¿Y tú, qué clase de lobo eres?

lobo

Hobbes afirmaba que en el «estado de naturaleza» el hombre vive una guerra de todos contra todos.

El hombre es un lobo para el hombre.

Con el fin de lograr su seguridad y superar el peligro que el estado de naturaleza implica, los individuos ceden sus derechos en favor de un tercero, surgido de este contrato: el Estado o la República (también llamado «Leviatán»). Para que este acto tenga sentido, la sesión de derechos al Estado debe ser definitiva. Los derechos no pueden ser recuperados. El Estado es, por lo tanto, omnipotente. Este Estado soberano es la fuente única del derecho, la moral y la religión. Al respecto dice Hirschberger que “el Estado de Hobbes viene a ser un hacinamiento de poder resultante del egoísmo colectivo”.

Echemos un vistazo a la Plataforma contras las 65 horas semanales. Me pregunto quiénes serán los casi 28.000 lobos, en el instante de escribir este artículo, a los que les parece correcto que trabajemos más horas. ¿Adictos al trabajo? ¿Lobos-empresarios? ¿Despreocupados de su salud física y mental?

En otros órdenes de la vida, también es recurrente encontrar ideas extremas a lo que la sensibilidad dicta, tanto por un lado como por el otro (partiendo de que desconocemos qué lado posee la certeza). El lobo-obispo que condena el aborto sobre las violaciones y castigos medievales a los niños en Irlanda, o el que pone a la misma altura el aborto y la violación. La xenofobia; el exterminio entre razas en África; la violencia de género, o los que reclaman un territorio ocupado. ¿Hay, efectivamente, dicho de forma muy pueril, lobos buenos y lobos malos? ¿Cómo podemos medirlo? ¿Creer que el aborto es un asesinato es una visión objetiva y justa, o una adecuación a unos valores religiosos?

Hay tantas ideas como lobos habitan en el mundo, y no todas tienden a privilegiar el bien común sobre el propio. Como lobos que somos, diría Hobbes, los hay más uraños que otros; lobos solitarios y lobos de mar, lobos ascéticos y lobos vegetarianos; lobos budistas y lobos de extrema derecha; lobos inquietos, lobos sumisos y lobos sagaces…

Los lobos que conozco son tan variados y complejos que, no podía ser de otra forma, conviven en su interior varias razas. En casi todos encuentro una preocupación concreta por las posesiones, de cualquier orden. Lo que se posee o aquello que se aspira a poseer. Esta defensa de lo privado debió ser el gérmen del nacimiento de la justicia, o anduvo cerca: que no me arrebaten lo mío. Es lógico: en el sistema de los lobos, el alimento, por ejemplo, es una necesidad básica. Para conseguirlo, claro, hay que adaptarse a un ecosistema que funciona de un modo muy particular. Pero existen otras clases de posesiones (amor, dinero, etc.)

¿Cómo protegerse de esos otros lobos malos, de su poder, de su afán por controlar la forma en que fluye lo cotidiano? ¿Si pudieras, lobo, no querrías adecuar la realidad a tus intereses? ¿O eres un lobo-samaritano, feliz con tu vida y sin preocupaciones globales, ayudando al prójimo en lo que buenamente puedes? ¿Olvidamos que somos una especie animal y que «el más fuerte sobrevive y perpetúa la especie»?

Esos otros lobos -buenos o malos- me observan con sus pupilas detenidamente, porque también para ellos soy «el otro». Creo que me miden el paso, y nos olemos para anticipar los movimientos.

Hay lobos que procuran regir la vida de otros lobos, como si fuéramos lobeznos, de tanto repetirnos la idea de que se han adjudicado -o poseen- una legitimidad que se han otorgado ellos mismos. ¡Crear la idea de clases ha sido el mayor invento de unos cuantos lobos!

Uno de los métodos más efectivos y usados por estos lobos, líderes de la manada, es el buen uso del miedo. La amenaza de que nos claven sus fauces y sus garras en el lomo es una intimidación muy convincente. O estás conmigo, dicen con el rabo apuntando al cielo, o contra mí. O te adaptas al sistema, o el sistema te engullirá como a un ratoncillo.

En las épocas de poco alimento, los lobos cambian la estrategia: quieren asustarnos y hacernos partícipes de sus miedos -si el sistema cae, caemos todos-, liberándonos en esos tiempos de los cepos invisibles para que les ayudemos. El sistema cae como un castillo de naipes.

Un lobo libre, en mitad de esa locura, puede pensar: ¿y a mí qué? Que se desmorone; no apoyo este sistema, estoy descontento, no salgo a cazar con la manada. Ayúdame, susurran los lobos líderes, para que luego pueda atarte a mi yugo con más firmeza, porque los cambios del sistema serán para asegurarme más aún de tu sumisión. No quiero, me digo, pero ¿conozco una alternativa? ¿Acaso no tengo una familia? ¿Mis propias necesidades de libertad, basadas también en conseguir la forma de acceder a bienes de consumo?

«No saben estos lobos obreros lo que dicen, el paro, el hambre, la ruina, todo se desmoronará», dice un lobo-economista en cada micrófono que los lobos-periodistas ponen a su alcance. «Si el tejido productivo… el paro se hará insostenible… caos… Hay que ayudar a la banca… Consumir se hace prioritario… o será el apocalipsis…»

Entiendo su planteamiento -llámenle instinto lobuno-. Imaginemos el peor escenario posible. Un mundo derruido tal y como lo conocemos, una escala de valores que ya no tiene sentido, muerte, hambre, caos. ¿Y en este nuevo mundo apocalíptico, el lobo-economista de qué iba a vivir?

El lobo-economista es inteligente y procura, como todo lobo, proteger el sentido y la razón de ser de los de su gremio.

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Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

2 Comentarios

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  • Estaba buscando una cosa y llegué a esta entrada…este día estaba yo en el materno, esperando a que naciese Martincito… ¿y si te digo que hoy, que he estado confeccionado mi próxima entrada que estará dedicada a tu ebook, he estado pensando en cómo llegué yo a la «Ciudad»? y no lo sé pero creo que fue una gran cosa que yo llegase aquí 🙂 Pena máquina de teletransporte…

    • Leí tu mensaje del Facebook primero, así que gracias por doble partido y como te dije allí, lo primero es lo primero. ¡Besotes guapa! 😀 :-*

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