Monthly Archives: septiembre 2016

Laud

Cuando amanece, huyes de mis sueños, y parto a encontrarte plácido recuerdo que quiero, que deseo que un día al abrir  los ojos de mi sueño, se convierta en verdad.

Sólo al pasear por los caminos de la verde hierba, y los cánticos de los enterrados árboles me inciten a perseguirte, y creí haber visto a una dama de traje blanco, corriendo descalza y acallando el estruendo producido por las ramas de piedra que prendían tu risa.

-¿Soñaría que eras tú otra vez?-

Pero aquella figura era tan real, y aquella risa tan hipnotizante, que después de desencadenarme de mis zapatos, corrí trás aquella fantasía.

No quería dejar de correr, que esta vida o sueño no acabara, que nunca termine, y que este paseo sea eterno.

Puedo ver tus rizos de cuervo ondear con las frescas hojas, y con los ruiseñores posados en sus ramas cubiertas por un veneno de dolor apasionado. Puedo seguir oyendo tu risa, y ya siento cómo se destruyen las esqueléticas fronteras que nos separaban, tocar los sangrantes robles donde posaste tu mano sanada ya de heridas, y ver cómo se cosían con la arácnida tela de tu vestido.

Cuando al final llegue a sentir tanto tu presencia, que al darme cuenta, estés alegre y risueña delante mía.

Antes de que me despierte en nuestros labios crearemos un gran fuego que nos seque las lágrimas y nos purifique la mirada en una, pues este beso perdurará, y será eterno durante unos segundos.

Daría mi vida por dártela a tí bella fantasía, daría mi alma por ver la tuya danzar bajo las lluvias de llorosos amantes separados.

Que nunca acabe, que nunca termine mi amor al verte.

Los cuentos de la inocencia III

III.

Aquí llevo caminando ya muchos meses, y las piernas no me duelen, porque las he dejado en el camino, los oídos no me escuchan, pues me los han robado un mirlo, no se me es roja la sangre, hace años que mi corazón se olvido de latir. Ya no tengo ojos, ya o tengo corazón, ya no tengo aire ni inspiración, ya no tengo alma ni furor, ya no tengo rey, ya no tengo ojos azules mirándome, ya no hay aire ni pleitesía, ya no hay orbes de rabia comprimida.

¡Que me quemen las lagrimas!, Que me vomiten los miedos y me degollen las palabras, pues el camino aun no ha acabado, y desconozco cómo podrá terminar.

Los cuentos de la inocencia II

II.

Y mi cabello palpita en este océano perdido, esperando que en algún momento los portales submarinos desprendan la llamada luz purpura que se puede ver en las noches más oscuras irrumpir fuera de las aguas y dominar territorios aéreos.

Me sumerjo lentamente en el gélido mar, siento el frío, frío que se convierte en nubes acosadoras de calor. Mi cabeza bajo la marisma borra todo signo de recuerdos malvados, mi cuerpo prendado se desnuda y no tiemblo de  frío ni me causa dolor el calor, era sentir la nada volar alrededor mío, y tener la sencilla sensación de que yo era el que rodeaba a toda aquella materia que no llegaba a tocar.

La presión me degrada a lo más profundo, y llego al portal, decorado con ramas de árboles de piedra limpia, con un suelo de baldosas con laterales rotos y crecientes musgos verdes y amarillos que hacían el tacto de mis pisadas como el caminar por almohadas de plumas de negras gaviotas, cuando me acuerdo, de que no puedo respirar.

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