Una carta de amor muy atípica.

Si usted es el policía al que han convocado a tan hermosa escena, solo le digo que mi falta de pulso no se debe a ninguna de las personas de este barrio de mala muerte sino que es producto de mi propia cosecha. Pero en realidad esta carta va dirigida a otro ser, ser pues no es humano.  Te debo una despedida y la explicación de mi desaparición, cómo colapsó mi mundo y la carga tan pesada que dejó en mi pecho segundos después. Si usted no es ella, quédese lector, quédese y no me llame iluso pues le explicaré las sucias estratagemas de la muerte. Quédese para escuchar cómo me enamoré de tierras de hierba azul y elfas con oro por pelo.

Era un maldito lunes cualquiera en el que me llevaba las preocupaciones a casa y sobre todo, cansancio. No es de extrañar que me derrumbara en la cama nada más llegar. Y ahí empezó todo…

Me adentré en mis sueños pero esta vez era diferente, ¡cómo no!. Una especie de sueño lúcido según la información que he podido recopilar en mis breves instantes de vigía después de aquel momento. Jamás me sentí tan vivo. Desperté dentro de un sueño y además en un mundo bello llamado Erglaria. ¡Un mundo bello! ¿Se lo puede creer? En mi cabeza hay belleza, o había. Yo que pensé que ahí dentro era todo negro… Bueno, no me iré del tema. Corría. El corazón palpitaba y las endorfinas organizaban carreras a través de mis venas. Cada paso caía en suelo mullido de hierba tan verde que hasta dolía mirarla, el pelo de cada milímetro de mi cuerpo se erizaba hacia el cielo celeste y el aire puro se habría paso determinado hacia mis adentros. Y la razón del colapso de mi existencia se encontraba a unos pocos pasos de nube de mí.

Le juro que su belleza eclipsa hasta a la persona más dura.  Su piel era suave como la brisa, su pelo colgante como una cascada de oro y sus ojos… ¡Ay amada! Sus ojos eran perlas de mil colores. Me harían falta cien cartas para describirlos. No sé si se habrá mirado en el reflejo de un lago alguna vez pero imagine un arcoiris mientras tanto, imagine el brillo de los ojos de un niño cuando observa a su madre, imagine a una chiquilla que jamás ha escuchado un telediario y exhala vitalidad. Así eran.

Sus orejas puntiagudas debieron notar mi presencia y me cedió una sonrisa de luz al clavar sus… sus… La palabra ojos es inmerecedora… Ya sabe, al clavar en mi humilde persona esas perlas de mil colores. Me encontraba en el séptimo cielo y parecía que estuviera a punto de desmayarme cuando, de un salto, se puso de pie sobre la alfombra esmeralda y empezó a correr esbozando una sonrisa. Yo la seguí, no viviría si la perdiera…

Atravesamos una llanura de trigales en la que el sol no escatimaba en rayos. Rozaron la tela de mi pantalón y las palmas de mi mano se alzaron paralelas al trigo, sintiéndolos como las olas del mar. Seguíamos corriendo y mi corazón palpitaba más y más pero jamás llegué al cansancio ni de lejos al agotamiento que vivía cada día en mi vida.

Llegamos a un bosque con diminutas bestias que daban saltos sobre cuatro patas cuya tierra debía estar embrujada pues lo que se alzaba con timidez sobre ella, nacía azul y brillante. Mis ojos resplandecían como nunca lo habrían hecho al observar los edificios grises de todos los días. Me volvió a mirar y casi brotan cascadas de ellos. No están acostumbrados a tal belleza, amada, ni siquiera mis piernas pues tiemblan al fijar en mí esos dos luceros. Aparté mi mirada a los alrededores en busca de algo menos bello para no marearme pero aunque en verdad menos bello era el mundo, seguía palideciéndome el rostro. La hierba se tornaba de nuevo del verde doloroso descrito antes y acababa en un hermoso lago del mismo color debido al reflejo. Nos sumergimos para atravesarlo y sentí el frío que ocultaba, pero en ningún momento me desagradó, no como las duchas de cada mañana.

