Daily Archives: 22 abril, 2014

Una carta de amor verdadero.

Hola cariño, ¿cómo estás? Seguro que bien, siempre has sido un chico fuerte.Como sabrás, esta carta no la escribí hoy ni hace unos días, ya que hace casi seis años que no estoy a tu lado. La escribí -bueno, mejor dicho- la escribo mientras estás en la cocina con tu padre preparando esos macarrones que te salen tan bien y a mí me encantan. Ahora mismo acabas de acercarte a mí corriendo, me has abrazado, me has dado un sonoro beso en el moflete acompañado de un “te quiero mami” y has vuelto corriendo a la cocina. No consigo evitar que las lágrimas inunden mis ojos y una sonrisa un poco amarga aparezca en mi rostro. Todavía no soy capaz de creer que dentro de unos meses no pueda inventarme cuentos donde tú eres el protagonista, no pueda comprarte chocolate a escondidas de tu padre o no pueda hacerte un hueco en mi cama cuando por las noches tengas pesadillas. Sé que papi cuida muy bien de ti, te quiere muchísimo. Quizás te preguntes porqué esta carta llega seis años después y precisamente hoy, en tu decimocuarto cumpleaños. La razón es que el seis es tu número favorito porque es el día que vienen los Reyes Magos. Recuerdo cuando te iba a buscar a la salida del cole y me contabas todo lo que te había pasado en el día relacionándolo con ese número y diciéndome: “Es que el seis es mi número preferido, mami” y luego sonreías. ¡Cómo voy a extrañar estas cosas ahí arriba! Pero esa es una parte de la razón, la otra es porque… crecer significa afrontar la muerte de tus seres queridos y creo que ya eres mayor. Posiblemente ya lo hayas afrontado, ha pasado mucho tiempo. Habrás tenido que crecer antes de lo debido por mi culpa, pero no te enfades, seguro que luché con todas mis fuerzas para poder quedarme a tu lado el mayor tiempo posible.

Es tan extraño escribirte esta carta estando tan cercas…

No sé si te has vuelto un rebelde o has seguido como siempre, pero lo que sí sé es que sabrás cambiar si eso es lo correcto. Bueno…no quiero alargarme mucho más, no creo que hayan cosas que no sepas. Quiero que seas muy feliz cariño y solo espero que esta carta te haya hecho llorar de felicidad y no de tristeza, ya que recordar es duro, y más cuando estás seguro de que nada volverá a ser como antes. Pero tú sabes que aunque no esté…ESTOY.

¡Ah! Una última cosa. Se me olvidaba decirte que sé que los abuelos últimamente están un poco insoportables, pero trátalos bien, para ellos esto está siendo muy duro. Y es que solo hay una cosa peor que tener cáncer y es que lo tenga tu hijo.

Te quiere y te querrá siempre con locura, tu madre.

 

Desirée Serrano Santana (IES La Isleta)

Carta de amor

Bruscamente me recosté en el respaldo de la silla y suspiré de alivio.
Había terminado de escribir una carta de amor, y fue más fácil de lo que me pareció en un principio, solo tenía que explorarme, sacar todo lo que sentía y escribirlo en una hoja de papel.
La carta era para la dulce chica de pelo rubio y largo, que veía en el parque todos los días, mientras ella me contaba lo que había hecho en la semana, y yo contemplaba, embobado, el iris negro como el azabache, que contrastaba con su pálida piel blanca, como la nieve.
Muchas veces había intentado explicarle mis sentimientos, pero cuando la veía, se me esfumaba la valentía, como si el viento me la hubiera quitado, para acobardarme y luego, en mi casa, regañarme internamente.
Por eso mismo me encontraba aquí, sentado frente a esta ventana que dejaba ver los verdes campos, iluminados por un hermoso atardecer. Sin embargo, yo no miraba aquello, sino un poco más abajo, sobre la mesa, un simple lápiz, y una hoja, en la que escribí con el corazón, la carta de amor.
Después de un rato de duda, me dispongo a leer, por primera vez, el resultado de lo que salió de mi alma…
“Querida Elena:
No sé cómo empezar, principalmente, por el hecho de que hay muchas cosas que explicar, y la mayoría son difíciles de expresar o de entender.
Nos conocemos ya desde hace un buen tiempo, y a lo largo de este me he dado cuenta, que siento algo, desde el primer momento en el que te vi aparecer. Aún me acuerdo, como te acercaste a mí con el propósito de darme un folio que se me había ido con el viento, y parado cerca de tus pies. Recuerdo como me miraste con esos ojos negros como el carbón que tanto me gustan, y me hablaste con esa melodiosa voz que nunca puedo quitarme de la cabeza.
Desde ese mismo instante supe que sentía algo, y que quería verte siempre, oírte, o incluso oler el intenso perfume a vainilla que llevas impregnado en la piel.
Siempre he pensado que la palabra “seguro” nunca es efectiva, ya que nunca se puede estar totalmente seguro de algo, pero, sin embargo, ahora mismo te puedo decir, sin cavilaciones ni duda alguna, “Estoy seguro que de ti me he enamorado”.

