Mi Comunidad de Escritura

Daily Archives: 9 mayo, 2014

En aquel lejano lugar

No sabía como. No sabía por qué. El caso es que ella estaba allí, para bien o para mal ese dulce aroma a vainilla embriagaba todos mis sentidos. En aquel lejano lugar con las casas bañadas de un tono gris y el manto negro de la catedral como guardiana del tiempo. Era fácil perderse por las calles de esa misteriosa ciudad. Esa hermosa mujer de lento caminar, que pasaba por el parque de la fuente y admiraba la naturaleza a su alrededor, con sus ojos de toque caramelizado reflejaba las ansias de encontrar algo. Desde el banco donde la veía era fácil imaginar la vida de otra manera. No sólo por esa encantadora mujer que llamó mi atención, sino por todo en su amplitud. En esa tarde tan cálida, con pequeñas gotas que caían ante mis ojos, solamente me apetecía relajarme y ver el mundo pasar a mi alrededor. Descubrir por qué los filósofos disfrutaban tanto de la naturaleza, pensar sobre la vida y lo más importante, ver el mundo de verdad. La gente se identificaba bastante bien, algunos estaban como yo perdidos en su mundo escuchando una balada romántica, otros, con más suerte, se encontraban con sus parejas o familias paseando y pasando una fría tarde de ese inicio de verano. Los restantes eran paseantes de la vida, unos que en soledad iban con prisas y agonías, otros que estaban acompañados y no se daban cuenta porque realmente no querían estar ahí. En definitiva, mirar por un momento a mi alrededor me hizo darme cuenta de la variedad, de la verdad de las personas. Esa misteriosa mujer con labios rojo pasión, esa gente con tanta variedad de acciones y mi propia persona en ese pequeño banco del parque manifestaban una realidad, allí estaba yo, en un mundo casi de juguete, con personajes de toda clase llamados personas.

A destiempo

Las campanas del gran gabinete se pierden en el bullicio de la ciudad; el tintineo es indiferente para la pareja de jóvenes que ha perdido, desde hace un rato, la noción del tiempo. Una mujer esbelta y cuidada ahoga en los adoquines de la plaza sus tacones de plataforma, mientras corre detrás de su hijo pequeño, subido a uno de los muros que rodean la fortaleza de la infancia. Apenas se percata de que su reloj de muñeca se le ha caído. Hasta el cielo sube el olor de la variedad, protegido por una lluvia tímida e insolente que ha salpicado las lentes de un anciano, que ha perdido la oportunidad de cruzar al otro lado de la calle. Para él, la curvatura del tiempo no es ya una preocupación. La gran bóveda se ha trasformado en una paleta divina de tonos azules y grises, y no apremia la llegada de la noche. Las palmeras aplauden, como sorprendidas, la cadencia de dos caminantes extranjeros cautivados por el entorno y por el sabor de unos besos de nicotina que se intercambian. Ajena al amor, deambula el cuerpo ajado de una muchacha, sombra de sí misma, que busca entre la multitud un motivo, o varios, para que su tiempo no se detenga. Una hilera de coches apurados rodea la plazoleta, cuyo corazón está tomado por una corte de renacuajos que ignoran el paso de las horas.

Los minutos laten de una forma diferente en cada rincón de la ciudad. Pero es común que entre latidos y campanadas, pase la vida.

Una tarde en Vegueta

Es un fresco día de principios de mayo, y estamos en la azotea de la Biblioteca Insular, en Vegueta. Desde aquí se oye el viento ulular: <shhhsshh>.

De esta manera, nos es posible notar el pacífico ambiente en el casco antiguo de la ciudad de Las Palmas.
En la Alameda de Colón, una plaza cercana, se pueden vislumbrar unos árboles y algunas palmeras, cuyas ramas se mueven produciendo un sonido similar al de unos folios siendo agitados.

Al pie de las palmeras hay bancos de madera en los que una pareja de enamorados se sienta. Él con una camisa roja y ella con una blusa amarilla, se sienten muy relajados estando rodeados de tanta tranquilidad.

Parecen tranquilos, pero de repente se oye una música extraña, como una marcha fúnebre. Se sobresaltan, aquello es inusual. Ven una silueta negra con un objeto en la mano. El sol la alumbra por fin, y resulta ser un músico callejero que toca el violín. No hay nada que temer.

Un rato después, una vez recuperados del susto, ven a un hombre echándose una siesta reparadora en otro de los bancos que allí había, donde ese señor de aspecto desaliñado y sucio dormía cual lirón. Luego, observan a un niño, que está gritando de alegría y júbilo mientras juega en el parque.

Todos ellos perciben el aroma de unas flores de la amplia calle de enfrente, donde hay un edificio administrativo.

El piar de los pájaros sobre las copas de los árboles da un ambiente más natural a las dos plazas. Pero el olor del petróleo y el ruido de los coches que lo expulsan es lo que lo arruina, ¡es antinatural!.

Se nota el temblor de cada movimiento, sobre todo de los coches y las personas. Tampoco hemos pasado desapercibido el olor de la comida en distintos locales donde se puede disfrutar en compañía.

Repentinamente, se oyen las campanas de la Catedral, que nos apartan de nuestras cavilaciones y nuestras observaciones. Y nosotros, la tribu de escritores, hemos sentido algo tranquilizante aquí arriba, pero lo bueno se acaba ya, pues hemos de despedirnos hasta el jueves que viene.

Por y para Los Escritores Creativos de La Isleta =)

Por y para Julio

Hola Julio, hoy hubieramos tenido clase contigo,  se te echa de menos. Y se te agradece todo lo que nos has enseñado, todos desde el ies la isleta te lo agradecemos,  porque ahora somos mas que escritores, más que un grupo de escritores, somos un grupo de amigos y te lo debemos a ti, gracias por todo.

 

Escritores creativos de la Isleta.

 

MI RESPUESTA

Gracias por venir al taller, por participar, por arriesgarse a probar algo nuevo… Me ha emocionado leyéndola, lo vi en borrador y como parece terminada pensé que igual no la han publicado por error -espero no haber metido la pata, jajaja-, pero no he podido resistirme a contestarla. Ha sido maravilloso, me he EMOCIONADO, ¡eso no se vale! Wink

Los echo MUCHO de menos. EL TALLER LO HEMOS HECHO JUNTOS, ¡JUNTOOOOOOOS! ¡GRACIAS A USTEDES POR SER TAN GENIAAAAAAAAAAALES! =)

Y esta es la parte 2 de mi respuesta. Grin

¡¡PORQUE SIEMPRE PUEDEN CONTAR CONMIGOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!

LA vida pasa pero los MOMENTOS VIVIDOS son IMBORRABLES

¡PEDAZO DE TALLER EH! ¡LOS QUIERO MUCHO! =)

“El Duque”: se refiere al actor John Wayne, conocido entre sus amigos como The Duke (El Duque). Mítico actor de películas del oeste y bélicas, actor favorito de uno de los mejores directores de la historia del cine: John Ford. John Ford es como el Shakespeare o el James Joyce o el Gabriel García Márquez del cine. Y una película maravillosa, una obra de arte, con John Wayne, que precisamente no es del oeste: El hombre tranquilo.

 

 

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