mi casa. Nadie me perseguía, menos mal. Tras un cuarto de hora llegué a mi destino. Me bajé del coche y fui directamente al ascensor. Cuando estaba casi llegando, pensé que sería mejor ir por las escaleras. No quería correr el riesgo de que cuando se abrieran las puertas me llevara una desagradable sorpresa… Aunque estaba prácticamente seguro de que no estarían allí, cómo iban a saber dónde vivía. Subí rápidamente los 10 pisos que se encontraban antes de mi casa por las escaleras y cuando llegué arriba fui hacia mi piso. Pensé «Uf, ya estoy a salvo». Abrí la puerta. Acto seguido se me cayeron las llaves al suelo. De lo último que me acuerdo es del sonido de un disparo.

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