Donde juegan el gato y el lobo, Final

II

Me levanté del suelo apoyándome en mi vieja rodilla y, a continuación, me limpié dispersas manchas de polvo y tierra, que en el pasado no me habían causado interés en limpiarlas.

En el trayecto a la malograda y abandonada puerta oí un murmullo, mi interés no se centraba en aquella agonía y proseguí mi camino, ya veía la puerta, pero por cada paso, el murmullo se convertía en un llanto y el llanto en gritos. Finalmente me paré en seco, taponándome los oídos con las manos intentando acallar aquel sonido infernal, cuando, en un instante conseguí distinguir entre llantos una palabra, un nombre a decir verdad, Marina. Llegaron preguntas de la nada: ¿Por qué vuelves?, ¿qué quieres?, ¿no has hecho suficiente daño ya?

Apretándome los dientes empecé a demostrar mi enfurecimiento y mi locura contra la nada o los gritos que de desconocida procedencia no se me había revelado: ¡CALLA!, ¡CALLA!, ¡SAL DE MI CABEZA!, repliqué y pregoné bastante tiempo, hasta que finalmente un chillido estalló, causándome más dolor que los otros llantos y preguntas juntos. Al cabo de un pocos segundos el chillido aumentó su fuerza estallando y creando un silencio, una calma después de una tempestad, el chillido se había ido.

Me tiré al suelo sin cuidado de no lastimarme, apoyé la cabeza en la materia blanca que de este mundo se componía, los pies curvos formando una C uno tras otro.

La cabeza se me llenó de recuerdos, y el corazón de lágrimas, me dolía la barriga, apoyando mis manos cuidadosamente en los intestinos, tenía miedo de vomitar mis órganos. -¿Por qué esta sensación?- preguntaba, ¿acaso es un castigo del divino?, No- repliqué, el divino no posee control alguno sobre este mundo. Sólo había algo que me sacara de este infierno de dolor y misteriosos tormentos, la puerta que inició este viaje y porque ella cesará este terrible dolor y agonía.

Me levanté dolorido, conservando aún el sentimiento de vómito y demás sombras ocultas. Me disponía a ir a la puerta, tambaleándome me acercaba más y más, poco a poco me aproximaba, ¡estaba ahí!- repetía una y otra vez en mi cabeza. Ya cerca, disminuí el paso, los mareos volvieron, y un chorro de sangre surgió de mi boca como el aliento infierno de una criatura antigua, una sangre de tonalidades negras pero sin perder la nitidez del rojo. Tras una breve pausa seguí, me paré, frente a frente, yo y la puerta de las maldiciones, un ligero movimiento creé, metiendo así mi mano en el bolsillo, sacando la llave de las tinieblas que abriría el octavo círculo del infierno. Introduje la llave en el picaporte, la giré con una suavidad acompañada de temblores, sonó como si miles de engranajes se incorporaran a filas para recibir a su nuevo mesías.

La puerta, al fin, abierta, solo tenía que empujar la casi podrida madera de la cual estaba compuesta, y desvelar mi tesoro. Conduje mi brazo hacia su destino, qué raro el tacto  de la madera sobre las yemas de mis dedos, no era el tacto que me esperaba. Poco a poco una oscuridad imborrable empezó a desaparecer a medida que yo abría más y más la puerta, y fue allí, donde la encontré, una figura angelical tirada en el suelo conectada a unos tubos, corrí hacia ella me tiré al suelo sujetándola, acto seguido le aparté sus cabellos color castaño descuidado por el tiempo, desvelando así el rostro de mi amada, rompí a llorar, lágrimas y lágrimas caían de mis mejillas y ojos, mientras yo bruscamente amputaba los tubos de su espalda, cayendo un líquido púrpura al suelo. La agarré con fuerza sobre mí, creando llantos de loco y palabras sin sentido, insultos al creador y al demonio, al cielo y a la tierra, a los planetas y a mí mismo.

Estos llantos hicieron que este ángel de infinita luz elevara su brazo con palidez, y tocara mi frente, acto seguido echó un suspiro y calló sin vida entre mis brazos.

Tal toque hizo que me fuera revelado el secreto de este mundo y su existencia.

Ella llevaba muchos siglos encerrada, sustituyendo mi corazón, que yo irresponsable, había perdido largo tiempo atrás. Solo quería cuidarme, hacer de mí una persona con capacidad de amar y ser amada como a las demás, pero el alcohol, el libertinaje, las cortesanas, me habían envenenado y descompuesto, ahora sólo quedaban preguntas satisfechas y ahora desaparecidas, no me quedaba nada. Fue en ese momento cuando presté atención a la llave de mi bolsillo. Mirando la inscripción de la empuñadura y arrojando luz sobre estas tres letras que separadas, formaban una frase, Te Quiere Marina.

Fue en ese momento el final de nuestra historia, el momento de no retorno, tenía que pagar mis pecados, no pensaba en nada más, estaba vacío.

Entonces recordé una frase que ella misma me dijo la última vez que nos vimos:

Hasta el más cruel debe tener a alguien, aunque sólo sea para que le muestre el lado humano del que carece, y si algún día el mundo se acaba, cuando todas las luces se apaguen, sé que estarás a mi lado.

En ese instante la puerta se cerró, dando un paso a la oscuridad, y yo, así cumpliendo mi promesa.

 

 

Donde juegan el gato y el lobo

Adrián tocino Martín 7/2/16

 

 

 

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