Daily Archives: 4 febrero, 2016

Sólo al soñar tenemos libertad

Yo creía que vivía en un sueño, pero tú, tú eres real.

Y nuestro querido soñador, se despertó de su sueño, se sentó sobre un lateral de la cama apoyando sus pies descalzos en el frío suelo, dándole un sobrecogedor deja-vu espectral.

Sin más entretenimientos miró al frente, una ventana casi abierta le llamaba, estaba a merced de él y sus ojos.

El soñador comenzó a llorar a lágrima viva, gotas que se transformaron en chorros, y chorros que se transformaron en cascadas. Todos impulsados por una triste agonía, el soñador sin decir palabra se levantó de la cama y se acercó a la ventana y se tiró. Nuestro querido amigo, nuestro soñador, había vuelto a su sueño.

Percha del cuervo

-¿Qué es lo que persigue?

-Un loco sueño, que se tambalea como un mercante en tempestad.

Despavorido en las noches deambula y desvelado anda por los caminos, buscando tiempo perdido, sin saber el lugar de partida.

-¿Qué es eso exclamo?-exclamó

-¡Un rayo de luz!- gritó lleno de pánico

Corre sin control, corre a refugiarse en las cavernas a pies de la montaña. Sus pies aplastan materiales que le producen gran dolor y que el invisible tacto de estos, no es irreconocible para él, ahora, vuelve este dolor a despertar a sus migrañas.

A salvo en la oscuridad de las cavernas, oscuridad, negra, abstracta, ciega…

Sin sonido, pasan las horas, discurren los segundos, quieto aguarda, a la llegada de la noche espera.

 

 

Hay cuerdas en el corazón que es mejor no hacer vibrar

Un recuerdo sombrío pero estable insiste en sonsacar preguntas, que no son de fácil respuesta.
Un recuerdo no muy lejano de los páramos de mis sueños, pero, con cada movimiento, con cada detalle, se me ha grabado a fuego en los recovecos de mi mente.
Sinceramente, no recuerdo el día ni el mes, pero este recuerdo no habla de eso, y cada vez que me viene ese sueño pienso que puedo estirar la mano y agarrarlo, pero no puedo.
Una gran amiga mía, de la cual el nombre no mencionaré por privacidad e infinito respeto que le tengo. En esos antiguos días, yo la acompañaba a casa después de las clases. Ella con su fina voz pregonaba que no sabía dibujar, que era patética, que no era nada. Tales palabras me destrozaban por dentro, sentía mis tripas quebrarse y mis pulmones ahogarse.
No podía aguantar más, la interrumpí y la agarré de los brazos volteándola hacia mí, y le dije después de una mirada firme y casi llorosa: Me sacaría los ojos por no ver nada más hermoso que tú y nada más que tú, me quemaría los tímpanos por no escuchar una voz más hermosa.
Después reclamé con voz suave y sincera: Cada fracaso enseña al hombre algo que tenía que aprender.
Y ella me respondió con un silencio, acompañado de unos ojos clavados en los míos, y, a continuación un beso.
Nunca más la volví a ver.

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