Historia de detectives

-¿Cuanto dices que te desapareció?
-Diez euros, y ayer cinco. Pero también desapareció mi tarjeta de crédito, que es lo que más me importa. – Moisés parecía angustiado, que era lo más normal, ya que hacía muchos años que trabajaba allí a diferencia de las tres chicas nuevas, y nunca había pasado nada parecido, los robos no eran algo usual en el restaurante, y menos a los empleados.- Lara, no te llamaría por cualquier tontería, pero esto pasó cuando estaba trabajando, por eso te aviso.
-Bueno, no te preocupes, voy a aclararlo, mañana lo hablaremos con calma.
Colgué, mientras pensaba en lo que me había dicho. Me extrañaba que se lo hubieran robado en el trabajo, más bien se le debería de haber caído, pero un robo era extraño.
-¿Qué pasó, mami? -Leah era mi hija mayor, su curiosidad era una de sus mayores defectos, o virtudes.
-Dice Moisés que le desapareció quince euros, y una tarjeta de crédito- Leah abrió los ojos como platos.
-Pues a Cristal también, pero veinte euros.- Cuando Irina, mi hija menor, me dijo eso, me quedé de piedra, Cristal era una de las chicas nuevas que trabajaban en el restaurante- Estaba yendo a su casa, y me dijo, «Irina, ¿sabes algo de veinte euros? Cuando fuiste a poner el dinero en mi bolso, ¿no agarraste nada? No te preocupes, yo no le digo nada a nadie».
-Y tú, ¿agarraste algo?- Le pregunté
-No, nada, y se lo dije. Pero ella me siguió preguntando, o si vi a alguien, o si Leah o yo habíamos tocado algo,… Pero no sé nada, mamá.
Enseguida agarre el móvil y marque el numero de Cristal. Al tercer tono, contestó.
-¿Lara?
-Hola Cristal, una pregunta, ¿qué es eso que me contó Irina sobre veinte euros?
-No, nada, que hay veinte euros que me desaparecieron, pero no te preocupes, son cosas de niños, no pasa nada…
-No, es que Irina no fue, ella no tiene nada. Pero a Moisés también le desaparecieron cosas.
Hubo un largo silencio, en el que tuve tiempo para pensar. Al final decidí que lo mejor sería hablarlo con todos.
-Mira, mañana procura venir puntual, que vamos a hablar con todos, a ver qué está pasando.
Nada más colgar le envié un mensaje a Moisés, y a las chicas nuevas, Ángela y Alina, por último hable con mi marido, Dante. No podía permitir que sucediera esto en mi restaurante.
A la mañana siguiente los tenía a todos sentados alrededor de la mesa, esperando a que alguien empezara, así que hablé.
-Vamos a ver, a Moisés y a Cristal les están faltando dinero, y tiene que haber pasado aquí, ya que entran con el dinero, y salen sin él. El dinero estaba en los bolsos, que se guardan en el almacén, así que tiene que haber sido alguien que tuviera acceso al almacén.- Me quedé mirándolos a todos, esperando que hicieran algo. No tuve que esperar mucho, ya que enseguida Alina me dijo:
-Lara, a mi me han faltado diez euros.
Miré a Ángela. Ella era la sospechosa en este momento, pero nunca me lo hubiera esperado, ella era muy buena, pero sin embargo, ella era sospechosa, y además no le habían robado nada.
-Es que yo no traigo dinero.- Parecía nerviosa
-¿Y cómo vuelves a casa en guagua?-Acusó Alina.
-Pues, porque tengo un bono de guagua.
-Ángela, no te preocupes, voy a encontrar al culpable.
Sabía que ella no podía ser, su cara de sorpresa al principio de la reunión me lo dijo todo. La conocía desde hace tiempo, y la descartaba, al igual que a Moisés. Solo me quedaban Cristal y Alina.
Veo a Cristal, que se acerca y me dice.
-Hay algo raro, a mi Alina me dijo que le habían quitado veinte euros, no diez.
Me había quedado sin palabras, así que asentí, y le indiqué que siguiera trabajando, mientras me iba a la cocina y empezaba a pensar, pero mi tiempo de reflexión no duró mucho, ya que entró Moisés, diciéndome que le habían llamado del banco, que habían utilizado su tarjeta en una gasolinera, y que mañana podríamos ir a preguntar si tenían cámaras de video. Además tenía que acompañarlo.

Estábamos frente al señor de la gasolinera, explicándole por que necesitábamos ver las grabaciones, a lo que él no se opuso, y nos llevo a un cuarto donde estaban las cintas de seguridad. Eligio una y nos la mostró. Le indicamos la hora que nos dijo el banco, y efectivamente aparecía una mujer, que se giro lentamente, dejándonos ver el rostro de Alinda.

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