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Posts by: Yamiley

Seres etéreos.

Cualquiera en su sano juicio no podrá negar que vivimos en una sociedad de seres fríos, más que fríos, congelados; más que congelados, gélidos. Personas de cristal, que a la vez son frágiles, fáciles de romper cual hielo. Como la persona cuyo corazón espera sentir esa calidez añorada que un día sintió. Y no es mentira cuando se dice que el amor es reconfortante, para el que lo siente, claro…

Un abrazo cálido, junto a tu otro par de calcetín o al abrigo de sus latidos irregulares.

No me culpes por ser fría solo estoy hueca por el vacío que me dejaste. Así que, perdóname por no amarte como es debido, una vez sentido el calor de sus brazos, el deje de un amor abrasador que se ha apagado me quema por dentro. Al fin y al cabo, caí por él y me enamoré. Me enamoré hasta de las letras de su nombre, de sus defectos, de su ternura disfrazada de frialdad. Y es que no sigues igual con el corazón roto.

estado permanente

Es difícil explicar con una sola frase como me siento.

Un “estoy bien” no es adecuado y un “estoy mal” no está a la altura. No me malinterpretes, no pretendo ser filósofa ni decir yo solo siento no sentir nada, porque suena hasta cómico. Es gracioso lo triste de la situación y absurdo a la vez, pero claro, siempre mirando el lado positivo. Por eso, aunque todo acabe, he de admitir que puedes utilizarme de ejemplo. Como un mal ejemplo, quiero decir. Porque, amigo mío, la mala suerte me persigue y ya no me abandona. ¿Qué esta bien? ¿Qué esta mal? ¿A quién le importa en realidad? Hay personas que no tienen idea del poder que pueden tener las palabras pero estoy completamente segura de que tú, tan astuto como eras, siempre encontraras esa manera de calarme en lo mas hondo. Porque solo tú puedes hacerme daño, porque solo tú sabes como.

Atrapada.

Era fácil sentirse perdido en un lugar como aquel. Tan fácil de perderse como cuando me desconecto de la sociedad y entro en mi mundo interior. Así de fácil. Todo es verde y tranquilo. Desde luego que no tenía ni idea de donde estaba ni a donde iba, pero era una sensación que me encantaba. De entre los arboles se colaban unos rayos de sol, que apagaban bastante la imagen del camino, pero aun resultaba visible. Doy pasos sin miedo por una senda llena de hojas y me siento libre y despreocupada, porqué ¿acaso no es así como deberíamos sentirnos siempre? Respiro hondo y dejo que el aire de campo inunde mis pulmones. Un gesto tan sencillo que me gustaría guardarlo y reutilizarlo para todos esos momentos de broncas, de no puedo seguir, de me duele respirar, porqué ¿acaso algo tan simple tiene que convertirse en algo tan tedioso? Realmente no tengo la respuesta a nada, yo solo camino, observo y escucho lo que veo por si en cualquier otro lapso de tiempo, no pueda seguir más.

Lo importante hay que saberlo.

Soy de esas personas que lo olvidan todo y me da igual hacerlo. Aunque, parándome a pensar, no sé si logro recordarlo…
Era una noche fría, que típico, ¿no? Hagámoslo más interesante. Era una noche fría, del tipo que hace que se te congele cada extremidad de tu cuerpo y sientas tener cubitos de hielo en vez de dedos. Así mejor. A mi alrededor, hasta donde alcanzaba mi vista habían luces y luces celebrando el ambiente. Y como no, un gran árbol de navidad con bolas de colorines que se veía desde la otra punta, si lo vi yo desde la distancia que estoy cegata eso significaba que era enorme. No sabía a donde iba pero estaba con él. Apenas habían estrellas en el cielo, ahí arriba se veía todo bastante solitario, no como las calles, que estaban abarrotadas de personas, en un vaivén continuo de compras y rebajas.
Volviendo a lo que te estaba contando, mis dedos estaban entrelazados, su tacto se sentía cálido y cercano. El aire se sentía cargado y fresco, no como el de las montañas que es tan puro que duele respirarlo…sino, más bien, de ese que esta contaminado pero no lo notas. Lo bueno es que olía a algodón de azúcar y a castañas. Y de repente, el sonido de estallidos inundo mis oídos, ahogando cualquier otro sonido, envolvió mi mundo. Primero confusión y luego lógica. Cuando volví a parpadear ya nada era negro, el cielo dejo de estar apagado.
Que tremendo error fue mirar su cara en aquel maravilloso espectáculo de colores.
Su abrazo, hizo que no sintiera más el frío. Sus ojos, brillantes. Y una sonrisa inocente y tierna que afloraba inconscientemente entre sus labios, una imagen grabada a fuego en mi mente y muy a mi pesar, en mi corazón.
Pero, mientras tanto, tu te aguantas y me lees, mientras yo recuerdo, como una abuelita contando batallas a sus nietos. Que tonta que soy, siempre lo recordare y jamás podré olvidarlo.

