Daily Archives: 26 febrero, 2016

Juicio optimista

Me da igual que no tenga salida, es mi futuro. Si voy a tener que hacer exactamente lo mismo durante toda mi vida por lo menos que me guste y me haga feliz. Y si como dices no hay salida, me esforzaré por ser lo mejor en mi materia, así, desde el momento en el que haya una plaza no sólo obtenga un trabajo que pueda mantenerme haciendo lo que me gusta sino que consiga un gran conocimiento y experiencia en mi pasión. No quiero dinero, no quiero tampoco verme estancada, quiero que las emociones fluyan por mis venas.  Tan sólo ser feliz y vivir para contarlo. ¿Es tanto pedir? Vida sólo hay una y es por ello que quiero aprovecharla al máximo. ¿Si no de qué vale estar vivo? ¿Nunca has escuchado la frase vive cada día como si fuera el último? Pues esto que te vengo a contar viene siendo un poco parecido.

Sólo quiero que sepas que debes tomar las riendas de tu vida, y decidir aquello que te haga feliz. En lo único que merece la pena ser rico es en amor y experiencias.

 

Aún me acuerdo

Las luces se apagaron. Aquella oscuridad eterna me dejó ciego ante mis pecados y miedos, y que ahora, tiempos de penuria veo discurrir por mi ventana, como un río en sus épocas del monzón.

Paseando por aquella oscura calle, pensando en cómo sería el paso del siguiente, me fijé que en el horizonte se alzaba una luz, una luz sujeta por la mano de un ser, de un ser no perteneciente a este mundo.

-¿Un espectro?- pensé-

Sometido a aquella luz estaba, ¿quién era?, preguntaba, pero no conseguía reconciliar la respuesta. Pronto la criatura expiró una fina voz, mis pensamientos se borraron y entraron en mi mente  recuerdos de una época, de la cual, yo había bebido para olvidar.

Y ahí estaba, inmóvil, solitaria, fría…me pedía a gritos que la reclamara, que por última vez, pudiéramos estar juntos para siempre.

No estaba confuso, no estaba temeroso de lo que me aguardaba, pues ya sabía que mi mundo giraba en torno a ella, y tenía la oportunidad de que girara de nuevo.

Corrí hacia ella, con el brazo alargado con la esperanza de tocar un mechón sus finos cabellos o alguna tira de su delicada vestimenta, dejado detrás de mí, lágrimas negras que por unos instantes se mantenían en el aire, y segundos después, en el desierto de piedra se esparcían y desaparecían, como un recuerdo. Seguía corriendo, pero mis plegarias se convirtieron en mis pesadillas, aquella luz que era mi salvación, parecía alejarse más y más de mí.

 

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