Monthly Archives: marzo 2016

Ruiseñor materialista en aislamiento

Y con absoluta certeza, puedo dar fe, que creí haber visto los ojos de un hombre mirando las estrellas.

En aquella densa lejanía, su cabello al viento volaba, y sus ojos fijados al cielo no parecían despegarse. Un rostro inocente sin sonrisa, parecía habérsela borrado con una nube. Mientras por la amplia pradera, gotas de brillo escarlata funden los sueños de los dormidos. Se distingue una casa al este, con luces adormecidas, inquietas de no quitarle la corona de su reino al manto estrellado.

En aquella loma, cuyos prados asomados al este, puedo dar fe, de que vi a un hombre mirando a las estrellas

Selene

Puede que busque algo, algo que me  devuelva la vida durnate unos segundos.

Poder oler las flores, sentir el frío de un viento, sonrreir ante la mirada de alguien. Tiempos olvidados ya no retornados al pasado lejano, que, ahora amores futuros imagino, y intento garabatear sus rostros.

¿Cuanto tiempo a pasado?, desconosco las horas, los días, y las decadentes lejanías que nos separan, mandame un beso desde tu ventana y lo recibiré como un regalo, puede que algun día leas esta nota, que  se perdió con las demás, y al fin, amada mia, puedas entender la muerte de los sentimientos, encadenados a este enterrado corazón sombrio.

Corazón del que carezco.

Cierro la ventana, ya no corre el aire, y me olvido de lo que persigo, de lo que busco, de lo que ancio tener. Poder soñar bajo los lechos de las nubes y que mi blanquesina piel, no se mezcle con el rojo de la sangre, que largos ríos carmesí cambian mi palidez

 

 

La magia del carrusel

Montemos en el carrusel del alma, en el que cada vuelta le da sentido a la vida cotidiana. Con personas de todos los tamaños y colores. Hay gente que monta, sin miedo, feliz de estar donde está y asimilando cada vuelta que da, sin embargo también existe el terror en los que lo ven como lo que es al fin y al cabo, una máquina; y que cada vuelta que dé sea la última o pensar que se está olvidando de algo importante, algo de lo que remotamente posible pueda alterar su zona de comfort; aunque siendo realistas no es comfort sino una amargada rutina a la que uno se acostumbra. Por eso muchas personas vienen a este carrusel, es lo que no tiene su aburrida rutina, esa emoción por decir: ¡Al cuerno con el trabajo y el qué dirán!
Así que montaremos, nos lo hemos ganado pequeño.
Entiendo que te asustes, no has visto una máquina tan colorida así en tu vida y lo único que sabes es que se dan vueltas y la gente disfruta o al menos lo intenta, pero querido amigo éste es un tío-vivo singular.
¿Ves esa raya roja de la carpa? Es la presión de un hombre y por lo que veo bastante intensa, por lo menos el carrusel ha sido capaz de absorberla toda. Cómo ves, también hay espacios en blanco, y es que el temor a la máquina impide que ésta absorba los males. Así que, después de tragarte mi monólogo sólo quiero que te relajes y disfrutes del trance, ya verás que la magia si está dentro de ti, sólo tienes que saber enfocarla.

Airim

Las sensaciones indefinidas que me produce una persona son como recuerdos atados a una lejanía, aguardando el fin de los días lluviosos y las tormentas amotinadas. Ahora, solo mi mente acepta lo que mis ojos ya no veían cuando solo una persona significó tanto para mí, y cuanto desamparo espero encontrar en este viaje, que me conduce por rutas malignas de gran peligro, pero, en el final, aguarda una respuesta, y temo en lo más profundo de mi corazón, que sea la que me aparta de ella.

Una vez me dijiste, que no te importaba mojarte bajo los ojos de las estrellas. En tu altar me postro, y te pido que lo hagas, sintamos la lluvia sobre nuestros amotinados cuerpos, fluir por nuestras venas, y que rebosen de alma limpia los agujeros de nuestros antiguos corazones. Cuando después de una mirada, nos resguardemos del cálido frío, y permíteme tocarte donde la lluvia rozó tu piel, y fundir nuestros sentimientos en un súbito beso que pondrá celoso al divino.

