Monthly Archives: junio 2014

Dotaciones detectivescas (Claudia y Sonia)

Todo se esfumaba entre mis inseguros dedos que sujetaban los informes del caso actual, ese que tantos quebraderos de cabeza me había causado. Cada vez que pensaba tener alguna prueba, todo se mezclaba y desaparecia como una gota de agua que se evapora con el paso del tiempo.

-Detective Metchengar, creo que es hora que se vaya a su casa y descanse un poco. Ya mañana seguiremos con el caso, no se preocupe.

Me fui preocupado a mi casa y me acosté en la mullida cama. No podía conciliar el sueño.

Al día siguiente, justo antes de ir a la oficina, me pasé por la biblioteca Hemsworz, pequeña pero eficiente ya que alberga una gran cantidad de información para todos los público. Incluidos dos casos sin resolver de la policía.

Me senté en un ordenador, revisando que la pantalla no fuera demasiado visible para los transeúntes.

No había nada que me pudiera ayudar, pero estaba seguro de que algo tendría que haber, el problema era el tiempo.

El reloj ya marcaba las nueve en aquella sala llena de libros. En la entrada ya estaban los estudiantes que ese día iban de excursión a la biblioteca. Había varias filas pero no estaban todos. Albert se había escapado para ir a su sala favorita, la sala de investigación policial. Él no era un alumno típico de su edad, ya con doce años tenía una amplia colección de novelas y sus dotes de observación eran superiores a cualquiera. Como era su costumbre, se fue a la última estantería buscando a su autor preferido. Ya con el libro en la mano estaba a punto de sentarse cuando no pudo aguantar un estornudo. Avergonzado intentó coger el libro que se le había caído lo más rápido posible para no interrumpir a los lectores de la sala pero ya alguien lo había visto.

Metchengar que había aparecido de ronto al lado del niño, le ayudó a recoger el libro.

-La próxima vez intenta que no se caiga nada, este tipo de libros son muy valiosos. No son para jugar.

-Señor, sé perfectamente el valor de estas novelas, para mi no es un juego, es mi pasión -Le dijo Albert de manera seria.

El detective observó al infante de manera gradual, de arriba a abajo, estudiando cada facción de su pequeño cuerpo que deseaba tener el problemático trabajo que tenían los policías.

 

-¿Qué es lo que te interesa exactamente? Es un trabajo complicado, no hay posibilidad de error.

-Lo sé- le respondió con voz firme- Y es por eso que me gusta tanto, soy observador, meticuloso y además, puedo razonar sin problemas, para ser policía esas cualidades no están nada mal, no me lo negará.

Sorprendido por la respuesta del niño el detective lo miró desafiante. No sabía como un niño tan pequeño podía sacarle de sus casillas así. Pero entonces se le ocurrió cómo seguir esa conversación que parecía más un debate.

 

-Dado que estás tan seguro de tí mismo y piensas que tus ‘’cualidades’’ pueden ayudar a cualquiera en el campo de la investigación, me gustaría verlo por mí mismo. Dime algo que lo demuestre.

-Es muy sencillo, usted parece el típico caso de un policía frustrado. Aunque le cueste admitirlo, sus ojos delatan que le sorprendí con mi firmeza.

-Para ser tan observador has olvidado fijarte en algo muy importante. Tu clase ya se marcha de aquí -Le dice señalando por la ventana hacia la guagua que salía del aparcamiento.

-Y como buen agente de la ley me llevarás contigo para no dejarme solo-le dijo el niño poniendo un poco nervioso al detective.

-De acuerdo, te llevaré conmigo para que aprendas un poco.

Después de unos veinte minutos caminando llegaron a la comisaría. Pasaban de las doce y media cuando entraron por la puerta principal. En ese momento, el detective escuchó un gran grito proveniente de la oficina principal.

-¡Metchengar ven aquí ahora mismo!-se escuchaba gritar al comisario.

