El último día de nuestros días – Capítulo 1

-¡No te alejes mucho!, no quiero perderte de vista nunca… – la voz de un joven se hacía eco de su presencia en las verdes colinas del campo donde él y su más querida amiga, almas inseparables en cualquiera de las circunstancias, escaparon para deshacerse de la tensión que la escuela ejercía sobre ellos.

-¡No te preocupes, es imposible perdernos en este sitio! Además, tu y yo siempre estaremos juntos, pase lo que pase, – dijo ella – así que ¡No se te ocurra alejarte tu de mi! ¿Me entiendes?

-Si si, pero si hemos venido aquí, señorita nolehagocasoamimejoramigo, es para relajarnos y no estar dando vueltas, ¡Acabaremos cansados y sudando!

-¿Qué más da? ¡Es divertido! Anda ven aquí pedazo de idiota aburrido.

La chica, una joven bastante alta y con un largo pelo rojizo que tiene cierto olor a perfume, agarró a su amigo del brazo y lo arrastró colina arriba, colina abajo ¡Vaya par!

-No. Vuelvas. A. Hacer. Eso. ¡NUNCA! Casi no puedo respirar, creo que he agotado mi energía vital para los próximos 7 años…

-Si no te pasaras los días sentado en el ordenador sin salir de casa no estarías tan cansado, ¡Que bien que me tienes a mi para hacerte salir y disfrutar de tu temprana (o no tan temprana) etapa de adolescente! Admítelo, te has divertido, se te nota en la cara.

-Bueno si, pero una cosa no quita a la otra…

Los dos jóvenes se tumban en el césped contemplando el gran cielo azul. Por suerte, esta vez el Sol no ha sido un incordio como tantas otras… ¡Alguien debería bajar la iluminación a esa cosa!

-Sabes… creo que me gusta un chico…

-¡¿Qué?! ¡¿A ti, la antisocial nº1 de la ciudad?!

-¡MIRA QUIÉN VINO A HABLAR, BOCAZAS, NI QUE A TI TE HICIERAN CASO!… Son bromas jajajaja, te quiero y lo sabes.

-Los clubs de los raritos somos los mejores… Bueno, cuéntame sobre ello, hoy seré tu psicólogo – dijo él sintiendo, en el interior que algo malo podría pasar, y que todo lo que estuviera por ocurrir pueda ser una desgracia para ambos – pero a cambio, la próxima vez vamos a donde yo diga, ¡Y nada de correteos!

-Jajajaja ¡Vale vale! Se trata de aquél chico de tu clase, ya sabes, del que te he hablado tantas veces, creo que lo encuentro mono y no me desagrada su forma de ser.

-¿En serio? Pues yo creo que tienes un gusto un tanto raro, de todas maneras, no te puede gustar alguin sin conocerlo, ¿No?

-No se… Pero tengo curiosidad.

-… Pues yo creo que deberías decírselo, ya sabes, yo siempre te apoyaré en todo sin importar qué, y las cosas hay que hacerlas antes de arrepentirse – Mientras él decía esto, se sujetaba la mano derecha, que empezó a temblar por alguna razón, ¿Miedo, o nerviosismo? -.

-Creo que lo haré, ¡Muchas gracias! Tu siempre me has estado apoyando y te aprecio muchísimo por ello, eres el mejor amigo de la vida.

-Ya estás con tus frases raras… anda, volvamos a casa que se está haciendo tarde.

No se le dio más importancia a ese día, sin saber que fue entonces cuando las cosas iban a cambiar de un momento a otro.

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