Después de un viaje en el que mi corazón palpitaba con viveza y mi respiración agitada negaba pararse, desperté en una caja sombría en la que los rayos del sol quedaban muy lejos de bañarla y aunque lo estaba haciendo, no sentía la sangre circular ni mi pecho se alzaba para milésimas después descender en un son marcado por la emoción. Lo único que sentía, amada, era una carga en mi pecho que se hacía más grande al percibir la realidad del asunto. Que todo era un sueño, que debía levantarme aún exhausto para tomar una ducha fría y observar los imponentes edificios grises con cristales empañados por humo de choche mientras me dirijo a un trabajo que me ha acarreado una depresión y me ha dejado sin fuerzas para luchar contra la rutina. Me levanté y mis rodillas flaquecieron. No como cuando la miraba, sino de negación de la realidad de mi yo interior. Y tirado en la soledad, con la mejilla en las baldosas del suelo frio, sollozé cual miserable.

Debí pasar allí mucho tiempo porque ya volvía a ser de noche cuando se cerraban mis párpados. El desmoronamiento de mi persona vino entonces cuando vi a los habituales de mis pesadillas acosarme, perseguirme y torturarme con mis mayores traumas. Desperté acalorado y empapado y eso se repitió tres noches más. Probé somníferos, probé a dormir todo el día, probé los más fuertes alucinógenos pero no la encontré. Me abandonó, amada. No se preocupe, todo el mundo lo hizo en algún punto. Hasta yo mismo. Sé que sobrevivir a base de pastillas es patético, sé que rendirse es para débiles y también que mi pesimismo envenena al que le llegan mis palabras pero confié en que usted encontrara algo positivo en mí o que no le importara que le hiciera unas cuantas visitas más para oler la hierba húmeda de Erglaria de nuevo. He esperado lo suficiente y le juro que no puedo más y solo hay una única huida que le queda a una mente cansada y rendida.

Yo dije “adiós” a todo tipo de cambio que me llevara a más allá de lo sórdido de la monotonía, pues mi mente lejos estaba ya de levantarse y luchar y al vislumbrar la imposibilidad de conseguir algo mejor que estaba justo en frente de mi cuerpo masacrado, la frustración me arrebataría la vida. Por ello me centré en el humo y no en los pájaros, en las nubes oscuras y no en el sol que ocultaba y mantenía la vista siempre al suelo por si me encontraba con la sonrisa de aquel que ha tenido un buen día. Pero de repente llegó usted, me arrancó el corazón y se lo llevó para no volver.

Me he obsesionado con que es real. Me tomó de la mano y era sólida, incluso notaba su calidez, así que confío en que llegue a usted esta carta a modo de explicación, despedida y muestra de mis sentimientos. Y si solo vive oculta en mi cabeza y jamás me deleitará con su presencia de nuevo, lea esto mientras lo escribo y espere su final tras una bala.

4 Responses to Una carta de amor muy atípica.
  1. Julio

    Esta carta de amor es espectacular. ¿Solo me lo parece a mí? Hay dos o tres cositas, siendo muy perfeccionista, pero que te lo digo porque la carta, al estar tan bien escrita, con dos o tres aspectos de estilo que seguro que si te los digo los ves, quedaría redondita. Así tal cual ya me parece estupenda y si sigues trabajando y disfrutando con las clases, esta carta la voy a elegir para publicarla en el libro que haré -si te parece bien, ya lo hablamos en clase-. Lo que me gustaría saber es quién eres de clase (pon solo tu nombre). Un saludo.

  2. daniel_segura_lorenzo1998@hotmail.com'

    Dan

    Sabía yo que lo ibas a hacer tan genial, me gusta como describes los detalles de la historia paso por paso mientras lo leía me lo imaginaba todo y si eso es tu carta de amor quiero ver lo que vas ha hacer en este taller, eres muy interesante Grin

    • yazminazm@gmail.com'

      Nymeria

      Muchiiiísimas gracias Grin Aún quiero modificarla un poco. A ver qué consejos me da Julio Cute Y yo también voy a seguir tu progreso en el taller leyéndome hasta cada coma de lo que escribas!(sin presión, eh jaja).

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