Pero ella no apareció, ella no volverá a postrarse ante los rayos de la luna, para que yo la vea y poemas de su belleza y nuestro amor le recite. Ella nunca más apareció, nunca volvió a dar luz a este siniestro corazón.

Yo la necesitaba, yo la amaba.

El día más extraño

Nunca imaginé lo bien que se siente salir de la ciudad, tumbarse en el césped en mitad de la noche y mirar el cielo estrellado: cada una de las luces en el firmamento brillaba con una intensidad distinta;  había una que me llamó la atención por su gran tamaño y habría sido aun más tranquilo de no ser que…

-¡Azul! ¡azul! ¡compre sus hamburguesas azules condimentadas con arándanos azules y cereales Estrella azules!

¡¿Se puede saber qué hacía un vendedor ambulante en una colina completamente solitaria?! ¡¿y qué era eso de “hamburguesas azules con estrellas azules”?! ¡debería haber llamado a la policía, seguro que era otro de esos viejos verdes que buscaban atraer niños a su “tierra de la comida azul”! Decidí pasar de él y volver a mirar a aquella estrella… pero ahora se me asemejaba a una hamburguesa. Azul. Con estrellas azules encima. Y no paraba de oír a aquél tipo gritando “¡Azul!“. Odio mi vida.

A la mañana siguiente seguía oyendo ese “¡Azul!” en mi cabeza, así que decidí tomar un baño para aclararme… ¡y vaya peste! Al mirar por el agujero del desagüe, casi podía ver como unas lineas verdes del “mal olor” salían de sus entrañas; sin duda, era el círculo de los malos olores. Casi caigo desplomado, ¡estoy seguro de que el gobierno podría usar esto como arma química! Salí corriendo a por un poco de líquido anti cal y algo de menta para aliviar ese infierno olfativo y luego de terminar mi ya no tan placentera ducha, arreglarme y partir hacia la calle, una leve voz recorrió mi oído e hizo temblar mi espina dorsal.

– Me gustan los chicos jóvenes y… sin ropa.

¡Por Dios! ¡mis hormonas se dispararon al sentir esas palabras en mis oídos! ¡era la cosa más sensual que me había pasado en toda la semana! pero para mi desgracia, no se trataba de nada más que una broma callejera hecha por unas personas con poco respeto hacia la vida sexual de la gente. Como compensación, me regalaron un melocotón que compraron en la frutería de al lado; no sabía que un melocotón podía ser tan… ¿metálico? se sentía como si estuviera sosteniendo un imán enorme, aunque no pesaba nada pero claro, ¿por qué me iba a fiar yo de alguien que hace nada me gastó una broma? ese “melocotón” era en realidad una esfera que de repente se abrió y soltó un olor casi tan terrible como el de mi bañera, dejándome atontado y haciéndome correr mientras aquellas horribles personas se reían a más no poder mientras me grababan. Tomo nota: los círculos son horribles y huelen a cloacas.

Caminando mientras ocultaba mi rojiza cara por las calles de Manhattan, oí como una madre tranquilizaba a su hijo, que se había puesto a llorar luego de ver a un publicista vestido de un Bob Esponja anaranjado y macabro -era, sin duda, el peor disfraz del mundo- mientras el enorme personaje de dibujos se sentaba en un banco a reflexionar sobre su carrera artística, asumiendo que no tenía futuro con los niños. El bebé seguía llorando y yo seguía mirando al mal disfrazado Bob mientras parecía que este también lloraba; no sabía que las lágrimas podían ser tan… anaranjadas y esponjosas, pero no aguantaba más esa escena tan dramática y casual así que intenté pensar en algún sitio donde ahogar mis penas: ¡Eureka! ¡el teatro abandonado! ¿qué mejor destino que una sala enorme y solitaria donde relajarme un momento?

Ingenio de mí al pensar eso. Aunque el tener esa idea me produjo una ligera satisfacción en mis partes genitales… debería ir al psicólogo.

