NO SEAS COMO YO

Hijo mío, si estás leyendo esta carta, será, posiblemente, debido a que estoy muerto, lo que significa que no he conseguido llevar a cabo el último trabajo que era necesario para terminar nuestra misión, en la cual llevamos involucrados ocho semanas, y aprovecho ahora, que estás durmiendo, para escribirte.
Si alguna vez pensaste que yo quería más a tu difunto hermano Jimmy, que en paz descanse, no estabas en lo cierto, yo os quería a los dos por igual, pero si es verdad que a lo mejor, tal vez no os trataba por igual, yo no era consciente, tal vez porque eras el mayor, puede que esperara más de ti, o inconscientemente, porque en el fondo; sabía que eras como yo, y no quería que fueras como yo, no quería pensar en qué pasaría si llegabas al punto crítico al que hemos llegado por mi culpa.
No sé cómo hemos llegado a esta situación, echando la vista atrás, veo lo rápido que ha ido todo, estar en deuda con el capo más poderoso del mundo, Al-capone; por darnos un hogar. Empecé a realizar trabajos sucios, interrogatorios mediante torturas, tiroteos, luego llegó aquel momento, el asesinato de tu madre y tu hermano. No fue culpa tuya haber presenciado aquella escena, pero ese sucio traidor los asesinó por miedo a que dijeras algo, y fueron a por nosotros, no podría haberlo hecho sólo, tú estabas conmigo, eras mi responsabilidad, y te lo agradezco.
Te escribo ésto para decirte que no sigas el camino que yo elegí seguir, te lo aseguro, no fue el correcto, he hecho cosas inhumanas, he matado a muchos, varios de ellos inocentes, he matado a tantos que ya perdí la cuenta hace mucho tiempo, he arriesgado mi vida varias veces, y la de mi familia, y lo acabó pagando tu madre y tu hermano, que vivieron una mentira pensando que era vendedor. Has sufrido mucho por mi culpa, y me corroe por dentro no poder expresarlo con palabras y no poder tampoco demostrártelo por ningún otro medio existente, pero lo peor es tener que limitarme a decirte: “lo siento”.
Soy un monstruo, es en lo que me he convertido, un monstruo que no merece perdón de Dios, ni de nadie, ni siquiera el tuyo, soy incapaz de contar cuantos pecados he cometido a lo largo de mi vida, en todo lo que te estoy diciendo solo hay segura una cosa, que yo no veré el cielo, no podré volver a ver los rostros de nuestros seres queridos, por eso te digo, tu todavía estas a tiempo de salvar tu alma, puedes ver el cielo, nunca cojas un arma, nunca puede deparar nada bueno, por algo las carga el diablo.
Creo que he dicho todo lo que tenía que decirte, espero que no tengas que leer esto, porque significaría que podríamos seguir juntos y seguir con una vida mejor, bueno, creo que ahora debo despedirme, no se me dan bién las despedidas, solo te diré esto, cuídate, haz lo que creas correcto, se fuerte; aunque ya lo eres, y mucho, te quiero mucho hijo, no lo olvides nunca.
Adiós.

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