De: Steve”

Lucía González Denez

Aquí te amo

Ahí se acercaba ella, con su vestido que no le quedaba más largo de las rodillas, y yo aquí esperando, como una hoja mecida por el más ligero viento, temblando.
Ella era, es, el amor de mi vida, la persona que nunca podre sustituir, y en ese parque, con no muchos arbustos, con árboles con escasas hojas por la llegada del otoño, ella destacaba, con más dulzura en su pequeña figura, a pesar de sus altos pómulos y sus carnosos labios, llevaba las mejillas sonrojadas por la carrera, con sus trenzas medio despeinadas por el apuro y por el viento, pegada a su pequeña carita de castaños cabellos, que hacia contraste con sus ojos azules como el mar. Aunque tuviera los pómulos y ángulos de madurez marcados, sus pecas y su carácter la hacían más niña.
Nunca tuve la esperanza de llegarle al corazón, yo era demasiado larguirucho, y no tenía ningún aspecto especial, que me diferenciara o destacara de nadie, tenía el pelo negro y ojos marrones, labios gruesos pero pálidos y sin algún detalle en especial. Por eso me quede de piedra cuando vi su nombre en la pantalla de mi móvil.
Pero todo empezó meses atrás, cuando la vi entrar a mi casa.
-Perdón, ¿quién eres?
-Lo…lo siento. Estaba buscando a la señora de esta casa, la vi afuera, pero dijo que entrara y la esperara, que ya venía.
-Ah, claro, siéntate- Le dije mientras la conducía al salón, luego me quede contemplando tal belleza, hasta que se me ocurrió preguntar- ¿Quieres algo de beber…?
-Ana.
-Ana- saboreaba su nombre entre mis labios mientras lo pronunciaba- ¿quieres?
-No, muchas gracias…
-Dylan
-Dylan…-que bien sonaba mi nombre pronunciado por su dulce voz-
Y en eso empezó todo, empezamos una conversación, hablando de nuestra vida de adolescentes, nos hicimos amigos durante mucho tiempo. Me enteré de que ella vino de viaje, durante un largo tiempo, cuatro años. Nos llevábamos muy bien, congeniábamos en todo, pero un día se separo, y no me hablo, me evitaba y poco a poco, se fue alejando.
Y aquí me encuentro, en este parque; ella se acercaba a paso lento y cauto.
Cuando llego a mi lado no pude hacer más que recordar la conversación.
-Hola
-Hola- le dije y se produjo un largo silencio, hasta que ella suspiro y me atreví a preguntar-¿Por qué llamaste?
-¡Oh! sí, claro, tengo que decirte algo muy importante.
-Claro, dime.
-No, aquí no, en persona.
-¡Ah! Claro, ¿en dónde?
-Emm… ¿podemos quedar dentro de… media hora? ¿En el parque?
-Oh, claro. Te espero.
-Adiós
-Adiós
Esa fue nuestra pequeña conversación, tenía la voz apagada y débil… triste.
Cuando llegó se produjo un incomodo silencio, a lo que yo carraspeé, haciendo que ella empezara a hablar.
-Hola, necesito decirte algo, pero quiero que te sientes.
-Vale
En un desesperante silencio nos acercamos al banco más cercano, donde nada más sentarnos nos miramos intensamente. Sus ojos se cristalizaron, aguaron.
Las gotas que amenazaban con salir de sus ojos no llegaron a salir, no antes que me dijera esa frase. Esa que no quería que saliera de sus labios, esa que tanto me atormentaba porque era un hecho, iba a ocurrir, claro que no tan pronto.
-Me voy, vuelvo a mi país-Y empezó a llorar.
No sentía nada, no oía nada, no pensaba en nada.
Lo único que se repetía una y otra vez era esa frase, lo único que sentía era esa daga que se clavaba dentro de mí, y que se hundía, y se hundía, y retorcía.
Solo tome una decisión, debería haberlo hecho antes. Le toque el hombro mientras mi cabeza repetía <<valor, valor, valor>> Ella se dio la vuelta <<valor, valor=””>>.
-¿Qué pasa?- <<valor, valor, valor>>- Lo siento.
Y eso fue lo último que dijo mientras me acercaba a ella, justo antes de unir sus labios con los míos, justo antes de esa palabra se repitiera en mi cabeza, <<valor>>.
No me sorprendió haberlo hecho, momentos desesperados requieren medidas desesperadas. No me sorprendió que ella pusiera una expresión interrogante mientras me acercaba a ella. Lo que si me sorprendió fue que ella siguiera con esta nueva sensación, me sorprendió que le gustara.
Este era un momento dulce, increíble, nuevo para mí. Pero todo lo bueno acaba, así que cuando nos separamos se me escapa de los labios:
-Aquí te amo.
Ella no hizo más que llorar y volver a besarme.