Al llegar por la puerta trasera -la única que no estaba cerrada con candado- y plantarme en escenario, mi cara de asombro no daba para mas: ¡había un maldito big foot con la gorra de los New York Yankees puesta y un perrito caliente -lo peor de todo: solo llevaba mostaza- en la mano! ¡esa cosa se giró hacia mí y me ofreció un bocado! ¡Un. Big. Foot! pero listo de mi, en vez de salir corriendo de ese lugar -que es lo que debería haber hecho- le presenté a mis dedos: Eustaquio (meñique), Fernandino (anular) Caralmendra (corazón), Mr. Smith (índice) y Jhonny el solitario (pulgar), y luego de presentárselos de la forma más cordial posible, los escondí a todos menos a Caralmendra… ¿¡A quién se le ocurre hacerle eso a un big foot en Manhattan?! ¡se levantó corriendo y vino hacia mi a toda velocidad! que suerte que dos agentes policía me habían visto entrar al teatro y me siguieron; detuvieron a esa fantasía de los conspiranoicos y me llevaron a comisaría a hacerme un par de preguntas.

Me llevaron a una sala con dos micrófonos, donde me esperaba cualquier cuestión menos las que me hicieron:

-Bueno, así que te gusta estar en sitios prohibidos y pelearte con seres fantásticos, ¿qué piensas de Donald Trump?

-¿Qué?

El policía apartó el micrófono me dijo en voz baja:

-Verás chaval, estamos en mitad de las elecciones y la opinión del pueblo es importante, necesitamos entrevistar a cuantos más, mejor.

-¿Pero eso que tiene que ver con…

-¡Bueno! ¿vas a responderme?

-…pues la verdad, es un imbécil: solo sabe hablar de que Estados Unidos es el mejor país del mundo, que hay que echar a todos los que nos sean de aquí, que odiemos a los mexicanos y que todos los peluquines rubios son geniales. Si tuviera que desearle algo, es la vida mas larga y agonizante que haya tenido nadie en su vida; es casi tan odiable como el dictador este chungo de Corea del Norte.

-Vaya, que… inesperado, en todo caso, ¡gracias por tu contribución! En agradecimiento, te dejaremos transmitir por radio cualquier canción que elijas, ¡todo el país escuchará tu melodía!

Estaba ya harto de todos esos sucesos extraños, harto de toda la gente a mi alrededor y con una ira contenida que me quería hacer explotar, así que sin cortarme solo respondí:

-Revolution 9, de The Beatles.

Cuando volví a casa, podía ver como todo el mundo apagaba sus radios o las tiraba por la ventana; les di la satisfacción de dejar la dependencia a esas tonterías de programas y no volver a hablar de Donald Trump en lo que quedaba de día, me sentí un héroe, pero mejor me sentí cuando por fin pude acostarme a dormir y dejar pasar lo que sería el día mas extraño de mi vida.

 

Reto “la piscina”.

Recuerdo a media noche

No sé por qué recuerdo… de hecho, ¿desde volvió a estar ahí? No sabría explicar bien los motivos, pero se hizo un hueco en mi cabeza.

Habíamos salido esa noche a pasear toda la clase; contábamos relatos de miedo, cuentos de piratas, cantábamos canciones alegres y comimos helados en la playa. Todo era perfecto, pero no más perfecto que la chica que tenía al lado: llevaba el pelo recogido en una coleta a un lado de la cabeza y su piel blanca brillaba cada vez que la luz la tocaba. Llegamos todos al parque y nos juntamos para cantar una de esas canciones sobre barba negra, sus múltiples tesoros y ron, pero ella se había quedado lejos, mirando como desafinábamos en lo que era la canción más simple y de mal gusto del mundo, pero ella sonreía, era feliz. De vuelta al campamento, se puso a mi lado y comentamos el mal gusto de los monitores a la hora de elegir canciones, nos reíamos de cómo algunos chicos intentaban mejorar aquél canto “angelical” y esperamos ansioso a la actividad que haríamos al día siguiente. Puede que sea culpa del horripilante helado de ron con pasas que comí antes o el hecho de que caminar con sandalias y pantalones cortos al lado del mar por la noche no era la idea más lúcida del mundo, pero un escalofrío me recorrió el cuerpo, como si una racha de viento compuesta por nano cubitos de hielo entrara directamente en mi espalda, pero con  solo girarme y mirarla a ella volví a sentir el calor que me llenaba cada vez que estaba con ella.

Nosotros, la Luna y su sonrisa, era todo lo que necesitaba.

 

Reto “epifanía”.

Emociones

El diccionario, literalmente, dice que las emociones son alteraciones del ánimo, pero para mí son una tortura pasajera, ilusiones perdidas en el tiempo o rotas en pedazos.