-Quédate aquí o mi jefe se enfadará si te ve -le dijo a Albert- Y mejor no toques nada.

Con esa advertencia el detective entró a la oficina. Mientras tanto el niño que por puro aburrimiento paseaba por el lugar, encontró una pizarra magnética con las distintas fotos de los sospechosos del caso y algunos papeles que parecían los informes.

-Mmm..si según dice aquí los crímenes tenían muchos parecidos entre sí esto está mal planteado -pensó para si y empezó a mover las fotos para recolocarlas- Exacto, la clave está en el lugar y en el por qué.

-Veo que no haces caso a lo que te dicen- Le dijo el detective saliendo de la oficina junto a su jefe-¡Te dije que no tocaras nada!

-Espera-dijo Albert- El caso estaba mal planteado. Para encontrar al sospechoso primero hay que tener muy presente los detalles. El lugar es la clave. Siempre actúa de la misma manera, como todos los criminales pero ¿qué lo diferencia del resto? los lugares. Son sitios muy exclusivos, casi desconocidos para la gente de clase media.

-El chico tiene razón-inquirió el comisario mirando al detective- tu caso necesitaba una visión distinta. De ahora en adelante quiero que trabajes con el chico. Te vendrá bien otro punto de vista.Enséñale lo que tengas del caso.

Sin poder objetar nada y obligado el detective se fue a su puesto con el chico. Sacó todo lo que tenía archivado y las pruebas que se habían encontrado.

-Como ves el criminal es bastante inteligente. Limpia todas las posibles huellas y cuida mucho el tiempo y la forma de hacerlo. Por lo que tenemos registrado ya ha realizado cuatro crímenes, el primero fue un robo de un cuadro que acabó en el asesinato del segurata que estaba en la galería de arte. Los demás también fueron asesinatos. Todos en menos de quince minutos por lo que hemos oído de los vecinos.

-¿Y cómo saben que es él?

-Porque hemos encontrado en todos los lugares del crimen el mismo objeto, una flor escarchada de color plateado. También hemos descubierto algunas fibras de color rojo, según el laboratorio son de un pañuelo hecho con tela egipcia.

-Ya veo que sigue un juego peligroso. Yo le haría una broma pesada para que no lo vuelva a repetir.

-¿Qué clase de broma?- preguntó algo confuso el detective- Esto no es un juego.

-Algo que le pare, que se crea que lo está haciendo bien pero después detenerlo en su propia mentira.

Tras la propuesta inocente del niño el detective se quedó pensando. Sabía que sin algo de ayuda nunca resolvería el caso y que la solución del niño de algún modo podría servir. Tan sólo tendría que utilizar un poco de psicología.

-Está bien, haremos esa bromita pesada como dices tú pero a mi manera. Planearemos una escena del crimen falsa y allí lo detendremos.

Durante toda la tarde planearon lo que harían. Iban a pedir ayuda a algunos medios de comunicación para publicitar un evento falso y también pedirian la colaboración de algunos miembros de la plantilla para que actuaran. Todo estaba previsto para la semana siguiente.

El plan era sencillo, todos iban a colaborar para crear una exposición de un supuesto pintor famoso que al estar muerto, tenía cuadros de gran valor. Todo era mentira, los cuadros eran réplicas y la gente policías de paisano. El miércoles estaba todo preparado, estaban todos en sus puestos vigilando que la galeria estuviera en orden. En la entrada había un libro de visitas, un detalle que hacía más creíble esa fiesta exclusiva. Albert estaba junto al recepcionista hablando de lo que harían ese día. Al fondo, casi en la entrada estaba un hombre alto, vestido de manera elegante. Por su actitud se notaba que estaba acostumbrado a los eventos de ese estilo.

-Oye David, vigila a ese hombre del fondo, me trae muy mala espina.

Con ese comentario el agente se quedó serio. El niño tenía razón. Además él sabía que ese hombre no era de la plantilla de policía.Cuando se dio cuenta, este se dirigía a recepción. Actuaba de manera aparentemente normal.