Historia de detectives

-¿Cuanto dices que te desapareció?
-Diez euros, y ayer cinco. Pero también desapareció mi tarjeta de crédito, que es lo que más me importa. – Moisés parecía angustiado, que era lo más normal, ya que hacía muchos años que trabajaba allí a diferencia de las tres chicas nuevas, y nunca había pasado nada parecido, los robos no eran algo usual en el restaurante, y menos a los empleados.- Lara, no te llamaría por cualquier tontería, pero esto pasó cuando estaba trabajando, por eso te aviso.
-Bueno, no te preocupes, voy a aclararlo, mañana lo hablaremos con calma.
Colgué, mientras pensaba en lo que me había dicho. Me extrañaba que se lo hubieran robado en el trabajo, más bien se le debería de haber caído, pero un robo era extraño.
-¿Qué pasó, mami? -Leah era mi hija mayor, su curiosidad era una de sus mayores defectos, o virtudes.
-Dice Moisés que le desapareció quince euros, y una tarjeta de crédito- Leah abrió los ojos como platos.
-Pues a Cristal también, pero veinte euros.- Cuando Irina, mi hija menor, me dijo eso, me quedé de piedra, Cristal era una de las chicas nuevas que trabajaban en el restaurante- Estaba yendo a su casa, y me dijo, “Irina, ¿sabes algo de veinte euros? Cuando fuiste a poner el dinero en mi bolso, ¿no agarraste nada? No te preocupes, yo no le digo nada a nadie”.
-Y tú, ¿agarraste algo?- Le pregunté
-No, nada, y se lo dije. Pero ella me siguió preguntando, o si vi a alguien, o si Leah o yo habíamos tocado algo,… Pero no sé nada, mamá.
Enseguida agarre el móvil y marque el numero de Cristal. Al tercer tono, contestó.
-¿Lara?
-Hola Cristal, una pregunta, ¿qué es eso que me contó Irina sobre veinte euros?
-No, nada, que hay veinte euros que me desaparecieron, pero no te preocupes, son cosas de niños, no pasa nada…
-No, es que Irina no fue, ella no tiene nada. Pero a Moisés también le desaparecieron cosas.
Hubo un largo silencio, en el que tuve tiempo para pensar. Al final decidí que lo mejor sería hablarlo con todos.
-Mira, mañana procura venir puntual, que vamos a hablar con todos, a ver qué está pasando.
Nada más colgar le envié un mensaje a Moisés, y a las chicas nuevas, Ángela y Alina, por último hable con mi marido, Dante. No podía permitir que sucediera esto en mi restaurante.
A la mañana siguiente los tenía a todos sentados alrededor de la mesa, esperando a que alguien empezara, así que hablé.
-Vamos a ver, a Moisés y a Cristal les están faltando dinero, y tiene que haber pasado aquí, ya que entran con el dinero, y salen sin él. El dinero estaba en los bolsos, que se guardan en el almacén, así que tiene que haber sido alguien que tuviera acceso al almacén.- Me quedé mirándolos a todos, esperando que hicieran algo. No tuve que esperar mucho, ya que enseguida Alina me dijo:
-Lara, a mi me han faltado diez euros.
Miré a Ángela. Ella era la sospechosa en este momento, pero nunca me lo hubiera esperado, ella era muy buena, pero sin embargo, ella era sospechosa, y además no le habían robado nada.
-Es que yo no traigo dinero.- Parecía nerviosa
-¿Y cómo vuelves a casa en guagua?-Acusó Alina.
-Pues, porque tengo un bono de guagua.
-Ángela, no te preocupes, voy a encontrar al culpable.
Sabía que ella no podía ser, su cara de sorpresa al principio de la reunión me lo dijo todo. La conocía desde hace tiempo, y la descartaba, al igual que a Moisés. Solo me quedaban Cristal y Alina.
Veo a Cristal, que se acerca y me dice.
-Hay algo raro, a mi Alina me dijo que le habían quitado veinte euros, no diez.
Me había quedado sin palabras, así que asentí, y le indiqué que siguiera trabajando, mientras me iba a la cocina y empezaba a pensar, pero mi tiempo de reflexión no duró mucho, ya que entró Moisés, diciéndome que le habían llamado del banco, que habían utilizado su tarjeta en una gasolinera, y que mañana podríamos ir a preguntar si tenían cámaras de video. Además tenía que acompañarlo.

Estábamos frente al señor de la gasolinera, explicándole por que necesitábamos ver las grabaciones, a lo que él no se opuso, y nos llevo a un cuarto donde estaban las cintas de seguridad. Eligio una y nos la mostró. Le indicamos la hora que nos dijo el banco, y efectivamente aparecía una mujer, que se giro lentamente, dejándonos ver el rostro de Alinda.

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