¿Control del conocimiento con Google?

031505_divinity_library_57A menudo, pequeños avances pueden parecernos ventajosos e inocuos. Google avanza con su digitalización de libros. Y lo hace, a mi juicio, en un fondo de claroscuros.

Hay una serie de cuestiones que me llaman la atención. Una, que Google haya podido adquirir los derechos de venta de libros descatalogados. Estos suponen millones de ejemplares que sólo podremos adquirir a través de Google.

Implica, así mismo, ausencia de competencia, que podría derivar en riesgo de abuso de posición frente al consumidor por parte de Google. Mi experiencia es que: si una empresa puede cobrar más por un producto, lo hará.

En segundo lugar, aunque es cierto que Google se ofrece a digitalizar libros en varios países, la visión subjetiva que podría dar de determinados acontecimientos históricos, o de la tendencia de determinadas corrientes ideológicas, conocimiento científico en general, etc.

Por ejemplo, un investigador podría realizar un estudio o análisis a partir de los libros que dispone Google a su alcance sobre determinada materia. Pongamos, la Revolución Francesa. Esta visión podría resultar sesgada y analizada, por ejemplo, desde una perspectiva que no fuera asumida por los historiadores franceses. O, tal vez, la existencia de cientos de obras sobre el Creacionismo en proporción al Darwinismo que sirva para prestigiar  una teoría frente a la otra. Es cierto que una cosa es el conocimiento y otra el uso de este conocimiento; pero no es menos cierto que una vez se posee la capacidad de elegir qué catalogo ofrezco, cuestiones morales o políticas pueden determinar el mismo. Por ejemplo, si Google fuera una empresa del mundo árabe, el catálogo no incluiría obras «infieles», por denominarlas de alguna forma. ¿No tiene occidente, y los EE.UU., obras en «listas negras»? ¿Se podrá comprar Mein Kampf via Google? Sí: hoy día se puede.

En tercer lugar, la preponderancia del inglés como idioma principal en su catálogo. No es una idea peregrina imaginar que la mayor colección de libros en Google se encontrarán en inglés, a excepción de la literatura, que para ser vendible deberá disponerla en varios idiomas. Si una edición aparece en inglés, ¿quién me garantiza que Google digitalizará su posterior versión española, disponiendo ya del original? Tendrá que ser un ejemplar muy demandado, por ejemplo: una novela de éxito.

Google puede ligar, de forma subliminal, la idea de que el conocimiento se expande y se articula en un idioma exclusivo, el inglés, una idea que generaciones futuras pueden asumir como una relación natural. La costumbre es un arma de convicción muy poderosa.

En cuarto lugar, resulta sospechoso que una institución del prestigio de la Biblioteca Nacional de Francia (BNF) haya cambiado su resistencia a Google y ahora permita digitalizar sus fondos. El problema parece ser el dinero: la propia red francesa, Gallica, posee una financiación deficiente. Pero a Google, si algo le sobra, es dinero. Google no hace nada gratis, me temo: ha visto el filón que supone el control de la digitalización de los libros y no desaprovecha la ocasión. Google es fiel al sentido de su existencia: actúa como una empresa.

Europa planteó resistencia, pero con escaso éxito. Con Europeana parecía haberse dado una alternativa a Google Books pero, a pesar de sus más de cuatro millones de libros disponibles, no ha tenido la repercusión esperada. También habría que citar la Biblioteca Digital Mundial, un proyecto en el que participan Google y Microsoft, y que tiene como gran garante a la UNESCO. También ha quedado en un segundo plano de relevancia en cuanto a uso.

No quiero hacer un discurso chovinista. Sin embargo, el conocimiento debe ser compartido y se debe tener acceso a él de forma gratuita: es un derecho universal. Si una empresa privada tiene la potestad de distribuir, anular o eliminar, por razones empresariales, políticas, etc., en las cuales los ciudadanos no tenemos capacidad de decisión, ¿qué alternativas quedan para poder reclamar nuestros derecho al conocimiento libre?