-Bonito pañuelo señor- soltó Albert- parece de una tela muy suave.

-Pues si, tienes buen ojo chico, este es una prenda muy especial, se fabrica con una tela egipcia difícil de conseguir.

El plan seguía su curso. A media noche se apagaron las luces. Nadie se lo esperaba. Cuando consiguieron recuperar la luz el señor del pañuelo rojo estaba en el suelo con un cuchillo de ocho milímetros en la mano. Tenía los cordones atados entre sí.

-Pe..pero..lo tenía todo planeado -farfullaba tendido en el suelo- Ese maldito crio me la jugó.

Todos los policias estaban sorprendidos, no comprendian lo que había pasado.

-No se preocupen -empezó a decir el niño- la solución más simple fue la mejor. Vi que tenía un pañuelo rojo muy llamativo. Justo como el de las fibras que encontraron. Cuando estaba distraido hablando con los demás miembros de la sala, aproveché para atarle los cordones entre si. Sabía que a las doce se apagarían las luces ya que en los demás casos había ocurrido igual. Su truco era un temporizador en la caja de los fusibles.

-Bien hecho chico -Le dijo el detective dándole la mano- Reconozco que te juzgué, ahora toca la mejor parte, interrogarlo.

-Es verdad, hay que ver por qué lo hizo. Espérame aquí, voy a descubrirlo a mi manera.

Acto seguido el niño fue a donde estaba el criminal. Con voz inocente le empezó a hablar.

-Sabe señor..

-Fleishman

-Señor Fleishman me gusta mucho las historias de acción pero esto ha sido genial. Me preguntaba cómo lo ha hecho y también por qué.

-Bueno la verdad que no me costó mucho -dijo con voz orgullosa- soy hijo de unos padres con mucho dinero y me muevo en un ambiente de clase social alta. Conozco muchas cosas del arte de alto status. Me aburria de tenerlo todo hecho y de la falta de atención que me daban muchas veces.Decidí robar uno de los cuadros más valiosos que tenía el mejor amigo de mi padre. Todo me iba bien pero un segurita del recinto se metió en mi camino. Y salió mal parado -dijo con una sonrisa triunfante- Las otras veces mataba por seguir sintiendo esa adrenalina. Dejar la flor escarchada me parecia muy gracioso, era una pista falsa en medio de tanta confusión para la inteligencia policial.

-Pero ahora está aquí, fastidiado por un niño que podría ser su hijo.

-Aunque seas un granuja, he conseguido lo que quería, ahora mis padres no están todo el día pasando de su hijo.

Con esa pequeña confesión, detuvieron al señor Fleishman. Gracias a la inocencia de Albert el detective había conseguido resolver el caso y sabía que de alguna forma se lo iba a agradecer..

-Muy bien -dijo el detective mirando al niño sentado en su silla – por hoy puedes estar en mi oficina ya que quieres aprender el oficio.

Como un diente de león al viento

 

 

 

Tú, mi diosa de la naturaleza,

hiciste de mi viaje un eterno combate,

volando por estos lares,

escuchando tan bellos cantares.

 

Como un diente de león al viento

veo la vida pasar sin ti.

Como un diente de león al viento,

es liberada como me siento.

 

La felicidad me la da el vuelo,

tan simple y ligero,

meciéndome con la tierra,

Mi lugar eterno.

 

Ahora en las alturas,

con los pájaros acompañándome.

Me despido de tus palabras

Con un bello canto.

 

Dame la alegría de tus ojos,

la sonrisa de tu voz,

Dame una alegría al son

de mi corazón.

