Daily Archives: 25 abril, 2014

El cadáver de la esquina de las avenidas

Pues me han matado. Hay que joderse. Ya me lo parecía a mi, que todo iba demasiado bien. En cuanto te parece que todo es de color rosa y que tienes dinero, amor y no me acuerdo qué más (que estás en chachilandia, vamos); la cagas. Me confié mucho y ahora estoy aquí, desangrándome, con un pedazo de puñal clavado en la espalda; en el cruce de las avenidas “De América” y “De Los Reyes Católicos”. No me explico por qué han traído mi cadáver aquí, si me mataron en otra parte…
Para despistar, supongo. A lo mejor la pasma (nunca me acostumbraré a llamarlos “policía”) piensa que la asesina es la doña.
Resumiendo, que yo estoy muerto y es muy probable que encarcelen a una mujer que me cae bien. Si es que esos, si tienes antecedentes penales, te meten en el trullo pero en dos segundos. ¡Me dan ganas de mandarlos a todos a tomar por culo!

Para saber por qué acepté este trabajo de detective, hay que entender mi situación. Me acababan de desrejar y no tenía ni puta idea de qué hacer. Mi abuela me daba periódicos para que buscase ofertas de empleo, pero con esta crisis que si quieres arroz, Catalina. Yo tampoco ponía mucho de mi parte; solo me fijaba en el aumento de la criminalidad callejera y la corrupción política. Eso me dio una idea. Y para una que tenía, no iba a desaprovecharla: me hice detective corrupto.
Cuando me encargaban un caso de robo buscaba al culpable y cuando le tenía cara a cara le decía que si quería salir bien parado bastaba con que me diese más dinero del que me ofrecían mis clientes. Si estaban verdaderamente asustados, hasta me daban algo de yerba.
Si se les perdía una mascota, compraba otra parecida en el mercado negro a precio de saldo y les decía que no había encontrado a su bicho, pero que les había traído otro. Y se quedaban tan contentos. El truco era ser honorable y hacer las cosas bien de vez en cuando, para no levantar sospechas.

Mi confidente era la doña, la dueña del tugurio entre las avenidas “De América” y “De los Reyes Católicos”. Que buenorra estaba. Si le pagabas una pequeña propina, te dejaba que le tocases las tetas, y si le pagabas un buen fajo te llevaba a la trastienda y te dejaba tener sexo con ella. Que puta.

Bueno, pues un día me encargaron un caso serio. Ya tenía cierta reputación en el barrio, y la pasma vino a pedirme ayuda. Resulta que alguien estaba robando obras de arte en museo, y no tenían ni puta idea de quién podía ser. Cuando me dijeron la recompensa por coger al ladrón se me calló el puro de la boca. Eso ningún ratero de tres al cuarto podía igualarlo ni superarlo. Les dije que me pondría en el caso inmediatamente, y baje al bar.

Ojalá no lo hubiese hecho. La doña me dijo que algunos hablaban sobre que le habían quitado las cadenas al Tirano. Joder, joder, jodeeeeeer. Mierda. Estoy MUY jodido. Cuando hacía unos años me metieron entre rejas, empecé a “cantar” todo lo que sabía. Investigaron lo que dije y atraparon al Tirano. Y creo que estaba un poco contrariado por eso.

Vale. Si le habían soltado, tenía dos noticias: primero, tenía que contratar a un guardaespaldas. Y segundo, ya tenía al ladrón del museo: el Tirano traficaba con obras de arte. Fui a chivarme a la pasma, pero me dijeron que necesitaban pruebas (vídeos, fotos, un chivato…). Total, que tuve que agarrar una cámara e irme a la parte trasera del museo.

La vida me iba muy bien (mucha pasta, putas, yerba,…), pero todo lo que sube baja. Vamos, que te jodes cuando menos te lo esperas.

Estuve todo el día esperando a que se hiciera de noche y cerraran el maldito edificio. Estaba helado, en una esquina.

Al final se hizo de noche y cerraron. Pasaron 2,3,4,5 horas. Cuando me iba a marchar, oí un ruido. Me metí entre los arbustos y observé la escena. Unas personas estaban sacando algo por la parte de atrás. Saqué la cámara y empecé a sacar fotos.

Se me había olvidado quitar el flash.

Ya se imaginan lo que pasó: se giraron y corrieron hacia mi, eché a correr, me atraparon, me reconocieron, me apuñalaron… No es algo que de ganas de recordar.

Y luego me trajeron a la esquina donde se juntan la “Avenida de América” y la “Avenida de los Reyes Católicos”.

Tengo ganas de fumarme un puro, en lo que esa luz al final de túnel se hace más grande. Pero (mierda) me dejé el paquete en casa y no tengo fuerzas ni para gemir.

