Desayuno. Dickens.

scrooge¡Buenos días! Son las 7:21 de la mañana y el día anuncia bocadillo de tortilla con ketchup en la playa. De papas, como mandan los cánones, envuelto en papel de platina. Y agua fresquita que me compraré por allí.

Ya tengo mi leche y leche preparado y con el tiempo he adquirido la habilidad de beber con la izquierda y usar el ratón con la derecha. ¡Je! Si no fuera por la bomba de azúcar y lo malo que es el café para el cuerpo, me tomaría uno cada dos o tres horas.

Me he percatado de que ayer comencé a narrar mi sueño con estas palabas: «Anoche tuve un sueño…». ¡Como si hubiera pasado un día entero! Ha sido cuestión de pocas horas, mejor: pocos minutos. Así que sería mejor comenzar con: acabo de soñar…

Y luego está la casualidad de que los recuerde vivamente. Sigo trabajando en mi teoría acerca de un significado global de estos sueños que consigo recordar.

Al grano: acabo de soñar con Eduard Punset. Por fin encuentro una relación directa entre el personaje de mi sueño y la causa de que aparezca. Estuve viendo en la televisión un programa de humor en el que le entrevistaban. Todo hay que decirlo: entre broma y broma chusca del pesado del entrevistador, era un placer escucharlo.

Estábamos sentados en una gran mesa rectangular, uno en cada extremo. La mesa podría ser perfectamente la de la planta 82 del edificio Sony, donde se reúnen el presidente y sus directivos. Sólo que no la presidía, por una vez, el señor Sony, ni había directivos y sí dos largas filas de sillas vacías a cada lado.

-¡Hola, Punset! -le dije.

Eduard llevó su mano a la oreja y estiró el cuello. Estamos demasiado lejos, pensé. Reparé en el pequeño micrófono y el botón verde iluminado. Apreté el botón y mi voz resonó en toda la sala.

-¡Hola, Punset! Mire el micrófono enfrente suyo. Pulse el botón verde para hablar, y púlselo de nuevo para apagarlo.

-Hola, no recuerdo tu nombre. ¿Dónde nos hemos visto antes? -preguntó Punset.

-En ninguna parte. Es la primera vez que nos vemos. ¿Cómo está? Soy un gran admirador suyo.

-Pero ¿cómo es que estamos aquí?

-Verá, me da vergüenza decirlo, pero es que por las noches me tomo una pirula con un vaso de leche fría… Las noches locas, dos. Y se ve que la reacción me genera estos sueños extraños.

-Pero oiga, yo estaba tan tranquilo en casa, durmiendo plácidamente, y ahora me encuentro aquí.

-¿Eins? ¿Quiere decir que es su yo real el que está aquí conmigo?

-Oiga: yo estaba durmiendo plácidamente en mi cama y ahora me encuentro aquí con usted. Es lo que se llama una demostración empírica. ¿Conoce a Descartes?

-Aún no, pero cualquier día se me aparece en un sueño. Vaya, este sí que es un efecto inesperado. Puedo atraer a gente real a mis sueños.

Y mentalmente comencé a hacer la lista: Scarlett Johannson, Emily Blunt, Halle Berry, Elisha Cuthbert, Adriana Lima, Keeley Hazell, Jessica Alba… Lo más difícil sería convencerlas para la orgía. Punset me arrancó de mi estado catatónico.

-Lo cierto es que, ya que estoy aquí, podría hacer algo por tí. Veamos, ¿has oído hablar de la teoría de cuerdas? ¿Del viaje en el tiempo?

-¡Hombre! Me he visto casi todas las versiones de H.G. Wells. La última un poco flojilla, con David Bowie haciendo de malo en un futuro muy poco agradable.

-Quiero mostrarte algo.

Como una serpiente, una larga cadena de ADN comenzó a reptar sobre la mesa hasta llegar justo enfrente mío.

-¡Pero esto que es! ¿Muerde o algo?

-No. Eso es tu cantidad de pecados amorosos. Tengo que reconocer que hace tiempo que no veo una cadena de ADN tan grande. Tengo entendido que se necesita un microscopio para poder verlas… y atómico, a poder ser.

-A ver Punset, quíteme esta cosa de encima, que me pone nervioso verla girar sobre la mesa… ¡Ande!

-Es necesario que veas tus errores pasados.

-¿Mis errores pasados? Ayayayaiiiiii, que esto me suena… ¡No será esto Cuento de Navidad! Que yo me llamo Julio, no Scrooge.

-Quiero que veas una cosa.

Y en un instante estábamos caminado por Rafael Cabrera,  una de las calles más transitadas de Las Palmas. Sólo que unos veinte años atrás, según Punset. Caminaba a paso tranquilo. Punset y yo seguíamos con nuestro aspecto normal: había cambiado el decorado, como una foto en color sepia.