La actitud

¿Será cierto que es la forma de comportarnos ante lo que sucede es lo que determina como nos irán las cosas? Muchos son los que creen en esta teoría, en las llamadas “leyes del universo ´´. Es curioso, la Ley de Murphy da inicio a todo esto. Puede que en un primer momento, la gente que lea estas palabras se sienta escéptica y piense ¿de qué me está hablando? Bueno, esta ley dice que, si algo puede salir mal, saldrá mal. Aquí, en estas simples líneas quiero plantear lo contrario,  el poder de ser positivo. Es tan simple pensar en todo lo malo como pensar en todo lo bueno. La mayoría, cuando sucede algo desagradable, no intenta buscar la luz en medio de tanta oscuridad, tan sólo se centra en lo malo y se sumerge todo lo que puede en una actitud negativa, pero también es algo muy común, incluso puede que se haga inconscientemente.

El planteamiento es el siguiente: para todos, en un momento dado, se hace difícil sonreír, por las causas que sean. Tan sólo por un momento, sería bueno pararse a pensar en algo que sea bueno, que motive: un sueño, un deseo, un plan próximo…todo eso que ayuda en los malos momentos a estar mejor, hará que aumente el buen humor y esa actitud que va cambiando, genera otras muchas cosas. Al tener una actitud más alegre, se nota en el ambiente, se contagia a los demás, ayuda a ver las cosas de otro modo y poco a poco, todo aquello que quieres se va haciendo posible, gracias a que lo tienes en mente y haces posible que se haga. No es por arte de magia, ni cosa de un día, como todo, esto requiere de tiempo y paciencia pero sobre todo, ganas.

La forma de ser de cada uno es diferente y aunque muchas veces cueste estar feliz, no es imposible, el cambio en la manera de ver las cosas se nota y puede ayudar a conseguir todo lo que quieras en un futuro. Creer en ti mismo es el principio para que otros crean en ti.

Personalidad por colores

¿Se han parado alguna vez a analizar un dibujo pintado? ¿Pensar en por qué cuando somos libres de crear, sin unas pautas a seguir, utilizamos unos u otros colores?

Quizás no tenga que ver, pero según tengo entendido, la personalidad se puede reflejar en muchos casos como la gesticulación, la forma de vestir…y si, en este caso también, en los colores de lo que pintamos.

Sabiendo técnicas de reconocimiento como puede ser analizar un dibujo de alguien y relacionarlo con estados de ánimo, ¿será posible conocer a esa persona sin mediar palabra?. Podría ser un buen experimento, además de una forma diferente de empezar una conversación tras saber como se encuentra dicha persona. ¿Se imaginan que veas el dibujo de alguien y decidas abrazarlo porque notas que está bajo de ánimos y le alegras el día?. Quizás no es la forma más sencilla, no a todo el mundo se le puede pedir que pinte algo y lo valla a hacer de verdad pero no se pierde nada por intentarlo salvo un par de colores.

 

Solo es lunes pero te echo de menos.

“Las peleas aumentaban a medida que me conocía. Era difícil de creer pero ni mi suave olor de frutas rojas con una pizca de azúcar, rozándolo como el encaje francés -Sí, ese tan caro- producían el efecto esponjoso del perdón. Puede, y solo es una posibilidad, que su terquedad con su sentimiento de seguridad hacia lo cotidiano lo condujera donde los versos carecían de significado, lo que es bastante irónico, ya que.. ¿Los poemas no expresaban en su mayor totalidad las leyes infranqueables del amor?

Esa panadería tan rústica del pueblo… Su esencia se expandía por mis fosas nasales como el agua de aquella pequeña playa cubriendo toda la arena una y otra vez, a pesar de desaparecer cinco segundos, la sensación húmeda permanecía, era obligatorio.

Un muchacho de a penas trece años descansaba recostado con las piernas sobre el mostrador. La cara repleta de pecas rojizas, piel blanca y un pelo castaño rebelde.

Miré a mi alrededor, estaba segura de que el niño no me atendería si yo no daba señales de vida, por lo que coloqué mi puño derecho sobre los labios y carraspeé delicadamente la garganta.