Hay que prever las consecuencias que pueden derivarse de fenómenos que se encargan de presentarnos como avances y en los que subyace un medio de control del conocimiento. ¿Usarán ese mecanismo para controlar el conocimiento o a quién lo ofrecen? No necesariamente. Pero si puedo evitar que alguien ajeno a mí y que escapa a mi control pueda accionar el botoncito que abre y cierra las puertas de la sabiduría, me quedo más tranquilo.

Nuestra misión como ciudadanos no consiste en denunciar, exclusivamente, aquellos errores o faltas que se cometen. Consiste, también, en una supervisión responsable de lo que sucede a nuestro alrededor con sentido práctico. También debemos indicar a aquellos que hemos designado como gestores de nuestro mundo dónde, cómo y cuándo pueden aparecer dificultades o procesos que nos reporten injusticias o perjuicios.

Y este aviso no debe ser una tarea menor. La historia nos ha enseñado lo sencillo y práctico que es aplicar sistemas en apariencia beneficiosos y minimizar sus nocivos efectos secundarios. Sin alarmismo, ni excesos, aplicar el sentido común, el escepticismo y cuestionarse el porqué de lo que ocurre y qué herencia queremos dejar a las generaciones futuras.

El conocimiento no es algo con lo que se pueda jugar, ni se deba. Sé que son malos tiempos para la lírica -¿hubieron buenos?-, pero ¿qué hace la Biblioteca Nacional de España cediendo a una empresa privada la digitalización de sus fondos, por más dinero público que nos ahorre?

¿Qué ocurre con esos fondos que Google ha digitalizado en su base de datos? ¿Podría darse la paradoja de que sea gratis leer un ejemplar descatalogado del Quijote en la BNE y que Google me cobre por acceder al mismo? ¿No? Vaya, me deja más tranquilo, pero disculpe una curiosidad: ¿en qué bolita mágica vio usted eso?

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Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

4 Comentarios

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  • magnifico post, y muy bien explicado, yo particularmente, soy mas partidaria de leer el libro ficisamente, me gusta la lectura, pero por internet, como que no, parece que perdiara todo su encanto la lectura me relaja me envuelve, y me gusta leer en todos lados, en google, lo que busco es informacion, y si la encuentro en alguno de estos libros leo solo lo que busco y si me gusta, pues lo compro, asi sin mas, le lectura enriquece muchisimo, muy bueno, si señor, un abrazo. 😀
    .-= Último artículo del blog de mery… Mi primera portada fuera de Bitacoras =-.

    • @mery: Sí, mery, pero también hay que tener en cuenta que habrá que acostumbrarse al libro digital y cambiará la forma de acercarse a la lectura. No soy sospechoso: soy pro-libro. Un abrazo. 😀

      @Jose: La obra puede ser patrimonio de la humanidad, pero digo yo que tendrá que venir un señor a imprimirlo o a digitalizarlo para que puedas leerlo. Las obras descatalogadas son aquellas que, como su nombre indican, las editoriales no tienen interés en publicar, por la razón que sea. Luego, algunas se rescatan, por modas, etc. Si estoy equivocado en esto, por favor, alguien lo aclare, gracias. 😀

      @ac24: Exactamente. Si yo elijo qué existe, decido qué se sabe. Tal cual. 😀

  • Hola

    donde se ponga un libro en las manos que se quiten los chips, ahora lo que comentas es terrible,
    si se adueñan de la obra también lo hace de todo, hasta pueden impedir su publicación para que tengas que ir a para a ellos como monopolio
    pero ahora, me surge una inquietud, a partir de una serie de años ¿no pasa a ser la obra que sea, patrimonio de la humanidad?, si esto es así, no tienen ningún derecho sobre el saber, es más este está protegido para que podamos acceder a él libremente y fácilmente

    en resumidas cuentas, Viva la Cultura Libre,

    un abrazo
    .-= Último artículo del blog de Jose… Pedrusco en la puerta =-.

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