El último día de nuestros días – capítulo 3 Final

Pasaron varios meses en los que la relación entre la muchacha de pelo ya no tan rojizo y su inseguro amigo se tornó inestables pues los confusos sentimientos del joven comenzabas disputas que desearía no haber tenido, y más que nada, no se daba cuenta del daño que no solo se estaba haciendo a él mismo, sino también a ella. Fue una temporada con altibajos, sin embargo, el chico poco a poco fue tomando nota de sus errores y recapacitando, aunque dentro de él se libraba una batalla por saber que emoción le dominaría en ese momento.

-A veces me gustaría ser un champiñón; están ahí, plantados, haciendo la fotosíntesis y tal… y luego viene un fontanero y se los come, con las alucinaciones que ello conlleva. Tu podrías ser un champiñoncito rojo, te queda genial con el pelo… o ya no tanto – «enviar».

«Mensaje recibido» -¿Otra vez con tus paranoias? Tienes que dejar de jugar y centrarte más en los estudios, así no vas a llegar a nada en la vida. PD: los champiñones son adorables.

-¡Estamos en verano, déjame disfrutar del sol y la playa, tengo que vivir mi isla como Dios manda!- «enviar».

«Mensaje recibido» – ¡TE PASAS EL MALDITO DÍA EN CASA!.

-Y bien que lo disfruto, ¡mi madre debería darme las gracias de no haber salido barrio bajero! Mejor hijo no podía tener, y encima es guapísimo… -«enviar».

«Mensaje de voz recibido» -¡Ja! Eso no te lo crees ni tu, loca egocéntrica. Por cierto, ¿Quieres quedar este sábado? Necesito hablar seriamente sobre el cambio climático. Eso y que me siento mal

-¿¡Quieres dejar de cambiarme el sexo?! Claro que puedo, de hecho deja de lado tus problemas, el cambio climático is a seious business. Bueno, yo me voy a dormir que mi cara me mira con unos ojos de deseo que me pueden…¡Que descanses!- «enviar».

Pasaron los monótonos días de estudio hasta llegado el sábado. El día había empezado cálido, pero a medida que se acercaba la hora acordada, el viento comenzaba a soplar con más fuerza y el tímido Sol había decidido esconderse de la mirada de todos, como si él mismo supiera que ese día no era el adecuado para ofrecer su cálida compañía.

-¿No tienes frío? ¡Estoy congelada!

-Mis pelos pectorales de macho ibérico me protegen del frío, las chinches y los rayos láser de Superman. Bueno, al menos el parque se ve más tranquilo y acogedor, vamos a sentarnos.

-¡AAAAAH! ¡EL BANCO ESTÁ MOJADO! ¡¿ES QUE QUIERES QUE PILLE UN RESFRIADO?!

-¡Ay perdóneme princesa, se me olvidaba de que era tan delicada que te desplomas con solo darte un golpecito!

-Juro que algún día, cuando mueras, enterraré tu ataúd en las entrañas de Mordor, y luego harán un anillo con los restos de ese ataúd que compraré por un precio desorbitado y luciré para clamar mi eterna victoria sobre ti, maldito hobbit.

-Pero si medimos lo mismo… en fin, ¿Qué tenías que contarme? El cambio climático lo dejamos para luego, quiero centrarme más en ese tema…

-¡Ay, se me olvidaba! Pues que él y yo hemos roto. Seh.

-Esp-¡¿QUÉ?!

-¡Vuelvo a la alocada vida de la soltería, SOY UN ALMA LIBRE! ¡PODRE RETOMAR MI AMOR POLIGÁMICO HACIA MI GRAN ELENCO DE ACTORES DE TELEVISIÓN FAVORITOS!

Fue todo tan repentino y confuso, que el chico apenas sabía que responder. «¿ke dice loka?» sin duda habría sido su respuesta si eso se tratara del chat al que tanto estaban acostumbrados. Muchas fueron las emociones que llegaron en ese instante, pero él tenía sus prioridades claras:

-¿Estás bien? ¿Qué ha pasado? ¡Si estás mal, hubiera ido corriendo a verte de inmediato!

-La verdad es que yo era demasiada para él, debería buscarse alguien de su nivel, soy una maldita diva. Eso y que no acabamos congeniando, supongo.

-¡Pero respóndeme! ¿Te sientes mal o algo? ¿Quieres que te lleve a comer chuches a Casa Ricardo?

-Esa oferta es difícil de rechazar, pero te juro que estoy como una rosa, y tú, ¿cómo estás?

-¿A qué te refieres?

-Venga ya, si se te notaba mucho estos meses… perdón por haberte hecho sentir mal… ¡Nenaza! ¡Que te guste alguien no es excusa para estar mal! ¡Ni aunque ese alguien sea yo!

-No se de que hablas, yo soy totalmente anti-amor.

-Te has sonrojado, imbécil. Ahora vamos, dentro de poco cierran el Casa Ricardo y necesito azúcar o me moriré.

-¡Espera! falta algo importante que decir…

-¿El qué?

-¿Crees que la Unión Europea debería iniciar un proyecto a favor de la defensa de los osos polares en el norte?

-Vaya….

La conversación y el tiempo que pasaron juntos comiendo numerosas chucherías de frutas se sintió corto, y había llegado la hora de despedirse. Al llegar a casa, el joven tuvo tiempo para pensar en todo eso, y es que había estado ciego todo este tiempo ¿qué le hizo pensar así? pues nada más ni nada menos que ese mismo día. Se había dado cuenta de que olvidó lo único y más importante: eran amigos. La chica de cabellos ahora medio castaños salió de su corazón, no sin antes dejar claro que seguía estando mucho más dentro de él, pues había otro tipo de amor que, en vez de desaparecer, se intensificó aun más: el amor que se siente hacia una preciada amiga, hacia una hermana.

2 Responses to El último día de nuestros días – capítulo 3 Final

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.