-¡Sí Olivia, estoy despierto!- Se sobresaltó inclinándose hacia delante con unos ojos azules muy abierto. Enseguida se tranquilizó ofreciéndome las mejores de sus sonrisas. Dientes totalmente alineados, hoyuelos marcados con una linea indestructible y un notable destello de emoción en su mirada.

-Veo que no sueles tener mucha clientela… Ahora que acabas de mencionar a Olivia ¿Se encuentra ella aquí?- Mi cabeza giraba de izquierda a derecha analizando el sitio.

-Tu no eres del pueblo ¿Cierto?

¿No escuchó mi pregunta? Además, no es necesario que responda a eso, aún así, un presentimiento de que soy su primer cliente invadió mi conciencia y decidí ser amable.

-Una vez lo fui.- Asentí con calma mientras esbozaba una ligera sonrisa forzosa.

Pisadas estruendosas sonaban al otro lado del arco incrustado en la pared que guiaba a la parte trasera de la tienda, donde se horneaba el pan.

-¡José! ¿Quién ha entrado?- El hombre de barriga inmensa, alto, unas piernas fuertes y un bigote pelirrojo miraba sus manos secándolas con un trapo blanco.

-Hola Papá- Me atreví a decir.

Diez años sin volver a aquel mundo repleto de fracasos, pero la ocasión lo requería. Ser abogada es como imitar a un espía, me exijo pistas para poder defender a mi cliente, pero la tremenda casualidad es que debo investigar en mi punto de partida, donde comencé a caminar, donde nací.

Era domingo y todo se mantenía cerrado, pero el negocio de mis padres estaba engullendo una crisis inmensa por culpa de la panadería nueva justo tres calles más abajo, la que yo tengo que examinar. ¿Por qué? Habían acusado a mi cliente de trapichear con drogas allí. El lo niega rotundamente y no me queda otra que husmear por los pequeños recovecos del solitario vecindario.

-¡Pach, ven inmediatamente!- Corrió hasta un parterre mugriento.

Ni caso, este perro le urge un poco de disciplina. Parece mentira que haya pasado tanto tiempo y siga como siempre.

Para poder infiltrarme de acuerdo con mis expectativas le solicité a mi padre un trabajo, con lo cual me dispuso a pasear al pequeño Pach. En realidad esta ocupación era perfecta, así evaluaría las calles, me acomodaría a mi lugar de trabajo.

-¡Oh Pach! ¿Te parece bonito? ¡Mira lo que has hecho!- Sacudí mis pantalones de diseño y recogí el regalito que había dejado mi compañero sabueso, pero de repente mi mirada se fijó en un libro aparentemente abandonado, al lado del monumento perruno.

-Veamos que tenemos aquí.- Lo zarandeaba para arrebatar la suciedad y averiguar de que se trataba, para mi sorpresa era de la facultad de medicina.

¿Cómo había llegado a la conferencia del doctor Ledger? Después de encontrarme aquel libro y saber que era de un tal Nico ledger decidí dar un viaje hasta la universidad. Una profesora me comentó que estaba de suerte, y sin quererlo me estoy tropezando con su mirada, me transmiten un tipo de calor  indescriptible, una seguridad irracional, un escalofrió ahuyentador.

***

Enamorada de un médico cuyos ojos verdes no me dejan dormir.
Suculenta y bulliciosa París, tus callejuelas repletas de pequeños adoquines malgastados, con aquella falda tan corta, acogerá mi taconeo nocturno.

A drop in the ocean suena como un torbellino esta mañana en la radio, apetitosa y dolorosa, solo se disculpó diciendo que me quiso como a una niña pequeña.

¿Está usted loco? ¿Dormir? ¿Comer? Le susurraré un consejo: ¿Para qué comer, cuando mis dedos ansiosos pasan la página áspera? ¿Para qué dormir, cuando mis ojos leen maravillas y mi cerebro gira en torno a ellas?- Recostada en mi cama con su mirada clavada en el pequeño menú del restaurante chino, leía lo que había escrito en mi mano esta mañana.

