El orden humano

Camina silenciosa la muerte discontinua, camina solitaria por esta empedrada calle olvidada y desierta, pero, se escuchan ruidos de demonios infinitos chasqueando sus cascos de marfil con alegría por el mojado suelo, y siluetas de burlones fantasmas se posan en las ventanas causando un terror oculto. Dime, ¿acaso no lo ves?, ¿acaso no lo sientes?.

No perdono a las farolas adormecidas, no perdono a los invencibles cuervos, camuflados con el negro de la noche, ni a la luna vigilante ahí en el cielo.

Cuanto más me adentro por esta inacabada calle, mas siento como mi corazón se va olvidado de latir, y mis pulmones de espuma, siguen expulsando sangre, en vez de aire contaminado que desprenden los cigarros de los sátiros, postrados y sonrientes en las aceras de sus burdeles de luces rojas.

Pero al acabar la noche, y el espíritu que ilumina el día, aparece por las ventanas de los que aun están dormidos.

Los burdeles se cierran, los fantasmas se esconden, y la luz roja de tu ventana se apaga.

Y no queda más demonio o fantasma, del que tenemos en nuestra cabeza

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