El robo

Notaba como un enjambre de avispas me picaba por todo el cuerpo. Intentaba espantarlas,
pero se burlaban de mi. Eché a correr y empecé a caer, caer, caer… El viento me helaba las manos y las piernas, hasta que caí a la lava y me empecé a quemar.
Me desperté de golpe, sudando. Solté un gemido. “Mierda”. Solo me faltaba esto. Un
catarro. Cojonudo. Me sorbí los mocos, me levanté, me soné y fui al ordenador. Volví a mirar la página que tanto me atormentaba:

“La adolescente María Domínguez Sánchez ha sido detenida por el presunto robo de varios
objetos de valor pertenecientes a su tío, don Marcos Rodríguez Sánchez. El robo fue cometido durante la mudanza del señor Rodríguez, recientemente trasladado a las afueras por motivos de salud. “El pobre hombre se enferma a cada rato,” relata Juan Pacheco Aviedo, novio de la detenida “siempre estaba sonándose y tosiendo.” Cuando los hombres de la agencia de mudanzas abrieron el camión y sacaron los objetos embalados se percataron de que una de las cajas estaba abierta. En esa caja se encontraban: un candelabro, un par de guantes de boxeo firmados por Sylvester Stallone y un jarrón de la dinastía Ming. Todos esos objetos poseían un gran valor económico, y fueron obtenidos por el señor Rodríguez tras varios años participando en subastas benéficas y otras. El último personaje que se acercó al camión ( y por tanto a la caja) fue la señorita Domínguez, la tarde anterior a la partida. La policía la mantiene bajo arresto por considerarla sospechosa. “Tiene que ser un error,” comenta el señor Rodríguez “tengo plena confianza en mi sobrina. Estoy seguro de que ella no fue.””
Miré la pantalla del ordenador. Decidido. Llevaba varios días planeándolo. Aparté la vista
del artículo periodístico y me vestí. Investigaría por mi cuenta. Por las averiguaciones que había hecho a lo largo de las semanas anteriores, podía hacer dos cosas: Podía hablar con el novio de mi sobrina.
O ir a tener una breve charla con mi sobrina en su nuevo apartamento en el que estaba bajo arresto domiciliario.
Decidí empezar por la primera opción, ya que por el momento era lo mas sencillo. Cogí el coche conduje hasta la casa de Juan. Toque cuatro veces a la puerta. Su madre la abrió y me permitió el paso.-¿Está Juan en casa?
-Sí. Espere que le aviso.
-Gracias.
Unos instantes después Juan bajo por las escaleras,
-Buenos días Don Rodríguez.¿Qué tal está?
-Bien gracias por preguntar, querría hacerte un par de preguntas.
-Ok ningún problema.
Los dos tomamos asiento y empece con las preguntas:
-¿ Tú crees en verdad que tu novia, osease mi sobrina, me ha robado?
-No creo, además, ella estaba con usted colocando los muebles cuando se dio la alarma.
– Vale, ¿sabes de alguien que pudiera haber cometido el robo?
-Lo siento pero no tengo ni idea.
-¿Podrías decirme que hiciste la noche anterior al suceso?
-Estuve un rato con su sobrina y después me fui con mis colegas.
Seguí haciendo preguntas durante unos veinte minutos más.
-Bueno, eso era todo, gracias por tu colaboración Juan.
-De nada, y suerte con su investigación Don Rodríguez.
-Gracias, hasta luego.
-Adiós cuídese.

Como no me había servido de mucho la entrevista a Juan pensé Que era preciso pasar al plan
B. Tendría que hacerle un par de preguntas a María, a ver si me podía aportar algo que demostrara que era inocente.
Fui a el apartamento, pidiendo permiso a la policía antes por supuesto.
-Buenos días cielo
-Hola tío Marcos.
-Veras, quiero demostrar que tu no eres la culpable del robo, y quiero hacerte unas cuantas preguntas.
-Vale, gracias.
-¿Sospechas de alguien?
-No tengo a nadie en mente.
-¿Qué hiciste la noche anterior?
-Tú lo sabes fui a tu nueva casa.
-Me gustaría que me lo contaras con el máximo detalle posible por favor, ¿Viste algo sospechoso?
-Ahora que lo mencionas, creo que si, cuando pasaba por la ermita del pueblo, vi a una grupo de
chicos merodeando.
-Un momento,¿no estuviste antes con tu novio?
-¿Con Juan? No. Él estaba haciendo un trabajo de sociales para clase.
-Eso es todo lo que quería saber, gracias.
-Que vas a hacer tío.
-Nada en especial, tu espera, pronto saldrás de aquí. Adiós.
-Chao.

Salí del apartamento y me metí en el coche. “Así que Juan mintió”. Luego iría a hablar con él, pero ahora tenía otra cosa que hacer: en ambos relatos se mencionaba una mezquita. Yo la conocía, a veces pasaba enfrente cuando iba al campo.
Por fin llegué. Me bajé del coche y entré. Estaba en ruinas, con el tejado semiderrumbado y las ventanas tapadas por unas tablas clavadas de forma apresurada. Por dentro estaba llena de grafitis y latas de cerveza. “El lugar idóneo para una reunión de adolescentes”. Miré por todas partes, intentando ver algo fuera de lugar. Nada. Todo parecía jodidamente igual. Cogí una lata y, frustrado, la tiré contra una pared. “Espera, ¿qué?”. Había sonado a hueco. Me acerqué a la pared y le di un puñetazo. Hueco. Intenté mover el bloque de granito más cercano. Se movía, en poco tiempo lo había sacado de su sitio. Metí la cabeza por el agujero, descubriendo una habitación en penumbra. Encendí mi mechero (si el médico se entera de que fumo, me mata) y alumbré el cuarto. Dentro estaban un candelabro, unos guantes de boxeo con algo garabateado y un jarrón con dibujos de flores y dragones. Sonreí. No me di cuenta, pero estaba llorando. Mi sobrina era inocente. El culpable era… Noté un horrible dolor en mi hombro y un estridente sonido en mis oídos. Me volví. Mi hombro sangraba, estaba medio sordo y Juan me miraba con un revólver. Sonreía.
-Adiós, viejo.

El siguiente disparo le acertó en el corazón.

Olmo Nauzet García González
Andrés Crespí Domínguez
Lucía González Dénez

 Scroll to top