-¿Estás enamorada?- Acariciaba mi pelo entrelazándolo con sus dedos suavemente.

Asentí con la cabeza acurrucándome en sus piernas, pero abrió el menú y empezó a leer.

-Bueno, y quizá (seguramente) escribir esto a estas alturas del año no tenga sentido, sin embargo me pareció bien que al menos te lo tomaras como una muestra de aprecio. En fin, aquí voy: Mira empiezo advirtiéndote de que yo nunca voy a escribir como tu, ojala, pero bueno algo es algo ¿Cierto o no? Hablando de eso ya que ha salido el tema, quería recalcar todas las cosas que me encantan de ti, como por ejemplo esa forma en la que escribes que me deja con la boca abierta, y me deja pues con ganas de mas cada vez que leo. Me encanta cuando inventas historias conmigo aunque yo te diga exagerada y aunque te diga que lo idealizas todo, justo cuando te digo eso es cuando mas estoy sonriendo. Juls, hay cosas en esta vida que no se aprenden hasta pasado un tiempo, tu has aprendido algunas gracias a mi y yo he aprendido a mi edad demasiadas gracias a ti. Por supuesto, todo esto no podría pasar por alto sin pedirte perdón por las veces en las que no te tuve en cuenta, por todas las que han pasado y las que, a pesar de todo, espero que no pasen. Yo se que te he fallado en múltiples ocasiones, pero el simple hecho de pensar en escuchar esos débiles gallos de tu voz al reirte, al hablar o lo que sea me hacen querer volver a hablar contigo, que me encantan tus historias, de eso no cabe duda, que eres la única chica que sabe enfadarme de una forma tan increíblemente rápida, que tu y solamente tu sabes sacarme de quicio y lograr que te llame por tu nombre cuando no aceptas mis ideas, y que a pesar de todo te guste que te diga ‘por dios Juls mujer’, que solamente tu hayas sabido ponerme tantos apodos que, en lo que a mi respecta, se me hacen muy grandes pero que para ti están hechos a mi justa medida. Bueno, esas cosas y muchas más, tu forma de innovar, tu forma de ser incluso cuando te comportas como una niña pequeña, ¿Recuerdas? Porque simplemente tus berrinches son únicos, sera el hecho de que te quiera tanto el que haya conseguido que aminorice mis enfados contigo, que al ser tan distintos me consigues avivar como calmar a la misma vez tan rápido, que cuando peleamos y estamos tiempo sin hablar en el fondo me muero por dentro, porque siento que debatir contigo y esperar tus ideas es tan emocionante que no quepo del asombro… Porque sí, estas hecha una muy buena caja de sorpresas mi pequeña, que sí, que me vuelven loco tus locuras, tus mismas locuras hacen que yo me vuelva majareta porque consigues arrastrarme a cualquier abismo pero que a pesar de todo me gustaría descubrir contigo, locuras como esa de que te gustaría haber estado en el Titanic. Bueno, ¿Sabes que es lo que me gustaría a mi de verdad? No perderte en la vida, sabes que te quiero demasiado, ¿cierto? te adoro. como ya dije, siento no haberte llenado de satisfacción tantas veces.

Posdata: gracias por llevarme de la mano otras tantas veces a descubrir cosas nuevas y a atreverme a hacer cosas que en la vida hubiera imaginado que podría hacer. Eres increíble.

Lo abracé sin importarme que tuviera novia.

***

Al saber que la panadería vecina era de la mafia y no tenía ningún tipo de vinculación con mi cliente, abandoné el pueblo, pero… ¿Era solo eso lo que me convenció de que mi futuro no estaba destinado a ser allí?

¿Una mujer debe soportar que en su propia cara le admitan que malinterpretó el amor que se le ofrecía?

Cada lunes empiezo mi rutina en la ciudad, gano los casos que se me presentan, tengo un piso acogedor y conservo el contacto con mi familia, pero anhelo tu boca en mi cuello para arrancar con fuerza los principios de semana.

