La joya de Nunca Jamás

El sol empezaba a salir rutilante aquella mañana en el país donde los niños seguían siendo niños, donde el tiempo estaba parado y el tic-tac de los relojes era silenciado, pero no por mucho tiempo. Un lugar mágico donde piratas luchaban contra niños, donde los indios mantenían el equilibrio de aquella preciosa isla y donde un hada un poco cascarrabias y celosa conseguía que los niños pudiesen volar. Muchos piensan que la mayor amenaza para Garfio es Peter Pan, pero…¿están seguros? Hay algo que le asusta aún más que un simple niño jugando a ser un héroe y ese, queridos amigos, soy yo, la mayor amenaza para todos los habitantes de Nunca Jamás…¿Qué pasaría si el chico que nunca creció creciera? ¿Qué pasaría si el tic tac del cocodrilo volviera a sonar? ¿Y si Garfio fuera un viejo y arrugado pirata? ¿Y si los niños perdidos se hicieran mayores? ¿Dejarían de creer en los cuentos, en las hadas, en Campanilla? Sí, son muchas las preguntas sin respuesta.

Aquella misma mañana llegué a las orillas de la Laguna de las Sirenas provocando un terrible temor a cada paso que daba, sin querer, claro; no soy mala persona. Solo paso, lentamente para aquellos que quieren que llegue un futuro – ya sea lejano o próximo- y rápidamente para las personas que andan siempre con prisas. Nadie me puede ver, tocar u oír, pero sí sentir. Pueden sentir mi presencia cuando recuerdan épocas pasadas y sienten que nada volverá a ser como antes.

Nunca antes había estado en este precioso lugar, y mira que soy viejo… Se podría respirar la juventud, las ganas de jugar y la inocencia de los más pequeños que juegan a ser mayores. No se parecía a ningún lugar que hubiese visto: la codicia de los hombres, la pobreza, las guerras, el sufrimiento de personas inocentes, la muerte… Aquí nada de eso existe. Era como un pequeño paraíso que pocos tienen la suerte de conocer.

Todos dormían excepto el capitán Garfio, que había despertado de una terrible pesadilla. Smee fue a socorrerle de aquellos sueños, pero era imposible calmarle, sentía que algo extraño y peligroso estaba sucediendo en Nunca Jamás. Su inquietud era yo, claramente, aunque aún no sabía de mi presencia. Se incorporó a duras penas, se sentía cansado y…¿viejo? Quizás solo fuesen paranoias suyas, o quizás no. Sintió la necesidad de mirarse al espejo, así que mediante gritos le exigió a Smee que le trajese uno. Con el espejo en las manos, su preocupación desapareció, se veía igual de guapo que siempre. Escuchó un fuerte estruendo, se levantó rápidamente de la cama y le gritó a sus hombres. Ellos asomaron sus huecas cabezas por las ventanas de su camarote y vieron una pequeña y brillante luz dorada propia de Campanilla. Asombrados, empezaron a recibir golpes por parte de Peter Pan y los niños perdidos mientras Campanilla discutía con Garfio:

— ¿Qué has hecho ahora, Garfio? — gritó indignada.

— ¿Yo? ¿Qué dices, insensata? — inquirió el capitán mientras Campanilla se acercaba más y más a él, transformando su luz dorada en un color rojo, algo parecido al de un tomate.

— ¿Qué qué pasa? ¿Has visto a Peter y a todos los niños perdidos? ¡Eso es lo que pasa!

Garfio se percató que en la dulce y suave piel de Campanilla había unas pequeñas arrugas, ¿por qué? ¿No se supone que las hadas no envejecen y que mueren cuando la gente deja de creer en ellas? ¡Claro, esto debe ser culpa mía! De pronto, en el camarote de Garfio aparecieron sus enemigos acérrimos, pero había algo distinto en ellos, podría llegar a decir que con un poco de esfuerzo conseguía ver el primer pelo del bigote de Peter. Garfio se acercó a los niños observándolos incrédulo, ¿estaban más altos? ¿No se supone que en Nunca Jamás la gente no crece? Ups…culpa mía de nuevo.

— ¡La joya de la Roca Calavera! — exclamaron Garfio y Campanilla a la vez compartiendo una mirada cómplice y asustada.

— ¿Qué es eso? — preguntó Peter confuso.

