Mi biblioteca personal

bibliotecaEste fin de semana estaba limpiando el polvo de mis libros y me disgustaba encontrar algunos con pequeñas manchas de degradación del papel en las contraportadas, o incluso en hojas interiores. Luego miraba las fechas de edición: casi todos tenían más de diez años. De todos, el que más me fastidia es el de Hamlet, en la edición bilingüe de Cátedra. El de Cuentos completos I de Asimov, de Bruguera, está con las hojas muy deterioradas y ennegrecidas, e incluso al tacto se hace desagradable leerlo. Huele a polvo al hojearlo y lo tengo en un rincón de la estantería, preocupado porque «contagie» a otros ejemplares más nuevos, o acelere el proceso en los que empiezan a degradarse.

Para los libros, prefiero comprarme ediciones más cuidadas y con «aparato» crítico, sobre todo si son clásicos. Por ejemplo, tengo los Cuentos completos de Kafka, en Valdemar, por orden cronológico y sin las correcciones de su amigo Max Brod. O, por ejemplo, una pequeña edición de los Sonetos de Shakespeare prologados por Luis Antonio de Villena o el Canto General de Neruda en Cátedra. Ya me gustaría poder acceder al mundo de los bibliófilos y acceder a ediciones originales o a primeras ediciones en español de autores de otras nacionalidades. Los libros de bolsillo son una gran solución: tienen el mismo contenido y son mucho más baratos.

Mi desazón viene porque no me apetece volver a comprarme libros por los que ya he pagado en su momento. Sé que están fabricados en un material biológico -papel, aunque su fabricación no tenga nada de ecológica-, degradable por el sol, el polvo y los malos cuidados. No sólo es por la cuestión económica, sino que en la biblioteca que vas adquiriendo con los años hay una intención de legado para generaciones futuras; es el hermoso regalo de la literatura, del saber, en definitiva.

Los libros que uno posee pasan a ser, un poco, como un animal doméstico. Los tomas en tus manos y reconoces sus hojas, su formato, recuerdas en qué página sucedía tal o cual anécdota de la historia. Y cuando «mueren», claro, te da una rabia y una impotencia terrible. El libro digital soluciona estos traumas, pero prefiero un gato a un tamagotchi.

La liturgia del libro está tan imbuida en nuestra sociedad, y durante tantos siglos, que los que padecemos esa bendición olemos libros recién comprados a solas, hojeamos como un tesoro las primeras páginas con el marcador de regalo de la librería, y sentimos que somos los primeros en desvirgarlo y ya entonces el libro es domesticado para siempre. Lo del olor y los libros es como el aroma irrenunciable para los amantes del café; o como el adicto que, cuando va a la gasolinera a repostar su coche, huele el aroma del petróleo destilado y lo adora.


Tengo algunas ideas para proteger mejor mis libros. Voy a comprar un material poroso -una tela-, para que deje pasar el aire, y a modo de cortinillas proteger de la luz y el polvo los libros y retardar su envejecimiento. Lo ideal sería crear un búnker con caja fuerte con apertura retardada y una combinación de seis dígitos -cuya clave sería mi fecha de cumpleaños al revés, por ejemplo-. La otra es rutina: cada cierto tiempo -menos del que debería-, limpiar y reclasificar su orden para coger uno nuevo al azar, porque si no, siempre acabo releyendo los mismos.

Los adoro.

Estos son los libros de literatura, tirando ahora de memoria -y que no presto: los libros que se prestan pasan irremediablemente a la categoría de regalos 😀 -:

  • Pastoral Americana, Philip Roth
  • El Principito, Exupéry
  • Manhattan Transfer, John Dos Passos
  • La carretera, Cormac McCarthy
  • Por el camino de Swan, Proust
  • Poesía completa, Emily Dickinson
  • Poesía completa, Kipling
  • Sonetos, Shakespeare
  • Rimas y leyendas, Bécquer
  • Canto General, Neruda
  • Antología poética personal, Manuel Padorno
  • El Aleph y otros relatos, Borges
  • Geografías, Despistes y Franquezas, Benedetti
  • Inventario I, Benedetti
  • Cuentos Completos I, Fundación, Yo robot, Asimov
  • La naranja mecánica, Burguess
  • Ulises, Dublineses, Joyce
  • Cuentos completos, Kafka
  • Tokio Blues, After Dark, Sauce ciego, mujer dormida, Murakami
  • El rumor del oleaje, Mishima
  • La vida sexual de Catherine Millet, C. Millet
  • El extranjero, Camus
  • El lobo-hombre y otros relatos, Boris Vian
  • Confesiones del estafador Félix Krull, Thomas Mann
  • Retrato de una dama, Henry James
  • Orlando, Virginia Woolf
  • El chino, Mankell
  • El perfume, Süskind
  • Dientes blancos, Zadie Smith
  • La cantante calva, Ionesco
  • Tragedias, Shakespeare
  • El espejo enterrado, Carlos Fuentes
  • Temor y temblor, Kierkegaard
  • Cómo destruir Nueva York, Martínez

Es curioso que de un autor como Dostoievski, del que me he leído cuatro novelas (Crimen y castigo, El idiota, Memorias del subsuelo y El jugador) no tenga ninguna -lo mismo me pasa con Paul Auster o Houellebecq-, y sin embargo tenga Octubre, octubre, de Sampedro, uno de Vázquez Montalbán de cuyo nombre no puedo acordarme, El espejo enterrado de Carlos Fuentes o El águila bicéfala de Antonio Gala, todos ellos regalos, no me enojen. Hay algunos que no releo nunca, como El espejo enterrado, que así se quedó (enterrado) en mis estantes. Cuando lo limpio me da grima.

¿Eres sagaz? ❓ Es evidente: no compro literatura de autores españoles. Y esta culpa culposa y gravedad gravosa me atormenta en los veranos, acalorado entre dunas de rubia arena y con una botellita de cola helada sobre la toalla :emotion:

Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

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