Males Endémicos del Escritor – Parte I

Adjetivitis.

La adjetivitis se produce cuando el escritor empieza a añadir adjetivos a diestro y siniestro. En su mayoría, adjetivos que no aportan ningún matiz que ya no posea el sustantivo. Por otra parte, es común que ataque en adjetivaciones que ya son estándares literarios. Por ejemplo: mendigo andrajoso -no se conocen casos de mendigos con trajes de diseño-, cabello negro azabache, etc.


Desertitis.

La desertitis se produce cuando la imaginación es un árido desierto ausente de vida. Hay quien ha querido calificarla de pantanitis, pero olvida el monstruo del Lago Ness. El virus que la contagia mantiene una simbiosis perfecta con la imaginación del escritor. A periodos fértiles le llegan inevitables periodos de desertitis.


Descriptivitis.

La descriptivitis ataca a aquellos escritores que más que contar y avanzar la acción se dedican a describir constantemente. El lector termina por ir pasando páginas porque considera toda esa información insustancial, y mucho más si no tiene que ver con la historia que se está narrando o no actúa sobre el comportamiento o pensamiento del personaje. Hay que señalar que existen autores que convirtieron la descriptivitis en un arte: Thomas Mann, por ejemplo.

Plagitis.

La plagitis es una consecuencia de la desertitis, en muchas ocasiones. Es como cuando uno tose y luego le duele la gargante y luego tiene fiebre. Se van uniendo malas compañías. La plagitis acusa un momento de bajón moral del escritor. Desesperado, termina copiando textos, fragmentos, páginas enteras de otro colega. Suelen acabar mal, trabajando de funcionarios y, aún peor, de carteros. Solo de pensarlo me estremezco.

Lentevitis.

La lentevitis se manifiesta cuando, una vez acabado un laborioso poema o relato, por circunstancias ajenas al escritor éste descubre, asombrado, que aquello de lo que escribe ya se había contado, y mucho mejor. Y bueno, si no lee lo suficiente o tiene las gafas empañadas es lógico que no se percate de lo que hay a su alrededor. Todo escritor debe evitar la lentevitis e investigar sobre lo que quiere contar, por aquello de que igual ya han tratado el asunto. Es una forma de conocer qué se ha hecho antes con ese argumento, con ese poema u obra teatral. Cuidado con la lentevitis.

Doctorivitis.

También conocida como Pendativitis, se da en aquellos escritores o profesiones afines en las que se acostumbra a diagnosticar los males de textos ajenos. Se suele hacer con saña, un poco al estilo del cine de terror más «gore», sin atender a sensibilidades ni amabilidad. Los aquejados de éstos males suelen tener una vida sexual más bien mediocre. Si usted posee una actividad sexual discreta, hágaselo mirar. Puede que sea el primer síntoma de la doctorivitis. Y si un amigo le pasa un texto para que le de su opinión, ¡cuidado! La doctorivitis hablará por usted como un demonio en su cuerpo. Practique sexo, es el único remedio conocido.

Bloqueitis.

La bloqueitis aparece de sopetón. Mientras que la desertitis es un mal que va y viene pero uno nota que se aproxima, la bloqueitis te puede coger en un despiste. Justo te levantas para ir a comprar pan para la cena y cuando vuelves, ¡zas! Bloqueitis al canto. Es una sensación desesperante. Recuerda: es mejor no cenar y pasar fatigas que abandonar un texto en un momento crucial. De todas formas, prueba este remedio ancestral, conocido en los recónditos rincones de oriente: cruza los pies, junta los pulgares, repite Laquis maquis loris ipsorum diorum al menos cuatro veces, saca la lengua, descruza las piernas, descruza los pulgares, coje un folio en blanco, arrúgalo, abre la ventana, espera a un viandante, arrójaselo al cuello y grítale: ¡tú! con los ojos saltones y aguantando la respiración. O también puedes probar un remedio occidental: sal con un amigo o amiga a tomar un café.
Y no te preocupes. Lo mismo que viene se va. Es más brusca pero abandona antes.

Amiguitis Compulsivus.

La amiguitis compulsivus se manifiesta en aquellos escritores que, de forma desesperada, no han acabado de poner el punto y final y ya están llamando a los amigos para que les comenten qué les parece, con el deseo oculto de que le digan que es casi como si releyeran Por quién doblan las campanas de Hemingway. Cuando todo el mundo sabe que Hemingway escribió mejor. Los amigos tienden a desaparecer o se buscan ocupaciones para dejar de estar disponibles. Si has tachado de la agenda, recientemente, a más de cinco personas, háztelo mirar: puede que la bacteria de la Amiguitis Compulsivus esté instalada en tus golondrinos.

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Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

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