Desenmascarando al doctor Jekyll

edgarmorinLa idea de que se podría definir homo sapiens, es decir, la de un ser razonable y sabio, es una idea poco razonable y poco sabia. Homo también es demens: manifiesta una afectividad extrema, convulsiva, con pasiones, cóleras, gritos, cambios bruscos de humor; lleva en sí mismo una fuente permanente de delirio; cree en la bondad de los sacrificios sangrientos; confiere cuerpo, existencia, poder a mitos y dioses de su imaginación. Hay en el ser humano un foco permanente de urbis, el exceso de los griegos.

La locura humana es fuente de odio, crueldad, barbarie, ofuscación. Pero sin los desórdenes de la afectividad y los excesos de la imaginación, sin la locura de lo imposible no habría impulso, creación, invención, amor, poesía.

El hombre, es, pues, un animal que no sólo carece de la suficiente razón sino que también está dotado de la sinrazón.

No obstante, necesitamos controlar al homo demens para ejercer un pensamiento racional, argumentado, crítico, complejo. Necesitamos inhibir en nosotros lo que de demens tiene de asesino, malvado, imbécil. Necesitamos la sabiduría, la cual requiere de nosotros prudencia, templanza, mesura, desprendimiento.

Amor, poesía, sabiduría, Edgar Morin.

En su Curso de literatura europea, Nabokov analiza la increíble y maravillosa narración de El doctor Jekyll y Mr. Hyde y apunta dos ideas que amplían las lecturas de la novela. Por un lado, cuando el doctor Jekyll bebe la pócima, más que una metamorfosis total, supone una concentración del mal preexistente en el doctor Jekyll. Jekyll no es el bien en estado puro, como tampoco Hyde es el mal absoluto: Jekyll potencia con su fórmula mágica la maldad que ya existe en él. Por lo tanto, esa desesperación de Jeckyll con las maldades diabólicas de Hyde no le son totalmente ajenas: Hyde no opera un cambio en su sadismo creando una nueva persona -y una conciencia que nace de la nada-, sino que, de alguna forma, multiplica por mil los deseos perversos ya existentes en el doctor Jekyll.

Y, por el otro, dice Nabokov, Jekyll no es una criatura inocente, ajena al comportamiento de Hyde. Durante el tiempo que Hyde, por decirlo de alguna forma, «gobierna» su cuerpo, Jekyll es consciente de todo lo que hace Hyde, es decir: está presente durante las horas que dura la transformación, de tal forma que hay una zona en la que ambos, Jekyll y Hyde, comparten su conciencia.

Henry Jekyll a veces se quedaba congelado con las acciones de Edward Hyde, pero la situación estaba tan fuera de toda norma, de toda ley ordinaria que debilitaba insidiosamente su conciencia. Hyde y sólo Hyde, después de todo, era culpable. Y Jekyll, cuando volvía en sí, no era peor que antes: se encontraba con todas sus buenas cualidades inalteradas; incluso procuraba, si era posible, remediar el mal causado por Hyde. Y así su conciencia podía dormir.

¿Disfrutabas en secreto, doctor? ¿Acaso te sentías como se sienten los conductores que, tras un aparatoso accidente en la carretera, aminoran la marcha para comprobar la magnitud de la desgracia? Pobre Jekyll, que presenciaba aterrado las acciones de Hyde… ¡Tú mismo lo confesastes!

Entonces sentí que tenía que escoger entre mis dos naturalezas. Estas tenían en común la memoria pero compartían en distinta medida el resto de las facultades. Jekyll, de naturaleza compuesta, participaba a veces con las más vivas aprensiones y a veces con ávido deseo en los placeres y aventuras de Hyde

Querido Jekyll, puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo. 😀

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Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

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