Daily Archives: 14 febrero, 2016

Las aguas del recuerdo

No recuerdo que edad tenía, no recuerdo que hacíamos allí, pero lo que si recuerdo era aquella imagen, aquellas palabras que mi padre me había regalado en aquél entonces.

-Papá, ¿por qué el agua de este lago es verde?

-¿Quien sabe? Puede que simplemente se haya cansado de ser azul o puede que alguien la haya teñido a propósito.

-¿Por qué alguien teñiría el agua?

-Quizás para recordar algo, ¿no tienes nada que quisieras que esté contigo el resto de tu vida?

Mirando el lago, pensé en la cuestión que mi padre me había planteado, ¿qué sería tan valioso como para teñir el agua de verde? quizás en ese entonces incluso yo mismo encontrara la respuesta, pero han pasado tantos años que no recuerdo cual era, ¿de qué servía todo aquello si no me recuerda nada? he vivido con la duda de qué pieza del puzzle es la que está teñida de ese color, pero nunca me he aventurado a buscarla. Quizás mañana vaya a ese sitio, quizás encuentre ese lago; quizás encuentre ese recuerdo.

Era un día especial para uno de nosotros; entre amigos, fuimos a celebrarlo y pasarlo bien, pero había algo que tenía mi cabeza distraída desde mucho antes y no era más que perseguir aquél lugar que tan fugazmente aparecía y desaparecía de mi memoria. Escalé colinas, bajé por los inclinados caminos y recorrí largas distancias bajo la fría lluvia en busca de aquello que era tan importante, ¿cuál era el recuerdo que esas aguas guardaban para mí, papá? Los árboles de por allí vestían una blanca capa de telas de araña y las hojas mustias obstaculizaban cada vez más mi camino, pero nada me detuvo en la búsqueda; no había nadie esperándome, no había una hora de regreso, éramos solo yo y mi objetivo. Pasaron las horas hasta que, detrás de una gran roca, se descubrió ante mí aquello que en tantas ocasiones había anhelado: un gran hoyo relleno de un líquido verdoso que se iluminaba a contra luz, una vida pasada que me volvió a encontrar después de haber aparecido tantas veces en mis sueños. Me senté allí, observando el lago, comparando la imagen que tenía aquél entonces con la que tengo ahora, y por fin lo descubrí: el recuerdo que le había prestado a aquellas aguas era algo tan doloroso que, inconscientemente, quise olvidar pero a la vez no quise que desapareciera. El reflejo de esas aguas eran el reflejo de un alma que había desaparecido de mi lado hace tantos años, una parte de mi corazón que me había abandonado y que mucho me costó en aceptar. Satisfecho, pero melancólico, abandoné aquél lugar no sin antes darle como préstamo otros de mis más preciados recuerdos, para que, más adelante, vuelva a ir en su búsqueda: ese recuerdo era todo aquello que había formado parte de mi vida hasta entonces y que atesoraba más que a la más grande joya existente.

-“Gracias por mantener mi memoria a salvo, adiós”.

 

Relato de los recuerdos

Atrapada.

Era fácil sentirse perdido en un lugar como aquel. Tan fácil de perderse como cuando me desconecto de la sociedad y entro en mi mundo interior. Así de fácil. Todo es verde y tranquilo. Desde luego que no tenía ni idea de donde estaba ni a donde iba, pero era una sensación que me encantaba. De entre los arboles se colaban unos rayos de sol, que apagaban bastante la imagen del camino, pero aun resultaba visible. Doy pasos sin miedo por una senda llena de hojas y me siento libre y despreocupada, porqué ¿acaso no es así como deberíamos sentirnos siempre? Respiro hondo y dejo que el aire de campo inunde mis pulmones. Un gesto tan sencillo que me gustaría guardarlo y reutilizarlo para todos esos momentos de broncas, de no puedo seguir, de me duele respirar, porqué ¿acaso algo tan simple tiene que convertirse en algo tan tedioso? Realmente no tengo la respuesta a nada, yo solo camino, observo y escucho lo que veo por si en cualquier otro lapso de tiempo, no pueda seguir más.