 

 

 

 

Confesión

Aquella mañana el sol brillaba más que nunca, podía sentir como el mar me llamaba, me atraía. Esa mañana, solo era otra de las quince mañanas que me esperaban sin ti. Una mañana que se convertía en un día, que para mí solo eran horas que se burlaban de mí como si fuera una niña. Me amargaba por no tenerte cerca pero ¿Qué podía hacer? Tú, mi compañero, te habías aventurado sin mí, me abandonaste, me hiciste sufrir y ahora que te espero la tristeza abarca en lo más profundo de mi corazón por cada segundo que no estoy junto a ti.

Conforme van pasando los minutos, parece que han pasado días o quizás largas semanas. Recuerdo que la última vez que te fuiste, había ido al cine. Lo pase genial, sobretodo porque no paraba de mirar el reloj esperando a que pasaran los minutos, ya que al día siguiente estaríamos juntos. Increíble que haya pasado tanto tiempo y ahora me vuelves a dejar sola.

Intentar hacer una vida sin ti es algo difícil. Aunque siempre nos veamos por “facetime” no puedo dejar ni una sola noche de llorar y pensarte. Se me parte el alma y cuando me cuentas que te diviertes, pienso que no te hago falta y me da rabia. Luego te digo cosas que hacen daño y me arrepiento de ello, tú solo intentas hacer lo mismo que yo… hacer que pasen los días intentando divertirte, pero sabes que lo haces porque no hay otra opción, lo entiendo pero la fuerza con la que te amo es superior a cualquier otra.

Ahora mismo veo tu foto, sonrío y siento que te amo más. No importa el tiempo que estemos separados siempre te esperaré, aunque mi verdadero temor es el tiempo que estemos juntos, pues ese tiempo hará que sufra más.

Flechazo

Cuando el chico vio a la chica, tuvo un flechazo. Era una chica muy guapa. El chico no se atrevía a acercarse a ella, seguramente por su naturaleza de joven tímido y vergonzoso. En su interior se debatía ya que quería acercarse pero no podía. El joven estaba pasando un mal momento ya que, si ella se bajaba a la siguiente estación, la última de todas, él la perdería para siempre y eso no lo podía consentir.
El traqueteo del tren era ya monótono, pero el chico estaba muy pendiente de él ya que cuando fuera cesando podía significar que perdería a su amada para siempre. Ella miró el móvil, parecía que tenía prisa: más razón para que el joven estuviera casi histérico en su interior aunque por fuera aparentara una absoluta normalidad.
El vehículo comenzó a parar poco a poco. El chico padecía una tensión que iba en aumento. Cuando la luz del andén apareció y el tren estaba casi detenido, el joven sintió un golpe de estado en su interior y, instintivamente, cuando las puertas se abrieron se levantó y siguió a la chica. En el andén, en medio de la marea de gente logró llegar hasta ella. Le cogió la mano y sus ojos marrones se encontraron con los azules de ella.
– Te quiero-. Dijo el chico.

Oscuridad sin rumbo

Cielo y destino para un mismo ser,

todo lo que veo,

es aquello para acontecer,

estrellas del universo,

aquellas que cuelgan del firmamento,

sabes que guían este momento.

 

Ley, ley de vida,

aquella que nos lleva sin medida,

pasión dolor y cobardía,

sentimientos de hielo,

que laten al ritmo de canción.

 

Al fondo te encuentras tú,

oscuridad sin rumbo,

sombra sin disfraz.

No se porque recuerdo….

No se porque recuerdo que todos los sábados hasta que cumplí los 4 años venía a mi casa un señor, entre 40 y 50 años. Era bajo, gordo y calvo y siempre vestía una camisa blanca y un pantalón rojo.

Este señor venía y se sentaba a hablar conmigo como si me conociera. No me dijo ni su nombre, ni porque estaba aquí, y como no me importaba mucho tampoco se lo pregunté. No me acuerdo de lo que hablábamos, pero sé que tenía un poco de importancia, porque mis padres siempre nos estaban acechando.

