Hay cuerdas en el corazón que es mejor no hacer vibrar

Un recuerdo sombrío pero estable insiste en sonsacar preguntas, que no son de fácil respuesta.
Un recuerdo no muy lejano de los páramos de mis sueños, pero, con cada movimiento, con cada detalle, se me ha grabado a fuego en los recovecos de mi mente.
Sinceramente, no recuerdo el día ni el mes, pero este recuerdo no habla de eso, y cada vez que me viene ese sueño pienso que puedo estirar la mano y agarrarlo, pero no puedo.
Una gran amiga mía, de la cual el nombre no mencionaré por privacidad e infinito respeto que le tengo. En esos antiguos días, yo la acompañaba a casa después de las clases. Ella con su fina voz pregonaba que no sabía dibujar, que era patética, que no era nada. Tales palabras me destrozaban por dentro, sentía mis tripas quebrarse y mis pulmones ahogarse.
No podía aguantar más, la interrumpí y la agarré de los brazos volteándola hacia mí, y le dije después de una mirada firme y casi llorosa: Me sacaría los ojos por no ver nada más hermoso que tú y nada más que tú, me quemaría los tímpanos por no escuchar una voz más hermosa.
Después reclamé con voz suave y sincera: Cada fracaso enseña al hombre algo que tenía que aprender.
Y ella me respondió con un silencio, acompañado de unos ojos clavados en los míos, y, a continuación un beso.
Nunca más la volví a ver.

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