La brecha más profunda

Frío, soledad y oscuridad. La calle era solitaria y en tinieblas, aislada de la gran ciudad. En esta noche el coche rojo, desgastado por el sol se adentra en dicha calle y aparca frente a la casa mas fría del lugar, la de él.
El frío que hacía esa noche aumentaría en su corazón cuando la pequeña supiera la verdad, cuando experimentara emociones demasiado duras para su edad.

– Vamos, toca el timbre, ¿a que esperas?

La persona que ya había pasado por estas experiencias varias veces sonrió irónicamente, sin ser consciente de que en ese momento una gran brecha se formaría en el corazón de su pequeña aprendiz.
Al ver que la pequeña no llegaba al timbre decidió tocar y ,automáticamente, la pequeña dio dos pasos hacia atrás, para poder observar si él se asomaba.
Así fue, él se asomó, la vio, y la pequeña sonrió llena de emoción.

-¡Mamá mamá, está, te lo dije, él me quiere y se va a quedar conmigo!

Media hora pasó y él no abrió. El frió empezó a apretar en la puerta de aquel edificio blanco, el edificio mas frió de la ciudad. La pequeña abrió los ojos y supo la verdad, y una brecha se abrió en su memoria, corazón y mente. Sabía que este día nunca sería olvidado y quedaría en lo mas profundo de ella para renacer 13 años después, cuando le volvió a ver, cuando él quiso volver y pedir perdón.

La pequeña que en ese entonces tenía 2 años de edad lloró una hora sin parar hasta entender que su vida no seria igual que la de otros niños.
La pequeña, que ahora tiene 17 ha perdonado a la persona que creó esa brecha y recuerda este pequeño-gran momento para olvidarlo y dejarlo ir…

…pero no lo hará nunca.

Frío, soledad y oscuridad, tres emociones que una niña de 2 años no debió sentir jamás.

 

Relato de un recuerdo que pidió Julio

 

IES Isabel de España

¿Cuándo llegará el fin de este ciclo?

¿Es difícil pensar en que la vida te dé una segunda oportunidad? Independientemente de la respuesta, cuando llega el momento, este se torna dulce, melodioso.

Cuando tu corazón se ve herido, cuando ve que no puede más, es cuando tiende a pensar que aquellos alegres sentimientos han desaparecido para siempre, en cambio cuando se ha recuperado y el amor llama a la puerta el corazón sabe que los baches pasan y que los sentimientos oscuros, al igual que aquellos que son pura luz, tienen su fecha de caducidad. Ese amor te hace sentir libre, de repente todas las puertas del mundo se abren hacia ti y olvidas los problemas que habían dificultado tu camino, ¿cómo sería describirlo en un color? rosa ¿muy cursi, no? rojo, eso está mejor. El corazón siente esta época como una eternidad, una eternidad muy dulce: esta eternidad no se debe a que uno mismo se sienta mal, se debe a que esos momentos estarán ahí siempre y siempre te recordarán como se sentía en aquél entonces, y en ese instante no te importaría que así permaneciera pues sientes que va a durar lo suficiente como ampliar la gama de sensaciones. Pero como dije antes, tanto los sentimientos oscuros como los luminosos tienen fecha de caducidad, como el amor en sí. Una fisura aparece y resquebraja toda esa realidad, la convierte en una vorágine que arrastra consigo esos buenos recuerdos, haciéndolo aun más doloroso y por mucho adhesivo, por muchos intentos que hagas para cerrar esa vorágine, no tendrá compasión ni por un instante. Este caos es el que nos sacude cada vez que nos enamoramos y siempre caeremos en sus redes, unas más resistentes que otras, pero la pregunta es: ¿cuándo llegará la verdadera eternidad? ¿cuándo será el momento en el que no nos volvamos a quebrar? ¿cuántas veces deberemos pasar por lo mismo para encontrar la estabilidad? ¿cuándo seremos capaces de amar en libertad?

Quizás ese momento tarde en llegar, pero no voy a dejar que el corazón toque tanto el fondo como aquella vez: dolorido, hastiado, aquí me hallo, esperando a que ese momento llegue definitivamente

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