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Posts by: Adrian

La femme fatale

Ella se cree dios con sus caderas de marfil, meneándolas por todo el salón donde yo dormía. Sus pasos estridentes hicieron que abriera con enfermedad y lentitud mis ojos empañados por la candente luz de las lámparas con poca iluminación.

Se tumba en el diván a la claridad de la sombra, con una postura sensual ella se inclina para quitarse sus ataduras, posando sus pies con caricias sobre la tela del asiento. Su seguridad impregna el aire de la tortuosa y acalorada habitación, dejándome inmóvil en la brutal butaca con mi libro medio abierto.

Me pone nervioso su presencia en este cuarto, y a la vez me fascina la soltura con la cual parpadea, sigue ahí, postrada sin falta de aires ni carente de pesos, observando con lujuria las palpitaciones en mi pecho.

Mueve su brazo con ligereza y apoyando la mano en su cabello, forma remolinos de bellos candentes y rubios entre sus dedos.

 

-¿He mencionado que estaba desnuda?-

 

Una piel a la vista deseosa de palpar, y a la mente ansia besar y morder sin causar molestias que la arruinen.

Mi deseo me hiso levantar con brío, como si se me tratara como una marioneta al servicio del placer, del pecado. Caminando con miedo hacia la mesilla que se encontraba en mitad de nuestros caminos, sobre esta había una libreta y un carbón gastado. Pues al no poder poseerla, empecé a retratar a su esbelta belleza.

Acaricio el papel con soltura, imaginando las posturas de sus brazos, el apretar de puños al causar calor a su frío cuerpo, y querer besar sus hombros. Sus tobillos, parecen estar jugando con el aire.

 

Ya casi es medianoche, se agrupan sus labios, expulsando un aire florecido de primavera, deseo que lleguen a chocar con mi cuerpo sus respiraciones provocadoras y placenteras, que me tentan.

Mil palabras para ti

Háblame del tiempo, de tus caídas, de las farolas que hace tiempo se apagaron sin aviso.

Háblame de tu ser, de tu belleza, de la sonrisa que esclavizas.

Háblame de tu sencillez, de tus cadenas partidas, de los lienzos en los que habitas, de los cuervos dibujados en la oscuridad de tus ojos, de las uñas que clavas en tu rostro sin importarte las heridas que sangran.

Descríbeme tu piel, tus mejillas cocidas por frío, tus labios desencantados y ponientes cazadores de besos.

Destrúyeme con tu aire, degollame con tu aroma, arráncame el corazón con los látigos de tu cabello.

Me derriban tus ríos de histeria acumulada, que me arrastran entre mares oscuros y profundos.

La respiración se va…, Aumenta el placer, descarría la voz de tus llantos, oculta con tus manos mis oídos, acaba con tu perfección, que acaba con todo, con migo.

El espejo

Ruido, sucio ruido, que hace arder mis timpanos en una hoya casi vacia.

Chusma, ¡Que chusma tan desagradable!

Pastores, pastores fieles en orgias milenarias, mordiendo carnales pezones y triturando el alma y la fe que antaño les habian otrogado.

Sucios, sucios reflejos de un espejo empolvado por una desconocida mano sudorosa.

-Que reflejo mas extraño, ¿Quien es aquel que no tiene ojos?, ¿Quien presume de carecer cabellera?, ¿Quien?, tu infiel, el que carece de voz, porque no tiene boca, avasallate tú que no tienes nariz, afortunado eres, pues no sientes mis insultos correr por tus oidos.

¿Quien es?, ¿Quien es el que no posee bellos, que irrumpen sin invitacion en la piel que careces?, ¿Quien es quien no posee rostro?

Soy yo

En una noche estrellada

Hace muchos años, la morbosa seda se teñía de rojo con la herida al descubierto  en su estómago.

La blanca espuma fue extinta en cuestión de segundos  por un brutal  y sanguinario arrebato de color. Observando el acabado cielo, su imaginación le permitía crear estrellas que parecían acercarse a su dilatada pupila. En la oscuridad del campo, sonaban gritos de grillos y sonatas de disparos rondando por los alrededores, devorando la hierba y agujereando al riachuelo que se llevaba la sangre y la tela manchada.

Su respiración se acelera, el pecho le palpita como si su corazón se abriese paso entre las gastadas arterias que lo encarcelan.

Parece que nunca llegará el amanecer, y en el afluente siempre correrá la vitalidad de mi amigo, escondido entre las cañas y las lavandas. El tiempo no aparece, me golpea en este sueño, no hay hora de despertarse, cabalgando por las fronteras del claro, el viento aúlla a los claveles tristes, y a las rosas pisoteadas

Nunca más importará, ya no lloraré entre mojadas piedras y flores de clavo, ya está muerto.

Querer respirar

Alguien dijo una vez que” la pluma es más fuerte que la espada”.

La pluma puede convertir la tristeza, declarar a las lágrimas y terminar con los tópicos que inundan de fuego este mundo.

