Googleland

¡Bienvenidos a Googleland! Con el GPhone y su Chrome, Google avanza en pos de un nuevo mundo Google. Todo lo que es googleado reluce más y mejor: sin ir mas lejos, es mi motor de búsqueda favorito (por lo que soy culpable de darles visitas). Antes de pasar a leer, más abajo, al extraordinario poeta Cavafis (que nos ilumina en esta hora aciaga de tecnología, nueva diosa usurpadora), tengamos un pequeño análisis de sus dos grandes últimos lanzamientos de consumo masivo:

En cuanto a comparación, Chrome se encuentra lejos de Explorer y Firefox, por lo que es un tercero en discordia con poco porcentaje de usuarios. A mi gusto (que no a mi juicio), Firefox es más «amigable» y «robusto»; no tiene ese aire de Google «con cuatro tablas y ocho tachas te hago una caseta de perro minimalista que cumple su función y además no ocupa sitio». Para manejar una herramienta a diario, Chrome es la mínima expresión de todo. Es cierto que cumple bien su misión, navegar, y posee funciones básicas e interesantes, pero también lo hace Opera o Safari. Firefox, still love you.


Viendo el suculento negocio, Google se dijo: yo también. Y como se ha convertido en estándar de la información, y como internet abarca tanto, no queda otra que mirar su teléfono. Aquí si que no tengo preferencias: no me gustan ninguno de los dos, son caros y, además, yo no quiero un juguete, quiero llamar y recibir mensajes. ¿El futuro demanda móviles multiusos? No: ellos crean la necesidad de móviles multiusos porque la gente compra de forma compulsiva. La que puede, claro. ¿Qué le queda por fabricar a Google? ¡Coches! ¡Papillas! ¡Leche! Supermercados Google, franquicias Google donde se venda café al más puro estilo Starbucks, Walmarts Google, bazares con hindúes en los que, con tarjeta de crédito Google (gratuita) te reembolsan el 5% de las compras.

Y, cuando lleguemos a vomitar de sentidos más absorbidos aún, ¿quién llegará para consolarnos, qué nuevos bárbaros? Escuchemos la sabiduría de Cavafis, que es la nuestra:

Esperando a los bárbaros

-¿Qué esperamos congregados en el foro?
Es a los bárbaros que hoy llegan.

-¿Por qué esta inacción en el Senado?
¿Por qué están ahí sentados sin legislar los Senadores?

Porque hoy llegarán los bárbaros.
¿Qué leyes van a hacer los senadores?
Ya legislarán, cuando lleguen, los bárbaros.

-¿Por qué nuestro emperador madrugó tanto
y en su trono, a la puerta mayor de la ciudad,
está sentado, solemne y ciñiendo su corona?

Porque hoy llegarán los bárbaros.
Y el emperador espera para dar
a su jefe la acogida. Incluso preparó,
para entregárselo, un pergamino. En él
muchos títulos y dignidades hay escritos.

-¿Por qué nuestros dos cónsules y pretores salieron
hoy con rojas togas bordadas;
por qué llevan brazaletes con tantas amatistas
y anillos engastados y esmeraldas rutilantes;
por qué empuñan hoy preciosos báculos
en plata y oro magníficamente cincelados?

Porque hoy llegarán los bárbaros;
y espectáculos así deslumbran a los bárbaros.

-¿Por qué no a acuden, como siempre, los ilustres oradores
a echar sus discursos y decir sus cosas?

Porque hoy llegarán los bárbaros y
les fastidian la elocuencia y los discursos.

-¿Por qué empieza de pronto este desconcierto
y confusión? (¡Qué graves se han vuelto los rostros!)
¿Por qué calles y plazas aprisa se vacían
y todos vuelven a casa compungidos?

Porque se hizo de noche y los bárbaros no llegaron.
Algunos han venido de las fronteras
y contado que los bárbaros no existen.

¿Y qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros?
Esta gente, al fin y al cabo, era una solución.

Costantino Cavafis.

Un mundo Google es un mundo mucho mejor, y si no, tómese usted esta pildorita Google (las tenemos en azul y rojo) y verá como le aparecen elefantes rosados con una hermosa G tatuada en su lomo. Bienvenido a Googleland.

Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

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