Daily Archives: 19 abril, 2014

Veinticinco de abril

-“Estoy completamente harto, desbordado, disgustado, ¿No soy competencia para esa insolente, entrometida y estúpida mujer? Me arranco la piel por este departamento y ¿Qué es lo que le ocurre al ignorante de mi jefe? Subirle el sueldo a la morenaza sin experiencia, ¡Excelente! ¿La unica manera que consigo de expresar mi repentina felicidad? Arrojando todo este maldito papeleo estresante a la puñetera basura, ¿Por qué me debe de interesar conservar artículos que jamás han recibido la oportunidad de amanecer en una portada?

Me autorizo a reconocer que soy un brillante periodista incomprendido al que las malvadas alimañas de curvas cuidadosamente perfectas y piernas extremadamente largas, desean arruinar con sus tacones de aguja.”- Pensaba mientras me acomodaba en mi cariñosa silla.

Era una tenue luz lo que diferenciaba mi sección del resto, tal vez porque insistía en permanecer horas extra.

Adoraba la oscuridad de la planta número dos, y como poco a poco la claridad que emitía la pantalla del ordenador, se expandía hasta un cierto límite, ¿Lo demás? Consistía en un horizonte negro.

Normalmente no solía abandonar el edificio hasta que mis compañeros, cansados y agotados después de un largo día laboral, se esfumaban como la veracidad del culpable, y a todo esto he de añadir, que soy adicto al trabajo.

La soledad me permitía concentrarme, darle cuerda a las neuronas dormidas que ignoraban el bullicio de las ocho, si por mi fuera, patinaría felizmente a fabricar fragmentos de noticias a continuación de la salida de esos borregos que escriben sin pasión.

Mantenía mis manos sobre la cabeza y los codos totalmente pegados a la mesa intentando averiguar el acertijo para alcanzar el éxito, pero indudablemente fracasé, ese ruido molesto que pronunciaba palabras, me descentró.

-Buenas noches Señor Almagro, creía que estaba sola.

Sentía que era mi deber reaccionar, pues a pesar de la desagradable interrupción, deseaba lanzar una mirada fulminante de odio, no me apiadaría de aquellos ojos marrones, prácticamente negros.

Su expresión despreocupada reflejaba simpatía, pero su voluminosa melena, que caía como una ondulada cascada de chocolate en medio de la nada, me desafiaba.

-Como puede observar, dedujo incorrectamente ¿Señorita…?

Dio un insignificante paso hacia delante que me dejó completamente atónito, sus labios entreabiertos pintados con un delicioso rojo fresa, vestido negro ceñido a su figura y tacones a juego con su mirada, despampanante, pero yo controlaba el rumbo del barco.

-Ally, llámeme Ally. Si no le importa ¿Puede decirme por qué se encuentra aquí a estas horas? Simple curiosidad.

Rodeó la sala como una experta del dominio, yo era el pececillo perdido y ella un tiburón dispuesto a aprovecharse, sin embargo, ocultar mis impulsos era una virtud de años.

-Algo insuperable es la adrenalina cuando sientes la ansiedad de perfección, incomparable. ¿Trabaja aquí?

No permitiría la falta de respeto que estaba ocurriendo, no conocía a aquella muchacha, pero allí, detrás de mi, me rodeaba con sus largos y delgados brazos mientras expandía sus dedos recorriendo con ansias todo mi pecho, que a decir verdad, la camisa me estorbaba , era un adorno del momento. Situó sus delicadas manos en mis hombros y apretó cuidadosamente, luego condujo sus jugosos labios hasta mi oído para susurrar:

-Todos los hombres quieren experimentar lo que acaba de presenciar.  Aitor Almagro, me han asignado un trabajo con usted, empezamos mañana a las once en la cafetería Prados, por cierto, esto ha sido una demostración de lo que deseará pero nunca tendrá, no se enamore de mí – Me advirtió- Soy esa insoportable, entrometida y estúpida mujer a la que el ignorante de su jefe le ha subido el sueldo, por último, le daré un consejo: No piense en voz alta.

Boquiabierto la miré marcharse, ¿Quién se ha creído que es? Esto tengo que discutirlo con mis superiores, no me avisaron que me mandarían una niña provocativa para renunciar a la exclusiva condición que reclamé para aceptar el puesto de redactor: Me organizo y actúo solo.

Fue abrir los ojos para entender que había dormido en mis aposentos de trabajo, pero enseguida abrí el cajón y extraje una muda, no era la primera vez que me sucedía, ya que no tengo hijos ni mujer, ni si quiera una novia con la que compartir mis días.

No obtuve resultados, me aplicaba con Ally o me largaba de la empresa, me frustra bastante que no me den posibilidades para elegir, la chiquilla esa no tiene recursos para enseñarme a mi, un profesional.

De camino al encuentro con la Morenaza sin experiencia, me pregunto cómo sería tener que prescindir de lo único que ,me regala el coraje suficiente para enfrentar la vida.

Estaba sentada en un taburete de la barra, iba completamente diferente de la noche pasada, incluso me resultó familiar, llevaba unos vaqueros ajustados, unos tacones rosa chicle, una camisa de tirantes medio transparente blanca y una chaqueta marrón, de complementos usaba unas pulseras, unos pendientes rosas en forma de corazón con los bordes dorados, uñas pintadas de un rosa fuerte y el cabello recogido en un moño despeinado, pero le favorecía, a penas llevaba maquillaje, aún así, me resultó preciosa, también me percaté de que atraía hacia sí unos libros, pero de repente captó que la miraba, sonrió, se acercó rígida, diría que nerviosa, abrió mucho los ojos, suspiró fuertemente y pronunció:

-Feliz Cumpleaños Aitor… Supongo que puedo hacer de todo para que alucines en colores, mi nombre no es Ally si no Angie, espero que ahora me recuerdes, siempre has sido especial Dos por ciento- Ahora lo recuerdo todo, es ella, la chica que estaba colada de mi en todos mis años de instituto, era mi amiga, pero no la quería de ese modo. Me denomina dos por ciento porque tuve una temporada en la que yo decía que los ojos verdes los tenía un dos por ciento de la población, yo entre ellos. Ella continua hablando haciendo esos gestos que la caracterizaban, me doy cuenta, en realidad la echaba de menos.- Quiero vivir una aventura de detectives contigo, para eso debo abrirte mi mundo, igual que tu me enseñaste a jugar al baloncesto, intentaste explicarme las maravillas de la ciencia, lo importante de las matemáticas, tu sueño de llegar a ser medico, el amor que sientes por Dani, tu hermano, como bañas a Gora, tu perrita. Compartí contigo mis momentos tristes, felices, ¿Te acuerdas cuando llegué a casa después de ver una película de miedo y te quedaste conmigo, cuando para preguntarte si estabas bien te dije “di naranja si estás bien,” cuando permanecí a tu lado porque te dolía la barriga, cuando te dije que te tocaras la cabeza y a continuación el pié y que de ahí hasta ahí eras perfecto? Te quiero, mis hechos lo demuestran.

 

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