Doges y gatos… ¿es posible? (Parte 1)

Frío, mucho frío. Dios, probablemente el segundo invierno mas helado que había vivido. Pero, ¿por qué no sentía ese frío? Lo sabia perfectamente pero, preferí hacerme la loca y negarmelo…
Le conocía de antes y no había sentido tanta calidez… ¿qué había cambiado? ¿Por qué ahora sentía su calor? Eso si que no lo sabía… pero era feliz en esa ignorancia, tampoco tenía mucha relevancia, porque lo importante era lo que estaba sintiendo, ese calor que había olvidado que existía en las personas.
Sintiendo aquel frío del lugar me acerqué, tímida, temerosa al rechazo. Lentamente fui recostando mi cabeza en su hombro y pareció que lo aceptó, incluso cuidaba de que el viento no me congelara. Después de esa tarde llena de un agridulce sabor, entre a dulce amor y amargo rechazo inconsciente volví a casa confusa, pensando qué me había hecho sentirme así. Después de tanto frío, algo empezó a descongelar por dentro el hielo que había estado empeorando mis heridas.

Recapacité y llegué a la conclusión que negarlo no me serviría de nada, mi corazón había empezado a latir por el. Pedí consejo urgente, estaba aterrada, no sabia como actuar, si hablar le molestaría.

”Soy una acosadora”     ”Oh dios, creerá que estoy loca”     ”No me quiere, eso seguro…”

Días intensos llenos de emociones confusas y de presiones de compañeros que me confundieron aun más…
”Vamos, que vas a perder, díselo…”Yo no quería ser rechazada… había empezado a hablar muy seguido con el, los dos parecíamos disfrutar de nuestras largas conversaciones que acababan a las 2 am…
Si le decía y me rechazaba dejaría de haber tanta confianza, no me hablaría como siempre… yo… no quería perderle.

El calor de mi interior ardió un poco mas intensamente y me dio el valor para iniciar una etapa que nunca esperé:

– Quieres quedar este sábado? – dije, muerta de miedo por si ponía excusas o decía desde el principio que no. Mi mente empezó a pensar en lo peor, en su rechazo, en su burla hacia mi persona.

– Si si, donde quedamos? – esas palabras no solo interrumpieron mis pensamientos, sino que los cambiaron radicalmente. ¿De verdad me había aceptado tan rápido la invitación, sin saber quien más va o a donde ir..?

Sábado, nervios y frío era lo único que recorría mi cuerpo…

¿Me declararé o simplemente callaré? Y si me declaro… ¿Me rechazará y dejaremos de hablar?

Llamé a un compañero de clase para desahogarme y tranquilizarme mientras esperaba en el parque cuando él apareció a mi lado.

– Tengo que colgar, hablamos luego – y enseguida colgué para mirar al suelo, llena de nervios.

– Vamos – me sonrió mientras nos dirigíamos rumbo a su casa…

 

Doge & Cat

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