El final de las historias

Y como si fuera ayer, el sol se pone de nuevo, cuando el cielo se despide y aparece la nada, con sus brillantes pecas de color blanco como recuerdos de una lejana nube transformada en gotas llorosas de tiempo trastornado.

Ha venido poseída, la que le cierra la puerta a la luz. Ella postra su manto de escamas a la tundra tenue que es la luz de la noche, y reclama su trono de marfil tallado a la sombra de la claridad que se extiende bajo su puerta. Temerosa ella escribe estas palabras en una hoja arrancada de un libro inacabado por un desconocido sagaz traidor. Mientras, la llama de la vela prende el tiempo del pasado y consume el del presente, solo cabe esperar que termine con el del futuro próximo.

Este es el relato de quien denegó su poder a la sombra en su dominio, y a la luz en su auxilio.

Cuando el monzón había acabado y yo corría feliz como verde era la hierba, al atardecer le acompañaba yo con una sonrisa por cautivarle a que no se fuera, pues mi propuesta me denegó, despidiéndose y devolviéndome la sonrisa piadosa.

Soltando de su mano el ramo de claveles olorosos violeta corrió a la casa, la sombra de la luz se expandía `por el prado de los andares perdidos. Consumida en la patética cama, ella teme que la llama de la vela consuma su tiempo de seguridad, el tiempo que después descuartizara los tenebrosos momentos sentidos.

La vela se apaga, ya el dolor es muy intenso, ya los ojos no le expulsan lágrimas mecánicas de clamor, ya sus labios no murmuran palabras sordas, su piel ya está muy pálida del frío de la razón. Ya no queda nada, una mota de polvo, aquí yace sin recuerdo, la que burlaba la búsqueda de la luz entre el rayo de oscuridad. Mientras que la vela ya consumió su hora de vida, pero el tiempo sigue viviendo en su eterna maldición y arrogancia, la oscuridad le acompaña como fiel ocultista de la muerte y la declaración de amores inciertos.

Y como si fuera ayer, el sol derroca a la maldad, y da la libertad al alma dormida, que ahora vuelve a recoger claveles polvorientos en el mojado suelo, y todo vuelve a empezar.

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