Este personaje siempre me viene a la memoria cuando es Navidad, porque se parecía mucho a Papá Noel y cada vez que venía me hacía un pequeño regalo.

Con las alas cortadas

¿Se puede echar de menos algo que nunca has tenido? ¿Se puede llegar a añorar algo que ni siquiera has conocido? La respuesta es sí. Y yo soy un claro ejemplo de ello. Añoro la libertad. Y nunca he sido libre. Soy princesa, lo sé. No debo quejarme, eso también lo sé. Se han encargado de que lo recuerde bien. Pero en los pequeños momentos que tengo para mí, esos momentos en que nadie me mira, nadie calcula mis más mínimos movimientos, es, en esos momentos, cuando me permito el lujo de pensar libremente, de quejarme.

Miro por la ventana. Más allá de los enormes muros del castillo, que parecen querer encerrarnos en vez de protegernos, se puede ver con claridad la gran plaza central. Con personas normales y vidas normales, que, sin embargo, me envidian. Y es que solo ven lo de fuera: los preciosos trajes, los exquisitos manjares diarios, las maravillosas fiestas con excelente música o las lujosas tiaras con diamantes incrustados. Y es todo cierto. Pero se equivocan. Es como un pájaro, ¿envidiarías al ave más hermosa del mundo pero que, por desgracia, tiene las alas cortadas? Pues es lo mismo. Solo que ellos solamente le ven el cuerpo, y no pueden apreciar que le han cortado las alas.

Contemplo con curiosidad la vida de fuera. Descubro a una joven pareja. Él la coge a ella de la mano. Probablemente no sea muy guapa, pero es feliz, y ahora parece la mujer más bella del planeta. Se ríen. Abrazos mezclados con caricias, cariñosos besos robados entre sonrisas. Más allá se ve a una anciana, de ojos tiernos y blanco cabello. Sentada en el banco, le da de comer a las palomas. Observo también a una niña de preciosos rizos y redondo rostro, que, llorando, suplica a su madre que le compre uno de los apetitosos pastelitos que vende la panadera. ¡Cuánto desearía tener que suplicar algo! Puede sonar estúpido, pero es cierto. No tengo sino que nombrar que me gustaría tener un pañuelo con hilos de plata y mi árbol genealógico bordado en oro para poseerlo en cuestión de minutos.

Pero hay más. Pasando la plaza y las humildes casas que la rodean, distinguimos el campo. Una gran extensión de tierra salpicada de cuando en cuando por granjas o grupos de altos e imponentes pinos. Me imagino corriendo. Y dejo de hacerlo. Duele demasiado.

Dejo de contemplar el mundo de fuera y trato de observarme a mí, a mi vida. Sería una chica bastante normal si no fuese por mi traje perfectamente planchado y colocado (hecho a medida, cómo no), por mis uñas pintadas sin fallo alguno, por mis labios a juego con mi vestimenta, por mi cabello peinado de forma tan estudiada, como medido con escuadra y cartabón. Sería una chica bastante normal si no fuese por tanta perfección.

Y aquí estoy, esperando a que mi padre, el admirado rey Dennis, acepte otorgarme el único regalo de cumpleaños que he pedido. Un paseo por la ciudad, sin escolta, sin damas de compañía o criadas.
Suena el ruido de la puerta al abrirse y me doy la vuelta, ansiosa. Pero tratando de ocultarlo. Al fin y al cabo, soy princesa, no debo exteriorizar mis sentimientos.

– Su majestad Selene, su deseo de dar una vuelta por la ciudad ha sido concedido.

Eso es un sí. ¡Eso es un sí! Sonrío. Es poca cosa. Pero es como si al hermoso pájaro de alas cortadas le ofreciesen un breve vuelo en globo.

Es poco. Pero es más de lo que puedo pedir.

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