Puede crear cólera, pasión, melancolía, amor. Puede crear ejércitos, árboles, seres de ramas piedras y raíces. Puede crear sueños, montañas, colores, valentía, puede dibujar palomas, ruiseñores con pasos voladores de tinta, lágrimas que quemen a la mismísima piedra. Puede destruir el tiempo y alargar la vida, terminar con el final de aquellos que han caído,  y hacer  retornar a los cielos de plumas con colibríes acallados que hacen del mas allá una infinita  locura por todo.

Besos, heridas, palabras que lloran, puntos que marcan algo nuevo, vida donde todo estaba muerto, y muerte en aquello que te daba vida.

La espada solo sirve para destruirlas.

Laud

Cuando amanece, huyes de mis sueños, y parto a encontrarte plácido recuerdo que quiero, que deseo que un día al abrir  los ojos de mi sueño, se convierta en verdad.

Sólo al pasear por los caminos de la verde hierba, y los cánticos de los enterrados árboles me inciten a perseguirte, y creí haber visto a una dama de traje blanco, corriendo descalza y acallando el estruendo producido por las ramas de piedra que prendían tu risa.

-¿Soñaría que eras tú otra vez?-

Pero aquella figura era tan real, y aquella risa tan hipnotizante, que después de desencadenarme de mis zapatos, corrí trás aquella fantasía.

No quería dejar de correr, que esta vida o sueño no acabara, que nunca termine, y que este paseo sea eterno.

Puedo ver tus rizos de cuervo ondear con las frescas hojas, y con los ruiseñores posados en sus ramas cubiertas por un veneno de dolor apasionado. Puedo seguir oyendo tu risa, y ya siento cómo se destruyen las esqueléticas fronteras que nos separaban, tocar los sangrantes robles donde posaste tu mano sanada ya de heridas, y ver cómo se cosían con la arácnida tela de tu vestido.

Cuando al final llegue a sentir tanto tu presencia, que al darme cuenta, estés alegre y risueña delante mía.

Antes de que me despierte en nuestros labios crearemos un gran fuego que nos seque las lágrimas y nos purifique la mirada en una, pues este beso perdurará, y será eterno durante unos segundos.

Daría mi vida por dártela a tí bella fantasía, daría mi alma por ver la tuya danzar bajo las lluvias de llorosos amantes separados.

Que nunca acabe, que nunca termine mi amor al verte.

Los cuentos de la inocencia III

III.

Aquí llevo caminando ya muchos meses, y las piernas no me duelen, porque las he dejado en el camino, los oídos no me escuchan, pues me los han robado un mirlo, no se me es roja la sangre, hace años que mi corazón se olvido de latir. Ya no tengo ojos, ya o tengo corazón, ya no tengo aire ni inspiración, ya no tengo alma ni furor, ya no tengo rey, ya no tengo ojos azules mirándome, ya no hay aire ni pleitesía, ya no hay orbes de rabia comprimida.

¡Que me quemen las lagrimas!, Que me vomiten los miedos y me degollen las palabras, pues el camino aun no ha acabado, y desconozco cómo podrá terminar.

Los cuentos de la inocencia II

II.

Y mi cabello palpita en este océano perdido, esperando que en algún momento los portales submarinos desprendan la llamada luz purpura que se puede ver en las noches más oscuras irrumpir fuera de las aguas y dominar territorios aéreos.

Me sumerjo lentamente en el gélido mar, siento el frío, frío que se convierte en nubes acosadoras de calor. Mi cabeza bajo la marisma borra todo signo de recuerdos malvados, mi cuerpo prendado se desnuda y no tiemblo de  frío ni me causa dolor el calor, era sentir la nada volar alrededor mío, y tener la sencilla sensación de que yo era el que rodeaba a toda aquella materia que no llegaba a tocar.

La presión me degrada a lo más profundo, y llego al portal, decorado con ramas de árboles de piedra limpia, con un suelo de baldosas con laterales rotos y crecientes musgos verdes y amarillos que hacían el tacto de mis pisadas como el caminar por almohadas de plumas de negras gaviotas, cuando me acuerdo, de que no puedo respirar.

Tiempo que parece desvanecerse

Y que contra toda certeza, puedes llegar hasta  aquí y acabar donde todo lo que llegaste a pensar se hizo posible.

Mira el cielo, las nubes y describe con claridad el sentimiento de felicidad y tristeza que puebla tu cuerpo y tu mente. Ya nada tiene sentido y solo flotan en el aire sentimientos sencillos que conocimos nada más llegar a este mundo. Y una imagen puebla tu ventana y mas allá tus ojos, cuando al darte cuenta ya todo se ha desvanecido.

Siempre cometemos el mismo error, que no nos damos cuenta de lo facil que es perder la vida, que al darnos cuenta ya la podríamos haber perdido.

El amor está en otro país

Pues yo no conoceré jamás la mágia creada al rozar los labios, no sentiré el satisfactorio apuñalamiento en el corazón cuando todo lo demás falle, cuando todo aquello, todo lo que he sentido termine. Con dulces palpitaciones de color rojo todo se separó, pero al desaparecer toda magia, regresaron aquellos sentimientos, recuerdos y demás palabrería sin importancia ahora ni antes. Pero aun sentía, en mis labios, aquel sentimiento indestructible.

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