— ¿No se lo has contado? — Campanilla negó con la cabeza, estaba aterrada.— La joya de la Roca Calavera es la que consigue que no pase el tiempo, que todos permanezcamos jóvenes.— en ese instante Peter rió haciendo entender que Garfio no es lo que se dice un «chaval».

— Alguien tuvo que haberla robado.— comentó Campanilla pensativa.

— Si no han sido ustedes ni he sido yo…¿Quién fue? — dijo Garfio mientras paseaba por el camarote.

— Hablemos con los indios.— opinó Peter y a todos les pareció buena idea.

Llegaron volando al Campamento Indio y se dispusieron a hablar con el jefe y su esposa.

— Estábamos esperándoles, sabíamos que vendrían.— dijo el jefe indio mientras los llevaban a su tipi.— Mi tótem ha sido robado, esa es la llave para poder entrar en la Roca Calavera.

— ¿Quién ha podido ser? — preguntó el capitán Garfio preocupado.

— No lo sabemos, pero necesitamos polvo de hadas para poder averiguarlo.— comentó la esposa del jefe indio.

Campanilla aceptó la propuesta y la jefa india se dispuso a prepararlo todo para el ritual. Cogió plantas medicinales y los polvos de hada, creando con ellos una especie de mejunje, el cual tomó. A los pocos segundos empezó a tener visiones. Pudo ver como una sombra robaba el tótem mientras todos dormían y como, luego, tras coger la joya de la Roca se dirigía hacia una casa de Londres cuya ventana estaba abierta. ¿Quién podría ser? Fuera quien fuese era el causante de mi aparición en la isla.

La esposa del jefe, agotada, contó todo lo que había visto.

— ¿Una sombra dices? — preguntó Garfio — La única sombra que habita Nunca Jamás es la tuya, Peter. ¿No tendrás nada que ver en esto, verdad?

— ¡Y para qué querría yo que el tiempo pasase, Garfio! Además, hace días que mi sombra escapó, no sé nada de ella.— Peter se quedó pensativo durante unos instantes y, para cuando volvió a hablar, en su mirada había un brillo travieso y aventurero.— ¡Vayamos a Londres!

— Yo no puedo ir, tengo una tripulación a la que dirigir.— inquirió el pirata creyéndose importante, a lo que Campanilla le lanzó una mirada furtiva.— Vale, no me fio de la magia.—Campanilla se puso de brazos cruzados y ladeó el rostro, esperando otra respuesta.— Está bien… Me dan miedo las alturas.— dijo finalmente Garfio con tono avergonzado, causando una sonrisa en el rostro del hada.

Peter Pan y Campanilla se dispusieron a emprender el vuelo hacia Londres. Unos instantes después se encontraban delante de la ventana que la jefa india había descrito. Allí estaba su sombra, sentada con la espalda apoyada en la pared y con la joya entre sus manos, observando a los tres niños que dormían plácidamente en sus camas. Peter, ante el ladrido de un perro, cruzó el umbral de la ventana adentrándose a la habitación. El chico observó a la niña que dormía en la cama más cercana a la sombra, lo que no sabía era que este sería el comienzo de una nueva y apasionante aventura.

El joven se sentó al lado de su sombra y le preguntó curioso el porqué había robado la joya, a lo que ella le respondió que estaba cansada de la misma monotonía de siempre, que necesitaba vivir alguna aventura nueva, algo diferente y…¿qué mejor que llevarme a mí con ellos? Aquí todos me tienen en cuenta, pero en Nunca Jamás soy una novedad, y la sombra conoce al chico, sabía que haría lo que fuese para saber el porqué de mi presencia en esa preciosa y mágica isla.

La sombra, al ver como Peter se disponía a coger la joya, empezó a revolotear por toda la habitación a modo de juego consiguiendo despertar a la chica que dormía. Así fue como Peter conoció a Wendy.

Y esta fue la historia de mi corta, pero agradable – o al menos para mí -, estancia en el país dónde los sueños se hacen realidad, dónde siempre hay tiempo para una gran aventura y dónde aprendes a volver a ser un niño, si no pregúntaselo a mi amiga Wendy, que después de pasar por Nunca Jamás descubrió que no había prisa por crecer. Ahora Wendy, cada noche, deja su ventana abierta, esperando que algún día vuelva Peter en busca de su sombra y la lleve hacia la segunda estrella a la derecha y todo recto hasta el amanecer.

 

Ío Viera Herrera y Desirée Serrano Santana.

IES La Isleta.

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