A la furia la venzo tan rápido como golpeo un saco de boxeo. La felicidad la pierdo tan rápido como la obtengo. La tristeza es una forma de destrucción masiva que se convierte en unas ganas de venganza incontrolables. El miedo…tengo miedo de tener miedo. ¿Cómo se le puede tener miedo al propio miedo?

Recuerdo

¨Que suave es su pelo¨.

   ¿Quién dice algo así en esa situación…? Se moría. Mi madre lo sabía, sus hijas lo sabían e incluso, yo  lo sabía… Y la única manera que encontré de silenciar las voces que impedían la eliminación de tal información, fue diciendo algo que poco importaba, algo que, aunque fuera por unas milésimas de segundo, hiciera que las personas de esa habitación dejaran de pensar en la realidad que nos quitaba el sueño y nos aseguraba un viaje directo a las tinieblas. Segundos después de haberlo dicho, las blanca paredes que esperaban que alguien les borrara la mente, me parecieron muy interesantes….

    La suavidad de su pelo, la manera en la que el sol hacía que su pelo casi sin vida brillara haciéndome recordar días mejores y dolores de cabeza invisibles… Me impactó bastante mi respuesta aunque ese se ha convertido en mi gran escudo antibalas….

Seres etéreos.

Cualquiera en su sano juicio no podrá negar que vivimos en una sociedad de seres fríos, más que fríos, congelados; más que congelados, gélidos. Personas de cristal, que a la vez son frágiles, fáciles de romper cual hielo. Como la persona cuyo corazón espera sentir esa calidez añorada que un día sintió. Y no es mentira cuando se dice que el amor es reconfortante, para el que lo siente, claro…

Un abrazo cálido, junto a tu otro par de calcetín o al abrigo de sus latidos irregulares.

No me culpes por ser fría solo estoy hueca por el vacío que me dejaste. Así que, perdóname por no amarte como es debido, una vez sentido el calor de sus brazos, el deje de un amor abrasador que se ha apagado me quema por dentro. Al fin y al cabo, caí por él y me enamoré. Me enamoré hasta de las letras de su nombre, de sus defectos, de su ternura disfrazada de frialdad. Y es que no sigues igual con el corazón roto.

Un mensaje: esperanza

En el transcurso de nuestra vida hay varias fechas, fechas marcadas que a su vez nos marcan de alguna forma u otra, a veces son sucesos que no querrás olvidar, que te sacan una sonrisa cada vez que piensas en ellos, pero otras veces solo consiguen pintar el mundo de negro, poniendo un oscuro antifaz ante tus ojos durante mucho tiempo.

¿Qué debes hacer? ¿cómo puedes escapar del dolor de esas fechas oscuras? Lo sabes, todos debemos cargar con ellas tarde o temprano, pero aun así te das por vencido y decides tomar la solución más fácil pero, ¿Es la solución más correcta? Por muchas cosas peores que hayas pasado te duele, por muchos baches que hayas superado te volverás a hundir, y debes hacerlo: debes experimentar ese bajón porque es parte de nuestras vidas, sin embargo, cada vez que caigas no significas que no te puedas levantar. Nosotros soñamos con alcanzar el espacio, y ese sueño llevó a muchas de las catástrofes mas terroríficas que hemos sufrido; cientos de vidas, años de desarrollo, sumas incontables de dinero, todo perdido por una meta común, pero ¿sabes qué? nos levantamos y lo seguimos intentando, aun sabiendo todos los errores que cometimos, porque ese sueño era tan dulce y hermoso como para abandonarlo y tirar la toalla, ¿por qué no puede ser lo mismo con el amor? ¿o con la amistad? no, no hay diferencia entre mandar un humano a la Luna y enamorarte o tener a alguien cerca de ti, a veces habrá que luchar y dolerá, pero tienes que aguantar y seguir adelante, porque todos lo hicimos, porque tras cada momento malo se esconde una gran felicidad y porque las soluciones fáciles son solo ilusiones. En 1969 conseguimos ese sueño, y tú, ¿podrás volver a levantarte y alcanzar el tuyo? no te rindas, siempre hay esperanza

 

-Para aquellas personas que estén pasando por un momento difícil, sin excepción alguna: un humano como tu.

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