-Mira a ver si conoces a alguien -dijo, deteniéndose en el número 34 de la calle. Y en ese preciso instante, sale una chica rubia, delgada, con un top y vaqueros azules, sujetando con fuerza a un impetuoso Yorkshire.

-¡Hostias! Si es la Sara.

-¿Quién fue?

-Mi primera novieta seria, digamos. ¡Era más buena!

-¿Y qué pasó?

-Pues que no entendió porqué le hice un chequeo completo a una de sus amigas íntimas por segunda o tercera vez. Fue una noche loca de esas.

-Ajá.

Punset chasqueó los dedos y avanzamos unos diez años, o quizás más.  Yo debería tener unos 27, aproximadamente. Estábamos en la zona de La Isleta, cerca de La Puntilla, y me pregunta:

-¿Te suena de algo aquella chica morena, la que está sola en la playa, junto al puesto de vigía de la Cruz Roja?

-Sí, es la Vane. Qué jamones y qué melones, por Dios. Esa chica era un subidón de testosterona exagerado. Me ponía burrísimo. ¡Más buena niña!

-Y si tanto te gustaba, qué hace sola en la playa la víspera de San Juan.

-¡Anda es verdad! Lo dejamos ese día. Es que claro, Punset, me empecé a agobiar, tanta llamada, tanto mensaje, tanto de tanto, ¡me desbordé! Soy un tío muy independiente y esas cosas que usted ya sabe.

-Eres tan independiente que ni la llamastes para decirle que no querías estar más con ella.

-¡El móvil! No tenía saldo. Cosas de la vida, Punset, tan complicada.

-Pues háblate con Vodafone porque lo de no tener saldo te duró toda la vida: jamás la volvistes a llamar.

-¡Ah claro! Es que me fui de romería, me lié, esto, lo otro, y al final pensé: mejor la dejo que rehaga su vida. ¡Quién soy yo para decidir por los demás! Libertad, libertad al personal. En aquella época se llevaba eso de ser libre. Nino Bravo fue triple disco de platino.

Punset chasqueó los dedos y volvimos a la sala de reuniones en un instante.

-Esta es sólo la primera parte de tu viaje. Has visto alguno de tus errores del pasado, una pequeña muestra, que deberían recordarte muchos más…

-Lo sé, la lista es interminable, si hasta yo mismo me miro al espejo y me digo: si tuvieras tetas, te pediría el número del móvil… Una vez me llamaron de El País porque decían que en la puerta de mi casa había más tías que en la cola de Operación Triunfo…

-No vas bien. No vas bien y no te das cuenta. En breve tendrás otra visita -me dijo Punset muy serio y casi diría enfadado. ¿Se enfada Punset?

-Ah, pero, ¿no me va a contar nada de esas cosas tan interesantes que sabe?

-Me sacas de la cama para esta tontería y pretendes… Tengo mejores cosas que hacer mañana. Espera aquí. La segunda visita no se hará esperar.

Punset salió por la puerta de la sala de reuniones, cuando esperaba que se desvaneciera en el aire o algo así. Cerró con mucho cuidado.

Toc, toc. Alguien golpeó la puerta.

Pulsé el botón verde del micrófono.

-¡Adelante!

Mecagüentóloquesemenea. A que no adivinan quién es el fantasma de la Navidad presente. Seré justo y les daré una pista. Esto es lo que dijo al entrar por la puerta, haciendo como que entraba y no entraba, con una mano apoyada en su espalda y ligeramente encorvado:

-¡Eres un cobarrrrrde pecadorr de la pradera! ¡Un fistro diodenaaaaarrrll! ¡Jar! ¡Vas a nacer después de los dolores! ¡Eres un torrpedo!

Y cinco minutos más le duró el ataque, hasta que por fin se le pasó y se sentó enfrente mío.

-Güenas tardes.

Fue todo lo que dijo. Se quedó callado. Serio. Psicópata total.

Pero esto te lo cuento en el próximo desayuno. ¡Que pases un día estupendo! Yo me voy a la playa en un ratito. ¿Un consejo? Mmm… «Y no te olvides de supervitaminarte y mineralizarte» ¿Recuerdas quién decía esto? 😀

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Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

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  • ¿Una regresión al pasado? Pues claro, no ves que los hombres… Espera: no ves que yo soy unineuronal y no maduro. No tengo el síndrome de Peter Pan, sino el de Peter Pan, el de Wendy y los Niños Perdidos, pasados por la Turmix y con dos bloques de hielo, que hace calor.

    En cuanto al análisis… Punset es actual, y que yo sepa Chiquito sigue haciendo bolos y sale en la televisón. Clint rueda una obra maestra anual, prácticamente. No tengo culpa de que me salten los que me saltan.

    Un besote, pásalo bien y recuerda no empujar a las otras solteras para coger el ramo, que es feo. 👿 😀

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