Espejos en el humo.

Ha pasado algún tiempo desde la última vez que te pense. Mi pregunta es porqué te pienso si eso solo conlleva mi tormento. No puedo dejar marchar este dolor que me esta quemando, una luz que tu encendiste. Desde aquel momento en que me dejaste paralizada. Y es que ya no me puedo sacar las ultimas palabras que dijiste, no puedo sacarme esas palabras de mi mente. ¿Cómo pudiste dejarme de esa manera? En mi cuerpo, no estas. En mis venas, ya no te siento. Has desaparecido. La sala de exposición de mi alma se ha quedado totalmente vacía. Han robado todas las obras principales y no han dejado más que soledad, mi soledad. Hace unos días que el teléfono sonó. Fue hace unos días cuando oí tu voz. No puedo creer que sea verdad. Te estado buscado tanto, reviso mi móvil siempre en busca de algo tuyo. Estar en una habitación atestada de gente y que ninguna seas tú. Ahora nunca sabré si lo que me contaron era cierto o era solo una mentira tan falsa. Pensaba que envejeceríamos juntos. Nunca tuve ninguna intención respecto a ti, pero no es solo “te echo de menos”, también dueles. Dueles como si mil abejas me atravesaran el corazón. Creo que he empezado a verte. Veo espejismos en el humo y en este instante solo soy capaz de pensar dejadme aquí hasta que me ahogue.

El alma del colgante.

Me detengo delante de la puerta. No sé si estoy preparada para hacerlo ni que espero ver. ¿Qué más puedo perder ahora que no tengo nada? Mi conciencia me ayuda a dar un paso adelante, uno ya de tantos. Su mano atrapa la mía y yo entrelazo mis dedos entre los suyos, sintiéndome así más cerca de él mientras las hojas de los árboles se separaban de sus ramas. Dentro de la habitación solo se siente soledad, oscuridad, tristeza. Noto como el frío me abraza los huesos y me muerde las mejillas, ahora más que nunca me siento sola. Él tocando su guitarra mientras yo leía, o eso aparentaba, porque la verdad era que me encantaba mirarle tan feliz haciendo lo que de verdad le gustaba. Observo minuciosamente el interior de la sala, ningún mueble parecía muy diferente a otro, demasiado antiguos como para considerarlos reliquias. Lo único que destacaba de entre toda la habitación fue un colgante como si estuviera colocado así intencionadamente. La manera en la que su mirada me decía te quiero, antes de besarme, siempre con una sonrisa sincera. Me acerco a recoger el colgante con cuidado. Es precioso, sin duda debería quedar muy bien puesto. Me pase el pelo a un lado y me puse el colgante, hasta entonces no me había fijado en que podía abrirse “Ma raison d’être. Vous êtes et vous seres”. Había una foto mía. De pronto deje de sentir el frío. Cuando se enfadaba conmigo la abrazaba muy fuerte hasta que acabábamos riéndonos. Me doy cuenta por el rabillo del ojo que vuelve a mirarme, su mirada fija en mi hace sentirme una persona afortunada. De todas, ella es la mejor chica que he conocido nunca jamás. La quería. La quiero. De pronto me quedo allí completamente pasmada. Es irónico que por fuera este totalmente paralizada cuando por dentro el corazón me iba a ochocientos ocho pulsaciones. Había visto las memorias de alguien que no era yo…pero me había visto a mi misma en ellos. Y por primera vez desde su muerte le sentí a mi lado, tan fuerte, que lo sentía vivo en mí. Su alma conmigo.

Isabel De España.

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