Daily Archives: 8 abril, 2014

Dormí dos años hasta abril

Me adentré en el cuarto de señoritas, huyendo de aquella sargento que solía vigilar esas noches despejadas de luna llena, heladas y solitarias.

En este tenebroso orfanato nadie se atrevía a husmear, ya que cualquier mínimo ruido podía llegar a ser un estruendo inexorable.

Parecía que todas dormían plácidamente, incluso me sentía cohibido entre tanta mujercita, en ese estricto lugar pocos conseguían entablar conversación con una chica, y si por casualidad divisabas alguna, lo podías considerar un fenómeno prodigioso. ¿He dicho algo que tu no recuerdes? Estaba totalmente asustado, me repudiaba la idea de enfrentarme al engendro perseguidor de cada sueño que me distinguía de los soldaditos acostados en sus camas bien adormilados, tenerla en frente e incumplir las ataduras, daría lugar a un escupitajo en su preciosa cara, de la que hoy puedo regodearme incontrolablemente, pero ese majestuoso movimiento finalizaría con unas consecuencias atroces.

Respiraba con cierta irregularidad, solo tenía que mantenerme callado y saldría airoso, pero al abrir mis párpados, vi la luz de una linterna apuntándome acusadora, y aparentemente, en este juicio, no poseía un abogado que recurriera a mi defensa.  Mi única reacción, según me contaste minutos después de los hechos, fue una expresión de corderito directo al matadero, inmediatamente surgió de lo más profundo de la oscuridad, una risa que se clavaba en cada milímetro de mi piel, sentí la vida, que contradiciendo a la naturaleza, me habían arrebatado mis padres, esa risa de una niña de quince años avivó una llama apagada en mi interior, tu risa. Sonreí tocándome el pelo un poco avergonzado, y a continuación, tu sabes que pasó a continuación.

En principio esa noche de primavera no era una reliquia para guardarla cuidadosamente en mi memoria, pero tu conquistaste esa y otras muchas partes de ese yo desconcertado, desorientado…

Cumplí los dieciocho, yo me alejaba de ese tenebroso infierno que tu calmaste y convertiste en un hogar, pero me iba solo.

Observé como tus lágrimas querían dejar de completarme, pues nadie me amaba más que tu, a pesar de ser consciente de ello, mis curiosidades me obligaron a conocer mundo y por lo tanto, subí una escalera que, a diferencia de mi, te quedaba grande, inalcanzable, prácticamente abstracta.

Hoy, después de dos años, exijo que sepas que leí cada una de tus cartas, cada mensaje oculto, ese “te quiero”, ese “te odio”, ese “te necesito”, que a simple vista, si no conociera tus efectos, la forma ligeramente desproporcionada de tus labios cuando te enfadas, tus ojos cariñosos que me cubrían las noches en los que eramos fugitivos de unas leyes que el corazón no obedecía, no hubiera sentido.

Nada consiguió que olvidara nuestra historia, aunque en nuestro último cara a cara te dijera que no recordaba ni una gota de aquel mar inmenso, te lo estoy demostrando, pero tarde.

Unos señores muy amables, con cierto desparpajo al hablar y una sonrisa con visibles intenciones, tocaron la puerta de mi casa, si hubiera sabido que dirían les hubiera cerrado de un portazo, pues me contaron que ya no vives, pero que iban a publicar un libro de cartas tuyo, en las que todas eran dedicadas a mi, por eso me pedían una respuesta para un final explosivo, no quise el dinero que ofrecían, no te traería de vuelta, por cierto, es abril.

Carta de un chico enamorado

Graciela.

Tal ves esto me este sobrepasando, no lo se, tengo mil y una cosas en la cabeza, tantos recuerdos, aquellas sonrisas que me entregabas que me hacían tan feliz, no aguanto más, quiero tenerte, como un día te tuve en mis brazos, no se que hacer, es tanta la presión que llevo encima.

Aun recuerdo esa sonrisa de oreja a oreja que ponías cuando veías a Flufly, te encantaban esos ojos enormes de gato loco, era nuestro Flufly y aquellas notas tan lindas que nos hacíamos cuando estábamos enfadados, siempre me sacaban una sonrisa y aun así no podía enfadarme contigo, o aquellas locuras que tanto odiaba , he de decir que en ti me encantaban, todas y cada una de ellas.

No me hace falta decirte lo mucho que te hecho de menos, salta a la vista ¿Verdad? Te amo tanto, se que tengo que seguir con mi vida, seguir adelante y luchar como tú siempre me decías y lo haré tenlo por seguro, pero antes tenía que desahogarme con algo, es que no aguanto más, tengo tantas cosas que decirte y tu ya no estas aquí.

En el funeral me quede hasta muy tarde ya, y lo peor fue que no pude formular ninguna palabra, tan solo una flor de loto en la mano. Como a ti te encantan tanto. Te la puse en la lápida, es tan idéntica a ti. Como ella, tu estas llena de luz y pureza, algo tan hermoso. Te quiero mi amor y daría todo por volverte a ver, seguiré sonriendo cuando estés en mi mente y en mis recuerdos, como cada uno de mis días.

Te quiere, Dilan.

Las velas y el amor.

      Es curiosa la historia de cómo escribí esto. Así en plan película. Una tarde de películas con mi madre. Se acerca la noche y me voy a dormir. Hasta que mi madre entra a la habitación, enciende dos velas y las deja en el suelo.

Las Velas

Todas y cada una de las velas son hermosas. Son la mejor prueba de que en medio de la oscuridad, puede brillar una luz que ilumine todo su entorno. Pero, si nos detenemos y lo pensamos, una vela no tiene la capacidad de encenderse sola. Se requiere de un elemento exterior que saque todo su potencial.

A pesar de haber millones y millones de velas diferentes, todas acaban encendiéndose de la misma manera. Existen velas altas y delgadas, al igual que bajas y gruesas. Las hay también de distintos colores, olores y formas. Pero todas se encienden de la misma manera. Pero, ¿qué es de aquellas que todavía no se han encendido? ¿Acaso es culpa suya? Todavía no se han encontrado con aquello que las enciendan. ¿Y acaso pierden la paciencia? No. Porque saben que llegará el cálido abrazo de una llama, que las amará incondicionalmente hasta que su amor se consuma.

Y es por eso, que toda vela merece ser encendida por el fuego, al igual que toda dama merece ser cortejada por un caballero.

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