La sombra de Auschwitz es alargada

Imagen: germanhistorydocs.ghi-dc.org.

Sobre los llanos donde amor y llanto
y piedad se pudrieron con la lluvia,
clamaba, allá, un no dentro de nosotros,
un no a la muerte, muerta en Auschwitz,
para no repetir, desde aquel hoyo
de ceniza, la muerte.

Salvatore Quasimodo. Auschwitz.

Como contó Sebald en su Sobre la historia natural de la destrucción,en Alemania quedaron aquellos que perdieron la guerra y tuvieron que reconstruir el país. Y es que no han pasado tantas generaciones como para que los alemanes hayan conseguido desterrar las costras ideológicas sobre la xenofobia.

Tiene sentido: los gobernantes tienen una edad madura y son herederos de una reconstrucción larga y fructífera, que ha colocado a Alemania de nuevo en el trono del poderío europeo. Pero los alemanes y su rechazo a todo aquello que viene de fuera de sus fronteras los sitúa en una posición incómoda, de la que huyen despavoridos a la menor insinuación, como si esa carga moral los humillara.

Fue un ex ministro alemán de educación el que dijo que, en efecto, habían colocado a los hijos de la inmigración turca, que son unos tres millones, en clases con niños alemanes con problemas de retraso o fracaso escolar agudo.

Un hijo de un matrimonio entre un turco y una alemana, o viceversa, sólo tiene el derecho a elegir la nacionalidad alemana si esa familia llega a una tercera generación, que es la que puede optar a la nacionalidad -es decir, sus nietos, jamás ellos-. Y, llegados a ese punto, deben elegir si quieren la ciudadanía alemana o la turca. Por supuesto, los turcos que viven allí eligen en su mayoría pertenecer a su identidad nacional, con los que mantienen sus rasgos culturales, etc., por lo que siguen siendo extranjeros en el país que los vio nacer.

Los propios turcos que estudian en la universidad en Alemania reconocen que la población inmigrante que vive allí no es precisamente la herencia de la Turquía occidental. Es, más bien, el conservadurismo extremo de su país; la mano de obra que necesitó Alemania para reconstruirse, y que se niegan a relacionarse con los alemanes. Un  pequeño territorio dentro de otro.

En las noches, los jóvenes alemanes universitarios no se relacionan con sus homólogas mujeres nacidas en Turquía una vez éstas les reconocen su nacionalidad: las rehuyen como si llevaran la peste. Tal es la condición de turco en Alemania.

En los trabajos que no son el sector servicios -investigación en laboratorios, puestos de cierto reconocimiento en empresas de prestigio-, el rechazo es una parte cotidiana en el trato. Una mirada huidiza, un saludo mecánico y una gestualidad corporal que indica el desagrado de compartir oficina con una mujer u hombre nacidos en Turquía.

Cuando a X… le renuevan el visado, le preguntan:

-¿Y estás por trabajo o estudios?

-Estudios. Soy licenciada en ingeniería química, hago un doctorado y trabajo en una empresa farmacéutica como becaria de investigación en su laboratorio.

Ella, además, habla perfectamente turco, inglés y alemán.

-¿Pero luego te vuelves, no?

La funcionaria que le extendía el visado era una turca: hasta los propios turcos se extrañan de que una compatriota quiera quedarse en el país, no porque tenga que luchar contra la maquinaria burocrática alemana y la xenofobia democratizada del país. X… dice:

-Es porque para los propios turcos, de mentalidad ultraconservadora, que viven allí, representamos a un sector de la población turca que traiciona a su país. Nos formamos aquí, conseguimos títulos, trabajo, pero no nos quieren. Preferirían que nos fuéramos a vivir a sus barrios y fuéramos obreros como ellos, donde han creado colonias que los turcos que venimos de la parte occidental rechazamos porque no tienen nada que ver con la idea de una Turquía democrática y moderna. Son los que, por desgracia, generan ese rechazo de la UE en la anexión con Turquía.

Si giramos la vista a España, reconocemos brotes xenófobos en nuestros ciudadanos, aunque la voz ciudadana condena cada vez con más firmeza estos disparates. Pero cuando giramos la vista desde nuestro país de inmigrantes y emigrantes al trono europeo y vemos a Alemania con su poderío industrial y su influencia compartida en bicefalia con Francia, deberíamos preguntarnos:

-¿Es ese el modelo de país al que nosotros aspiramos o es la imagen idealizada de una reconstrucción económica que roza el milagro tras dos guerras mundiales en un mismo siglo?

Alemania sigue padeciendo la enfermedad de la xenofobia en sus dirigentes y en su aparato de estado, que no es sino el reflejo de unas pocas generaciones que mantuvieron idearios de otros tiempos. Entre ellos se impone el silencio sobre la Segunda Guerra Mundial y los campos de exterminio nazi, como si el hecho de no hablar de ello pudiera mitigar el daño que hicieron.

-Ve y insinúale a un alemán -dice X…- que si ese comportamiento con los turcos que estudian en las universidades o trabajan fuera del sector servicios o de la construcción es habitual. Se excusará durante minutos y minutos y parecerá avergonzado, porque no hay nada más que teman que ser cogidos en una falta de tacto y aún más si es relacionada con su turbio pasado. Que es el que fue, lo quieran negar o no.

La sombra de Auschwitz es alargada.

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Sobre el Autor

Julio

La idea de este blog nació de la pasión por escribir y compartir con otros mis ideas. Me interesa la escritura creativa y la literatura en general, pero también la web 2.0, la educación, la sexualidad... Mi intención, en definitiva, es dar rienda suelta a mis pasiones y conocer las de otros; las tuyas. ¡Un saludo!

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